En torno al Estadio de Vallecas y al Rayo Vallecano se están cruzando desde hace años un montón de situaciones que nos hablan el momento de la ciudad de Madrid. En este final del verano, con la imposibilidad de jugar en el estadio, las protestas de los aficionados, la intervención de la Comunidad de Madrid, la fuerte presencia mediática y las dificultades para la directiva, se sintetiza la lucha porque es abierta, descarnada.
Hay de fondo una lucha por el valor que van a tener los viejos y nuevos barrios en una metrópoli que va caminando con paso firme hacia los 10 millones de habitantes. Viejos barrios que adquieren nuevos sentidos en una ciudad en transformación y crecimiento. En ese sentido, Vallecas, por su fuerte identidad, estructura social y el Rayo Vallecano como punto de lanza, guarda un especial simbolismo.
En concreto, la ubicación de su estadio y masa social histórica le sitúa en el medio de un sándwich. Una rebanada que viene subiendo desde Pacífico –en forma de la expansión de los efectos gentrificadores por la ampliación del centro y que puede verse en el papel de frontera que todavía tiene Puente de Vallecas– y otra rebanada a sus espaldas. El este y, especialmente, el sureste de Madrid constituye actualmente uno de los mayores frentes de expansión urbana y construcción residencial de Europa, con grandes desarrollos como El Cañaveral, Los Berrocales, Los Ahijones, Los Cerros y Valdecarros.
Ante estos dos movimientos urbanos, del capital, demográficos, surgen las preguntas: ¿qué hacer con el estadio? ¿Qué papel tendrá el Rayo Vallecano? ¿Y hacia donde evolucionará Vallecas, empezando por Puente de Vallecas? En este momento, en la disputa, entre la directiva del club y la comunidad de Madrid parecen atisbarse dos modelos. Los buscavidas, promotores lumpen, rollo Martín presa, que quieren aprovechar para hacer en la extensión del sureste el negocio de sus vidas. Ecos de los Jesús Gil, Ruíz-Mateos, España cañí y especulación con terrenos cómo en el tardofranquismo o los noventa e inicios de los dos mil. Por otra parte, el proyecto que parece apuntar el PP de Madrid. Ofrecer la experiencia del Madrid de barrio como otro producto del Madrid DF, cerca del centro y lo pintoresco de los viejos barrios obreros. Para pasar a hacer del estadio de Vallecas un WIZink center o similar, gestionado por alguna empresa privada, algún fondo que ponga la pasta. Ven a ver al rayito como si fueras de barrio, vente de concierto, etc. Por supuesto, intentando separar al rayo de una parte de su identidad histórica, de aquella que pueda ser más molesta por excesivamente proletaria o contestaria.
El PP madrileño lleva tiempo detrás de esto. Le permite una ampliación de su modelo, gestión de una empresa privada, diversificar la ciudad espectáculo, y mandar una señal hegemónica inconfudible. Si hacemos esto con Vallekas, ¿qué no hacemos y podemos hacer con el resto? Una de las cosas que hizo Ayuso en Estados Unidos fue esto: intentar vender el estadio y al Rayo Vallecano. Ahora, ya enfrentándose a Presa y aprovechando la inmunda, ineficaz, desastrosa, cutre, gestión de este cobarde y siniestro presidente, han visto la oportunidad de ejecutarlo y encima en año electoral. La aparición del consejero de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid, Mariano de Paco, aparece en este contexto. La intervención sobre el maltrecho estadio (que podría haberse producido muchísimo antes) y la presencia mediática frente a Martín Presa dejan a este en una todavía más difícil situación.
¿Dónde queda el aficionado y el vecino del barrio? Estos han mostrado sobradas señales de furioso enfado con la gestión de Martín Presa y un deseo de que el estadio permanezca en su ubicación actual. Este se entiende como patrimonio del barrio, de la memoria colectiva, elemento de identidad, y no por ello quiere decir que quieren que se quede tal y como está. Los vecinos han visto como se ha ido dejando morir el estadio, como tantos recursos y servicios públicos del barrio: la situación de los centros de salud del distrito, la tardanza en la apertura de la piscina de Vallecas, el ya largo cierre del Centro deportivo municipal Ángel Nieto, la escasez de servicios de limpieza y cuidado de zonas verdes –que es especialmente sangrante cuando se ve el agravio comparativo cuando se pasea por otras zonas de la ciudad– y podríamos seguir. Junto al enfado ya presente, desde que es conocida la voluntad de Martín Presa de sacar el estadio fuera de Vallecas, se produce ya una irreconciliable disonancia con la directiva. La cual no ha podido salvar ni la más memorable temporada de la historia del club.
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