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Cielos azules para las infancias

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CIUDAD DE MÉXICO (apro).-En todas las grandes ciudades del mundo, el tráfico vehicular es una fuente relevante de contaminación que afecta la salud de las poblaciones. Existe un volumen considerable de evidencia científica que documenta el daño que representa para las infancias exponerse a las emisiones del tráfico. En particular, el bióxido de nitrógeno (NO2), un gas proveniente de los escapes de autos y camiones, afecta el desarrollo pulmonar infantil, lo que genera mayor riesgo de padecer enfermedades pulmonares crónicas y mortalidad prematura. En efecto, las infancias son particularmente vulnerables a la polución. El Informe del Estado del Aire Global estimó en 2023 que cerca de una tercera parte de todas las muertes infantiles en el mundo fueron causadas por la exposición a la contaminación atmosférica. Tales datos nos ayudan a entender el que cada 7 de septiembre se conmemore el Día Internacional del Aire Limpio por un Cielo Azul. La fecha, establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2019, tiene por objetivo crear conciencia sobre los impactos de la contaminación del aire. Un problema que se ha convertido en el segundo factor de riesgo de muerte prematura a escala global, sólo por debajo de la hipertensión arterial, otro asesino silencioso. Sin embargo, también hay datos esperanzadores. En particular, para la salud infantil expuesta a los gases del tráfico. Recientemente, se publicaron los resultados de un estudio realizado por 41 personas investigadoras de universidades británicas - entre las que se encuentran Oxford, Cambridge, el Imperial College, la University College London – que exhiben los beneficios de la creación de una Zona de Bajas Emisiones (ZBE). Dicha zona es un área urbana donde se restringe el uso de vehículos contaminantes, ya sea mediante cobros de acceso crecientes para aquellos que emiten más, o la prohibición de la circulación de aquellos que no sean eléctricos o híbridos. Las restricciones se aplican a todo tipo de vehículos: autos, taxis, motos, autobuses y vehículos de servicios, camionetas, camiones medianos y pesados de carga. El citado estudio comenzó en 2019, año en el que se estableció una ZBE en el centro de Londres, Reino Unido. Esta área se amplió en 2021 y 2023 para alcanzar una cobertura total de 1500 km2 donde habitan 9 millones de personas. Los investigadores centraron su atención en 3,414 niñas y niños de entre 6 y 9 años de edad, pertenecientes a 84 escuelas que estaban distribuidas en dos grupos: aquellas situadas dentro de la ZBE y las ubicadas en Luton, a 50 km fuera de dicha zona. Antes de que fueran establecidas las restricciones vehiculares, se midieron la exposición al aire contaminado y la función pulmonar en ambos grupos. Como se esperaba, se encontró que la exposición al citado gas NO2 era el doble en las infancias londinenses que en las ubicadas en Luton. Te puede interesar: Pemex rompe promesa de Sheinbaum: emisiones tóxicas suben 16% mientras niños enferman en Dos Bocas › A través de los años, se descubrió que esta exposición había causado en las infancias londinenses una reducción en la tasa de crecimiento de la función pulmonar en comparación con las de Luton. Los investigadores dieron seguimiento a ambos grupos de infantes entre 2019 y 2023 y descubrieron que en el conjunto de niños y niñas ubicados dentro de la ZBE se redujo la exposición al NO2 proveniente del tráfico vehicular y, al mismo tiempo, se recuperó su tasa de crecimiento de la función pulmonar. Es decir, después de sólo 4 años de implementación de la ZBE, se revirtió la tendencia de daño pulmonar ocasionada por el NO2 a tal punto que la tasa de crecimiento de la función pulmonar de las infancias londinenses se emparejó con la del grupo de Luton. Así, no sólo se redujo la proporción de infancias con función pulmonar limitada, sino que estos niños y niñas tendrán mejores oportunidades de disfrutar de buena salud en su adultez. Estos resultados son muy alentadores y contribuyen al creciente número de estudios que han documentado beneficios tangibles en la salud respiratoria y cardiovascular de personas adultas cuando se reduce su exposición al NO2 proveniente del tráfico vehicular. Medidas como las ZBE pueden ser controversiales y enfrentar mucha resistencia, pero estos hallazgos muestran que mejorar el bienestar de las infancias no es necesariamente un sueño para el futuro. Es posible reparar la salud de las generaciones actuales, en una etapa crucial de su desarrollo, pues en solo 4 años se observan los resultados que impactarán en el resto de sus vidas. En Europa hay actualmente 320 ZBE en operación, principalmente como una medida para mejorar la calidad del aire y reducir la exposición de la población urbana a la contaminación por el tráfico. El modelo es, sin duda, un ejemplo de éxito que puede ser replicado en las grandes ciudades con una planeación adecuada. Verónica Garibay, gerente de transporte y electromovilidad en Iniciativa Climática de México*
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