El Segundo Informe de Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum ha recibido fuertes críticas por la opinión pública nacional. Ella, como era de esperarse, reaccionó con una combinación de enojo y frustración. Siendo claros, ¿qué esperaba de una opinión pública nacional crítica que no acepta su versión rosa de la situación nacional?
Según lo señala en el Informe Presidencial, el crecimiento de la inversión directa extranjera ha crecido exponencialmente, 'como nunca', dijo la presidenta. También ella observa que la reducción en homicidios dolosos es espectacular. Se ha eliminado la corrupción por completo y el país está unido como nunca lo había estado. La lucha más importante de México es la defensa de la soberanía y la independencia.
La 'austeridad' permite pagar los subsidios del Tren Maya (que avanza según lo programado) y del otro tren, el Interoceánico, también el subsidio de la Refinería Dos Bocas, de la línea aérea Mexicana, del AIFA y mantener a Pemex a flote, evitando la bancarrota. Y también permite la ampliación de los casi 43 millones beneficiarios de las tarjetas del Bienestar. Cerca de una tercera parte de la totalidad de la población nacional. ¡Bendita austeridad, que paga todo eso!
La descripción que ofreció la presidenta de la situación del sistema de salud es apabullante. Miles de pequeños dispensarios de medicinas serán abiertos en toda la nación para cumplir con la promesa de atención universal a todos los mexicanos. La educación es una garantía constitucional que se cumple a cabalidad, según el Informe Presidencial.
Y concluyó con un mensaje para los malquerientes de la 4T. Informó, con un fuerte tufo partidista, que 'el movimiento' está más unido que nunca. No existen, aseguró, divisiones internas ni ruptura. Están en paz y con la frente en alto comprometidos con la histórica encomienda que encara la 4T. De la unidad interna de Morena, la presidente dio un salto cuántico al sugerir que la unidad interna de Morena es igual a la unidad de todos los mexicanos en apoyo a su gobierno.
Sobre este último tema, el de la unidad, son destacables dos comentarios. Primero, sobre la unidad de su movimiento, fue comentado, entre propios y extraños, las ausencias de algunos de los clientes frecuentes a estos eventos. Notablemente se observó la ausencia de Andrés Manuel López Beltrán, el senador Adán Augusto López Hernández, el senador Enrique Inzunza Cázarez, el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, entre otros dirigentes nacionales, conocidos ampliamente dentro y fuera del territorio nacional. Sus ausencias, por ser relevantes, permiten inferir un asomo de división o fractura interna en Morena. Los rumores también sugieren lo mismo.
Por otro lado, y hablando de la unidad nacional, se notó que no habían sido invitados personajes de la oposición. Tampoco asistió la gobernadora de Chihuahua. Claro, el dato no es nuevo. Desde el sexenio de López Obrador, se dejó de creer en reuniones 'del Estado mexicano' para convertirlos en juntas de la administración pública federal, con algunos buenos amigos de los Poderes Legislativo y Judicial.
Es decir, los informes presidenciales (así, en minúsculas) se transformaron en citas de amigos para felicitarse los unos a los otros. Y con los empresarios invitados, para ver si les tocaba algo de presupuesto. Así que la unidad que tanto enfatizó la presidenta en su informe sobre el estado que guarda Morena no sólo no reunió los requisitos básicos de un Informe a la Nación, sino que se transformó en un ágape entre amigos.
Obviamente todo esto lo vio la nación. No es un secreto. Por tanto, la presidenta no tiene por qué molestarse con las críticas externadas por una ciudadanía que no era sujeto, ni objeto, de su reporte. Y mucho menos invitado.
Cabe resaltar que la reflexión de la sociedad sobre los dichos presidenciales recoge preocupaciones que el celebratorio morenista no tocó, ni por encima o que fueron deliberadamente ignoradas. El costo de vida sube rápidamente, y no hay bote económico de salvación a la vista, ante lo cual el reporte presidencial no ofreció alternativas creíbles.
Otro asunto crucial que lastima severamente a la sociedad es la persistencia de las denuncias de corrupción sobre la clase política gobernante. La corrupción es vista, hoy, como el fracaso número uno de los gobiernos de López Obrador y de Claudia Sheinbaum. Las pruebas del encubrimiento mutuo se pasean por las páginas y posts de todos los medios del país. El enriquecimiento inexplicable de la nueva clase gobernante morenista está a la vista y no se puede ocultar. Tanto la corrupción como el enriquecimiento de sus partidarios fueron ignorados por la presidenta en su discurso.
Mientras la presidenta explicaba su alegría por la aparente baja en las muertes dolosas, el coche-bomba en Zacatecas, entre los 36 bombazos durante la administración, desmiente cualquier versión de que la violencia, el cobro de piso y la expansión territorial del crimen están bajo control. Todas las encuestas reclaman seguridad, y la falta de ella, en México. El crimen organizado, junto con la corrupción, son los dos fracasos más destacados que reclama la sociedad al gobierno de Morena. Tampoco lo reconoció en su informe. Es más, al negarlo, lo justificó. La corrupción ligada al narcotráfico es el firmamento donde se asienta la narcopolítica de la 4T.
Asistieron los grandes empresarios de México al evento, con la mano extendida. ¡Qué lamentable presencia! Fue nota ver a Carlos Slim en amena charla con la Ministra Lenia Batres. Esa fotografía podría eventualmente convertirse en el poster simbolizando la próxima tragedia mexicana. El aislamiento internacional de México que ha promovido el régimen de la 4T contribuye a la sensación de que puede suceder cualquier cosa, y nadie en el mundo se enterará. México apoya a la dictadura nicaragüense: ¿qué más da? La opinión de la comunidad mundial nos hace lo que el viento a Juárez.
Los temas que la sociedad quería escuchar no estuvieron presentes. El problema de los desaparecidos no existe en el vocabulario presidencial. Mucho menos el crecimiento económico, ese elusivo diablo que no sabe aparecer cuando debe. La contracara al crecimiento económico, el huachicol fiscal, símbolo sin igual de la cultura de la corrupción en México, tampoco fue abordado por la presidenta. ¿Se le habrá olvidado el tema?
Al hablar de la unidad nacional, de la defensa de la soberanía y en contra de la intervención extranjera (sus inevitables temas de campaña electoral), hubiera aprovechado el momento para hacer un llamado histórico a la oposición para acordar un pacto ante las asechanzas nacionales. Pero no, no sólo no lo hizo, sino que tomó el momento para hablar sobre una ficticia unidad interna en Morena. Con ese comentario, anunció con prístina claridad quién es ella: es líder de una secta política, no de una nación. Y también dejó en claro que su mayor ambición es pasar a la historia no como la presidenta que unió a su país en una coyuntura crítica, sino como la líder queriendo unir las facciones de su partido y así ser amada por sus correligionarios, aunque no por los ciudadanos.
Este discurso fue la definición histórica del rumbo que guiará su sexenio, porque se emitió durante un momento de crisis nacional. Rechazó el diálogo con la oposición y reafirmó el cierre de filas en el campamento morenista, enfrentando acoso interno y externo.
El discurso de la presidenta fue de desafío a todo lo ajeno a Morena, reafirmando la protección a sus narcopolíticos como una 'política de Estado'. Pretende abordar la elección intermedia del 2027 como una situación de guerra fratricida: o ganan o desaparecen. Esa es su visión de la realidad política mexicana.
No existe para Morena ni para la presidenta el concepto de alternancia en el poder. Para ellos, la alternancia significa un golpe de Estado en su contra. Ese pensamiento de 'fin de siglo' implica que harán lo imposible por retener el poder, incluyendo un autogolpe de Estado, disfrazado de defensa de la soberanía.
La presidenta marcó su ruta con ese discurso. Para ella y partidarios su única ruta es obtener el poder total, sin mediaciones ni intermediarios. Se comporta como una tribu, no un partido político. En tanto tribu, considera paranoicamente que su existencia está amenazada al considerarse estar rodeada de enemigos internos y externos cuyo único interés es su extinción. Por ello, pone más y más reglas para tratar de evitar su eventual derrota.
El poder total que ansían Morena y la presidenta se llama absolutismo. Proponen un país donde sólo ellos puedan habitar. Gobiernan con autoritarismo y desprecio por los ciudadanos, sin aceptar que sus prácticas están enraizadas en un profundo miedo al futuro que les aguarda cuando llega la hora de rendir cuentas sobre su gestión de deshonra.
POR RICARDO PASCOE PIERCE
COLABORADOR
ricardopascoe@hotmail.com
@rpascoep
MAAZ
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