A esta isla no hay quien la entienda. Una abogada mallorquina contaba hace unos días que se le había acercado un constructor, pidiéndole el método para traer albañiles extrantajeros porque aquí en Mallorca no encontraba personal cualificado y nadie de la Península quería venir para acá. La solución era venir con visa de trabajo a la que solo pueden acceder chilenos, peruanos, familiares directos de extranjeros con papeles o familiares de españoles. Pero un albañil no es un puesto de difícil cobertura.La única manera de encontrar mano de obra está entre los que están regularizándose.
¿La causa? No hay vivienda asequible. Y los que la tienen que construir no están ni quieren venir. Ya no hay barcos repletos de forasteros con ganas de buscarse la vida en la Isla porque aquí no se vive, se malvive. Luego salen a la calle algunos diciendo que vienen demasiados extranjeros y estamos sufriendo una invasión. Pero los empresarios no encuentran trabajadores. Pero sufrimos una invasión, dicen los otros.
Pero no hay mano de obra. La locomotora balear está a punto de griparse. Las enfermeras no quieren venir a trabajar a las Islas, no hay profesores, ni hay gente que trabaje en el campo, no nos quedan mecánicos ni carpinteros. Los jóvenes de la Península alucinan cuando ven los precios baleares y prefieren quedarse en su provincia. Felicidades, tenemos una autonomía fallida. Pero no se olviden de sacar la bandera porque nos invaden.
Mientras tanto, en Manacor han descubierto una infravivienda donde vivían 30 personas de origen marroquí en apenas 100 metros cuadrados y pagaban unos 100 euros cada uno. No los queremos pero los necesitamos.
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