Muchas jóvenes creen que el feminismo ya ha cumplido buena parte de su misión. Y digo "creen" porque, durante su etapa formativa, estudian en aulas ... donde son mayoría, obtienen expedientes brillantes, acceden a carreras antes reservadas casi exclusivamente a los hombres y llegan al mercado laboral con preparación y también ambición. En la universidad, la igualdad parece un hecho. Sin embargo, al dar el salto a la empresa, esa percepción empieza a resquebrajarse. Porque se puede ser sobresaliente en el aula y, sin embargo, resultar invisible en la empresa.
Es entonces cuando muchas descubren que no siempre basta con estar igual de preparadas. Que avanzar puede resultar más lento. Que existen sesgos, expectativas diferentes y modelos de liderazgo construidos durante décadas sin contar con ellas. Que la conciliación sigue penalizando a las mujeres y que determinadas responsabilidades continúan asociándose, de forma consciente o inconsciente, a perfiles masculinos. La brecha no siempre aparece de golpe, ya que a veces se manifiesta en oportunidades que no llegan, en reuniones donde cuesta más ser escuchada o en promociones que se aplazan.
Por eso, el feminismo sigue siendo necesario. Las jóvenes no tienen que heredar una lucha planteada exactamente en los mismos términos que hace décadas, pero sí conocer el camino recorrido y ser conscientes de lo que queda por avanzar. Cada generación debe encontrar su propia manera de defender la igualdad. En este recorrido, las mujeres referentes son fundamentales. Es difícil imaginarse ocupando un lugar si nunca hemos visto a otra mujer hacerlo antes. Necesitamos poner nombre y rostro a científicas, empresarias, directivas, deportistas, creadoras y emprendedoras que han abierto camino.
Desde la Asociación de Empresarias, Directivas y Profesionales de Valencia (EVAP) trabajamos para ampliar ese imaginario. Iniciativas como Generación Jefas, que celebraremos el próximo 30 de septiembre, acercan a las jóvenes experiencias reales y conversaciones que también forman parte de su futuro, como la ambición y el liderazgo, pero también la salud mental, el autocuidado, la presión o el agotamiento. Y es que debemos aprender a liderar de forma más humana y consciente, porque avanzar no debería significar asumir modelos de éxito que nos obliguen a renunciar al bienestar.
Los Premios EVAP responden a esa misma voluntad de hacer visibles trayectorias que inspiran. En la XIX edición de estos galardones reconoceremos a Krista Walochik, Laura García, María Ángeles Marced y Vicky Sevilla, cuatro mujeres de generaciones y ámbitos distintos que representan la diversidad, la integridad, la profesionalidad y el talento joven. Sus historias muestran que el liderazgo de las mujeres está presente en la empresa, la tecnología, la gastronomía y los espacios de decisión, aunque no siempre reciba la visibilidad que merece.
Cada referente amplía el horizonte de quienes vienen detrás y demuestra que ese lugar también puede ser suyo. Sin embargo, la responsabilidad no puede recaer únicamente en las jóvenes ni en su capacidad para esforzarse o adaptarse. Las organizaciones deben revisar sus culturas, sus procesos de promoción, sus criterios de liderazgo y sus políticas de conciliación. La igualdad no se logra animando a las mujeres a llegar más lejos si las estructuras continúan dificultando su avance.
Las nuevas generaciones llegan mejor preparadas, con más conciencia sobre el bienestar y con una mirada distinta sobre el trabajo. Escucharlas es una gran oportunidad para construir empresas más diversas y justas. Pero, sin duda, para avanzar necesitan referentes, redes de apoyo y organizaciones dispuestas a cambiar.
Por todo ello, nuestra tarea es acompañar a todas las mujeres para que reconozcan las barreras sin normalizarlas, encuentren referentes que amplíen sus posibilidades y sepan que no tienen por qué recorrer solas el camino.
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