La industria del juego en México está a punto de dejar de ser un negocio de vistos buenos discrecionales para convertirse en un sector bajo la lupa financiera más estricta de su historia. La reforma a la Ley Federal de Juegos y Sorteos, que data de 1947, ha entrado en su etapa final y será sometida al Gabinete de Seguridad antes de llegar al Congreso. El mensaje de la secretaria Rosa Icela Rodríguez fue lapidario, con una frase fuerte: 'No corrompan al personal de la Secretaría de Gobernación, porque les voy a cerrar sus negocios'. Y no es para menos, en lo que va de la administración, se han cerrado entre 13 y 20 casinos por presuntos vínculos con lavado de dinero y defraudación fiscal, en operativos conjuntos con la FGR y la UIF.
Pero el verdadero golpe de timón no viene solo de las amenazas, sino de la tecnología y los números. Las nuevas Reglas de Carácter General publicadas por Hacienda, que entran en vigor el 30 de noviembre de 2026, incorporan tres herramientas que cambiarán las reglas del juego para siempre.
Primero, umbrales más bajos y acumulación de operaciones. Ya no se trata de reportar un depósito suelto. La autoridad exige acumular las operaciones en un periodo de hasta seis meses; el aviso a la UIF debe presentarse en el momento en que se alcance o supere el umbral, sin necesidad de agotar el periodo. Esto elimina el 'fraccionamiento' de operaciones para evadir la vigilancia, una práctica común en el sector. Además, se incorporan nuevos umbrales para operaciones relevantes en moneda nacional y extranjera, y se exige la identificación de operaciones inusuales sin importar el monto.
Segundo, identificación exhaustiva del beneficiario controlador. Las empresas de juegos y sorteos ahora tienen la obligación de escarbar hasta el último eslabón de sus clientes corporativos. Deberán identificar a accionistas, socios, fideicomitentes y dependientes económicos para saber quién está realmente detrás de las fichas que se apuestan. La figura del 'prestanombres' queda obsoleta. Esto implica revisar estructuras societarias completas, fideicomisos y personas morales, con especial atención a Personas Políticamente Expuestas (PEPs), quienes deberán ser sujetas a un proceso de debida diligencia reforzada.
Tercero, monitoreo automatizado en tiempo real. Los operadores ya no podrán argumentar que 'no sabían'. Se exigen sistemas automatizados para generar alertas internas, clasificar riesgos de clientes por nivel (bajo, medio, alto) y actualizar perfiles transaccionales. La supervisión será constante, no anual. Esto implica que los centros de apuestas deberán invertir en tecnología, capacitar a su personal y designar a un encargado de cumplimiento normativo que responda directamente ante la UIF.
Estos cambios no son caprichos locales. Responden a la presión del Grupo de Acción Financiero Internacional (GAFI) en el marco de la 5° Ronda de Evaluación Mutua, y se complementan con acciones conjuntas con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que ya ha sancionado a una red de casinos en Nuevo Laredo vinculada al Cártel del Noreste por inconsistencias entre ingresos declarados y movimientos de efectivo. La cooperación internacional es ahora diaria, no excepcional.
El sector ha reaccionado con inquietud. Los operadores tienen hasta noviembre para actualizar sus manuales de prevención, políticas de conocimiento del cliente y sistemas de monitoreo. El costo de cumplimiento será alto, pero el costo de no hacerlo es mayor, será el cierre definitivo del negocio y el procesamiento penal de sus responsables.
El cumplimiento financiero toma la mesa. Para los operadores, la apuesta ya no es contra la casa, sino contra el reloj. El juego, en México, comienza a jugarse con otras reglas. Y esta vez, la casa siempre gana.
Por Dr. Luis David Fernández Araya
Especialista en Prevención de Lavado de Dinero y Financiamiento al Terrorismo
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