Los catalanes tenemos una amarga memoria reciente sobre la eficacia política de ocupar las calles para manifestar nuestros anhelos nacionales. Una década entera de movilizaciones ocupando hectáreas de plazas, calles, carreteras y autopistas desembocó en el peaje de la represión, judicial y policial, por parte de los aparatos del Estado. Ahora que se avista un cierre de ciclo con la aplicación, de mala gana, de la ley de Amnistía, Ceuta provoca nuevas movilizaciones nacionalistas alimentadas por PP y Vox, que todavía no se acercan a la tabla de récords (manifestantes y hectáreas) del procés, pero que ya prometen.
Lo más interesante es observar las declaraciones espontáneas de los manifestantes. De entrada, su defensa a ultranza de la españolidad de Ceuta tiene una implicación sorprendente: tras años sosteniendo que el nacionalismo era una tara propia de catalanes y vascos, ahora resulta que el nacionalismo español existe. En cuanto a las banderas, destaca la uniformidad. Si en el procés convivían cuatribarradas con esteladas azules, amarillas, arco iris e incluso negras de santa Eulàlia, ahora todas son rojigualdas, con algún esporádico aguilucho. Con respecto a los eslóganes coreados, sorprende que el principal no vitoree a nadie, sino que se limite a denigrar laboralmente a la madre de Pedro Sánchez. Más interesantes aún son las francas expresiones de los manifestantes más reflexivos. Son muchos los que confiesan que la política no les interesa y que van a las manifestaciones por patriotismo.
Ahora resulta que el nacionalismo español existe; no era una tara catalana y vasca
Una prueba más de la profundidad de aquella paradójica frase atribuida a Franco. En teoría, el dictador que concentraba todo el poder político del régimen fascista le habría dicho a Jesús Fueyo, un intelectual que fue alto cargo franquista: ' Fueyo, usted haga como yo, no se meta en política'.
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Màrius Serra
La antipolítica en boca de los gobernantes es un ejemplo de sumo cinismo. Ese 'no se meta en política' podría traducirse como 'no se meta con mis acciones políticas'. Hacer política no equivale a ser de un partido político. Cualquier pequeña acción que hacemos cada día es un hecho político, también esta columna, y rehuirlo es esconder la cabeza bajo el ala.
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