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Canarias, más allá del diagnóstico europeo

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Canarias no necesita que Bruselas le descubra sus problemas, pero sí debe escuchar con atención sus advertencias. El último informe de la Comisión Europea sobre España pone sobre la mesa una cuestión ya conocida. La economía de las Islas necesita elevar su productividad, mejorar sus niveles de innovación y avanzar hacia una estructura económica diversificada. Lo relevante no es tanto el diagnóstico como que Bruselas reúne todas esas debilidades en una misma lectura. La advertencia europea debe ser atendida. Pero tampoco debe interpretarse como una descalificación a la trayectoria económica y social del Archipiélago. Canarias tiene problemas estructurales que no puede ignorar. La productividad continúa entre las más bajas de la UE, la inversión privada en investigación y desarrollo es insuficiente, la economía mantiene una elevada dependencia de la actividad turística y hay dificultades importantes con la vivienda, la educación o la energía. Canarias parte de unas condiciones de desventaja que no tienen otras regiones, pero tampoco pueden convertirse en una explicación suficiente a todos sus problemas. Es cierto que el Archipiélago no puede analizarse como si fuera un territorio continental. Su fragmentación, su distancia de los grandes centros de producción, su reducido mercado interior y los sobrecostes de transporte, energía y abastecimiento condicionan su desarrollo. Son factores estructurales que Europa debe seguir compensando, pero también obligan a Canarias a acelerar su transformación. Conviene precisar cuál ha sido el objetivo de las políticas comunitarias destinadas a Canarias. No han tenido como finalidad principal diversificar su economía, sino compensar las desventajas de la ultraperificidad, mejorar la calidad de vida de la población y favorecer la actividad empresarial. Juzgar esos fondos y ventajas como si hubieran tenido otro propósito lleva a una conclusión equivocada sobre el papel que Europa ha desempeñado en las Islas. Basta con observar la transformación experimentada. El cambio ha sido enorme. Canarias ha pasado de ser una sociedad con graves carencias a disponer de infraestructuras de calidad, servicios públicos modernos y un tejido empresarial más sólido. Canarias cuenta hoy con sectores consolidados como el turismo, la logística portuaria, la industria agroalimentaria, la navegación aérea o la economía del conocimiento, y ha abierto nuevas vías en ámbitos como la ciencia marina, la biotecnología, las energías renovables, los microchips o la industria aeroespacial. Sus hospitales realizan trasplantes de corazón o pulmón. Nada de esto hubiera sido posible sin el apoyo europeo y una gestión razonablemente eficaz de los fondos y las ventajas fiscales. Reconocer esta transformación no significa negar los problemas. La diversificación no tiene por qué plantearse como una batalla contra el turismo. El turismo puede ser la locomotora desde la que se impulse una economía más sofisticada. Es una actividad en la que el capital isleño gana presencia, abierta a las nuevas tecnologías y capaz de generar oportunidades en inteligencia artificial, gestión de datos, sostenibilidad, salud, cultura, movilidad o servicios digitales. La cuestión no es sustituir el turismo, sino aprovechar mejor su capacidad de arrastre. No se trata de atraer más visitantes, sino de generar más valor alrededor de ellos y conseguir que una parte creciente del beneficio se quede en Canarias en forma de negocios, conocimiento, tecnología y empleo cualificado. La formación, la investigación y la relación entre universidades, centros tecnológicos y empresas deben mejorar para que el Archipiélago genere y retenga talento. La falta de vivienda se ha convertido en otro lastre. Una economía que crea empleo y atrae población, pero no ofrece casas a precios razonables, hipoteca su futuro. La dificultad para construir un hogar afecta a las familias, pero también a las empresas, que encuentran problemas para captar trabajadores cualificados. La UE no puede dejar de compensar las desventajas de la ultraperificidad. Pero el Archipiélago debe intensificar su apuesta por la productividad y emplear el conocimiento para construir una economía que genere mayor renta. Canarias no debe elegir entre su principal fortaleza y su transformación económica. Debe lograr que una impulse a la otra.
Canarias, más allá del diagnóstico europeo
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