El Gobierno se descompone, se deshilacha y se desmocha. Cada día acude a más mentiras para tapar más agujeros.
Cada día retuerce más el diccionario para mantener un relato imposible, cual es decir que nadie ni nada en el mundo supera su modélica gestión de danas, volcanes e invasiones a las mil maravillas.
A David Broncano, ese chico al que pagan un pastizal por preguntar a los españoles cuántas veces lo hacen a la semana y otros temas de sumo interés intelectual, se le ha escapado que debe ponerse manos a la obra para buscar trabajo, pues escuchó que las elecciones serán en marzo y no ve que sus contratadores estén en condiciones de defender la plaza.
Después de todo, Broncano es un chico listo que gana Premios Ondas sin despeinarse. Por eso lo que anuncia no es la fecha de las elecciones —que a lo mejor todavía cambian de mes—, sino su negativa a desgastarse en una misión imposible para remontar una batalla que da por perdida.
El propio PSOE debe ser el primer interesado en pagar cuanto antes los desmanes del sanchismo para recuperar cuanto antes la condición de partido digno de aspirar a formar gobierno, algo que hoy, pese a estar en él, no lo es.
Hablábamos hace unos días de que no podríamos pasar septiembre sin conocer la fecha electoral y el rumor apunta en esa dirección, aunque Page se resiste a creer que el presidente renuncie a agotar la legislatura como el niño agota los tubos de leche condensada, estrujándolos hasta arrancarles la última gota de su preciado contenido, o al menos así era en épocas mucho más precarias que las actuales.
Quien sí está dispuesto a acompañarle hasta que no quede ni rastro de dulce en el tubo es Javier Ruiz. Lo hará al frente de ese proyecto del sanchismo irredento al que llaman La Séptima, disfrazado de progresismo y donde ya se nos anuncia que habrá militancia hasta en las cartas de ajuste con la Internacional de fondo.
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