Cándido Marquesán Millán

La nostalgia del emigrante

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¿Cuáles son los sentimientos, las emociones, los traumas psicológicos, de los inmigrantes tras llegar a España? Ni que decir tiene que para la gran mayoría de la sociedad española esta cuestión no le preocupa en absoluto. Deberíamos ponernos en su lugar, ya que son seres humanos. Especialmente es la emoción de la nostalgia. Para responder a esta cuestión me serviré del libro de Eva Illouz, Modernidad explosiva. La palabra y la emoción nostalgia expresan la aflicción del inmigrante o del desplazado; añoranza del hogar, donde nostos es retorno a la tierra natal y algos es la palabra griega para sufrimiento. A pesar de sus raíces griegas, la palabra «nostalgia» no se originó en la antigua Grecia. La nostalgia es sólo pseudo-griega, o nostálgicamente griega. La palabra fue acuñada por el ambicioso estudiante suizo Johannes Hofer en su disertación médica en 1688, para nombrar una patología detectada en los mercenarios suizos que iban a luchar a Francia o Italia. Los síntomas eran extremos: desmayos, fiebre alta, indigestión y dolor de estómago. Supuestamente, incluso se podía morir por su causa. Eva Illouz para representar ese sentimiento de nostalgia en los inmigrantes recurre a algunos personajes, que tuvieron que salir de su propio país. Como el de Ágota Kristóf que luego se convertiría escritora y gran novelista. En noviembre de 1956, a los 21 años, tuvo que exiliarse de Hungría. Su marido había participado en la revolución contra el régimen prosoviético, pero la revuelta fue sofocada. No les quedaba otra opción que escaparse. Una noche, con su hija de cuatro meses, atravesó la frontera entre Hungría y Austria. 'A veces, proyectores y cohetes lo iluminan todo: oímos petardos, tiros. Luego regresan el silencio y la oscuridad'. Llegó a Austria y, luego, viajó a Suiza. Allí entró a trabajar en una fábrica de relojes. Sus compañeras eran agradables, le sonreían y le hablaban en francés: ella no entendía una palabra. Se levantaba a las cinco y media de la mañana, dejaba a su hija en la guardería, fichaba su tarjeta a las siete y durante 10 horas, bajo el ruido atronador de las máquinas, hacía movimientos mecánicos, volvía a fichar, buscaba al bebé, la acostaba, arreglaba la casa, lavaba los platos y, recién entonces, se sentaba con su libreta. 'Para escribir poemas, la fábrica está muy bien. El trabajo es monótono, se puede pensar en otras cosas y las máquinas tienen un ritmo regular que ayuda a contar los versos. En mi cajón tengo una hoja de papel y un lápiz. Cuando el poema toma forma, lo anoto. Por la noche, lo paso a limpio en una libreta'. Kristóf escribió: '¿Cómo habría sido mi vida si no hubiera dejado mi país? Más dura, más pobre, creo, pero también menos solitaria, menos desgarrada, tal vez más '. Continúa relatando cómo algunas de sus compañeras húngaras no soportaban la aburrida sensación de seguridad de Suiza. Algunas se suicidaron, otras optaron por regresar a Hungría prefiriendo una vida en prisión o una vida amenazada de muerte a una vida vivida con nostalgia. El gran intelectual palestino Edward Said también conoció el mismo dolor que Ágota Kristóf al abandonar su tierra. Sus reflexiones sobre el 'exilio' lo describe como una 'grieta imposible de cicatrizar' impuesta entre un ser humano y su lugar natal. Tiene una 'tristeza' que 'nunca se puede superar' porque 'arranca' a los seres del sustento de la tradición, la familia y la geografía; y además de su lengua, quizás el alimento más profundo de todos. Obviamente los casos mostrados por Eva Illouz pueden darnos una idea del sufrimiento, del dolor, de la nostalgia del inmigrante. Mas, también estos personajes con un amplio bagaje cultural, no representan a la mayoría de los africanos que llegan a nuestras costas en pateras, en cayucos o con otros medios en la última llegada a Ceuta. No hace falta hacer profundos estudios sociológicos para intuir la nostalgia de todos ellos. Abandonar tu tierra, tu familia, tus amigos, tu cultura, tu lengua tiene que generar un quebranto emocional inmenso. Si, además, aquí, algunos sufren todo tipo de discriminaciones: explotados en los trabajos, la inaccesibilidad a una vivienda digna, dificultades de adaptación de los hijos en el ámbito escolar, ese sentimiento de sufrimiento-nostalgia- se incrementa todavía más. Por si no fuera ya bastante, si además con la imposición de un discurso racista desde determinadas fuerzas políticas, a las que cada vez las apoyan más electoralmente, ese sufrimiento-nostalgia- tiene que alcanzar unos niveles que para muchos tienen que ser insoportable. La nostalgia no solo es efecto del desplazamiento, como acabo de mostrar. También es el resultado de cómo son acogidos en el nuevo país. En un estudio comparativo sobre Nueva York, Barcelona y Paris, el sociólogo de origen mejicano y profesor de la American University, en Washington, Ernesto Castañeda ha sugerido que los inmigrantes tienen diferentes sentimientos de pertenencia o extranjería según la disposición espacial y la política de la ciudad donde viven. El factor más importante es la economía, es decir, la necesidad de los inmigrantes para su economía. Cuanto más necesarios sean, más probable es que se sientan como en casa. Y cuanto más se reconozca su presencia cultural, con desfiles anuales y centros culturales, más se sienten en casa. Castañeda señala: 'Las tasas de empleo, la participación política, la posibilidad de participar en actividades culturales, el estatus legal y las relaciones con personas de diversos orígenes se combinan para integrar a los inmigrantes. Para estos, el sentimiento de pertenencia es un indicador de las políticas que se esfuerzan por crear un entorno acogedor que maximice la contribución de los inmigrantes a sus nuevas ciudades'. Según Castañeda, los inmigrantes se sienten mucho más a gusto en Nueva York que en Barcelona, y más a gusto en Barcelona que en Paris. La capital francesa es la ciudad donde los inmigrantes encuentran más dificultades para sentirse como en casa, como consecuencia la cultura republicana homogénea fomentada por Francia. Y su sentimiento de extrañeza y de inadaptación no mejora con la segunda generación. Lo explica muy bien el libro La doble ausencia: De las ilusiones del emigrado, a los padecimientos del inmigrado, el testamento científico del sociólogo franco-argelino Abdelmalek Sayad, fallecido en 1998. El título se explica por la doble paradoja de la condición de los inmigrantes en Francia, en contraste entre las ilusiones de quien emprende el viaje y la frustración, con sus correspondientes padecimientos, de quien está asentado en otro país: a caballo entre dos sociedades, y se sienten que no pertenecen finalmente a ninguna. De ahí la doble ausencia. Hay una canción de un cantautor cabileño y narrador de la emigración, Sliman Azzem, que refleja muy bien esa doble ausencia, titulada Las tres edades de la emigración: 'Mi corazón, sin embargo, reflexiona/ si debe quedarse o irse/ si debe irse o quedarse/ ni se ha ido ni se ha quedado/ ni se ha quedado ni se ha ido/ su enfermedad se ha hecho crónica/ Y su vida, desdichada, pende de un hilo/'.
La nostalgia del emigrante
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