Lo primero sería identificar, con la ayuda de nuestra gloriosa Armada Nacional y el apoyo del Ministerio de Ambiente, los lugares mejor poblados de tiburones voraces, pero bien voraces, de manera que a nadie se le vaya a ocurrir una nadadita nocturna para escapar. Lo segundo es identificar muy bien a esa población carcelaria que debe ser trasladada al buque prisión, empezando con lo dicho por el Presidente referido a los jefes más peligrosos y tenebrosos de bandas criminales. A ellos yo agregaría dos categorías adicionales. Una, la de los ladrones de cuello blanco que se roban los desayunos de los niños. Nuestro sistema penal tiene una distorsión y es que parece premiar a corruptos de cuello blanco, seres codiciosos y despreciables que se valen de sus posiciones privilegiadas para arrebatar el dinero que debe gastarse en la compra de la alimentación de esas criaturitas que literalmente aguantan hambre si no reciben sus raciones. A esos de cuello blanco, en vez de confortables habitaciones en centros especiales de reclusión, habría que ubicarlos en camarotes-calabozo a babor con un escritorio austero y un esfero tipo kilométrico para que en hojas de reciclaje hagan dos horas diarias de planas de caligrafía con la leyenda 'los niños tienen hambre y yo no me vuelvo a robar la plata de sus alimento', de manera que si no se logra salvar su alma a punta de arrepentimiento profundo, penitencia y propósito de enmienda, por lo menos mejoren la letra para escribir su defensa el día del juicio final. Y yo mandaría también unos cuantos violadores de menores a los camarotes-calabozo a estribor, bien lejos de cualquier escuela, de cualquier colegio y de cualquier parque. * * * * Las experiencias en otros países del The Boat-Vernon C. Bain Correctional Center, del HMS Jersey o del Success, entre otros, son agridulces, pero dejan algo en claro: la idea no es descabellada, y aunque hay errores que no se pueden volver a cometer, los aprendizajes permitirían un buen desarrollo dentro del marco de la constitución de buques prisión, respetuosos de la dignidad humana pero infranqueables, aleccionadores y ejemplarizantes. * * * * A mí en realidad me gusta la idea del presidente Abelardo De La Espriella orientada a recluir en buques prisión a algunos convictos que por sus condiciones especiales de peligrosidad, naturaleza de los delitos o reincidencia criminal pongan en peligro el sistema penitenciario y a toda la ciudadanía. El sistema carcelario en Colombia hoy es objeto de burlas, vehículo de impunidad, escuela de delincuencia y foco de corrupción. Aunque en el Inpec hay también gente decente, a lo largo de los años hemos visto en las cárceles rumbas desaforadas, licor por garrafas y toneles, estupefacientes por doquier, prostitución, bacanales, orquestas, cantantes, tráfico de favores y privilegios, mafias, homicidios, apuñalamientos, armas, celulares, extorsión, ejecuciones, violaciones... en fin. Por eso, la idea de los buques prisión es buena. Y por eso también sería buena idea, guardando la debida prudencia medioambiental, revivir alguna isla prisión o diseñar colonias agrícolas penales donde los reclusos puedan, además, realizar actividades productivas para que contribuyan a generar ingresos orientados a cubrir los inmensos costos que acarrea el sistema carcelario a los bolsillos públicos. En todo caso, el país tiene que hacer un revolcón en las cárceles y las URI, habilitar cupos, enfrentar el hacinamiento, convertirlas en lugares de resocialización y no en posgrados y maestrías en todo tipo de delitos y garantizar, efectivamente, que no sigamos de mal en peor en esta asignatura nacional tantas veces reprobada, tantas veces perdida. * * * * ¡Que alisten ya el primer buque prisión! ¡Y que zarpe pronto! ¡Y que los tiburones encuentren atractivos ecosistemas en sus proximidades para que los pasajeros del barco se puedan deleitar todas las mañanas con sus hermosas aletas en el azul paisaje que les espera! JUAN LOZANO (Lea todas las columnas de Juan Lozano en EL TIEMPO aquí)
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