Una jornada más. Un punto más. Y, siendo sinceros, sabe a muy poco. Sobre todo porque el partido se presentaba como una oportunidad clara ante un rival que, por potencial y por objetivos, no pertenece al grupo de aspirantes al ascenso. La diferencia entre ambos equipos era tan evidente que bastaba mirar las alineaciones: el Mallorca de Luis García con ocho jugadores de Primera División y uno de la Serie A, frente a un Eldense con ocho futbolistas procedentes de Primera Federación que ascendieron con Claudio Barragán. Dos categorías de distancia. Dos mundos. El Mallorca salió decidido, sin especular. Generó ocho remates, cuatro a puerta, pero se estrelló contra Ramón Vila y contra el poste en el penalti fallado por Álex Sala, acción que habría cambiado el guion del partido. Darder y Sala llevaron el peso del juego, pero faltó colmillo arriba y, sobre todo, profundidad por las bandas, con un Luvumbo prácticamente desaparecido. El Eldense, limitado pero disciplinado, se agarró al partido como pudo y convirtió cada saque de esquina al primer palo en un tormento para Arnau Tenas y su defensa. El empate deja sensaciones opuestas. Para el Eldense, haber sobrevivido ante uno de los gigantes de la categoría es casi un triunfo moral. Para el Mallorca, en cambio, queda la amarga impresión de haber dejado escapar una ocasión de oro, porque el partido estaba para más. Y rivales de este perfil quedan unos cuantos: el siguiente, probablemente el Sabadell, otro recién ascendido. La pregunta es clara: ¿Seguirá Son Moix siendo ese fortín inexpugnable donde no se regala ni un punto? Si la respuesta es sí, quizá lo de ayer se vea con otros ojos. Pero hoy, tal como quedó el partido, el empate resulta insuficiente.
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