Un artista porteño concibió la primera misión espacial argentina en 1987, tres décadas antes de la fantasía de Mauricio Macri que Horacio Verbitsky resignificó desde El Cohete a la Luna. ¿Cómo no recordarlo? Miguel Zavaleta, fallecido en estos días, al igual que Ruben Rada, embaldosó la senda por la que una generación correría a salir de la dictadura en busca de una forma de vida cuyo nombre, democracia, le era desconocida.
Por entonces, al igual que los militares, también se batía en retirada una concepción pacata de la vida, tan parecida a una pose que los pibes la llamaban careta. Sin embargo, a esa juventud crítica también le costaba desprenderse de algunas formalidades. Así, incurría en contradicciones, como la intolerancia a lo nuevo, tan notorias que quedaron registradas en la prensa especializada de la época (desde las páginas de Gloria Guerrero, en Humor, a las columnas de Miguel Grinberg y Pipo Lernoud en Cantarock).
Así como la guerra de Malvinas había forzado la prohibición de difundir canciones en inglés–lo que favoreció al rock argentino–, el llamado a elecciones propició que las juventudes políticas exigieran a los rockeros una propuesta programática. Los músicos arrugaban el mentón en gesto de '¿y eso qué es?'
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