@OttoJansen
La primera reacción que puede tener uno, poco conocedor de los intríngulis comerciales de la industria, al 'gran acuerdo petrolero' anunciado por el presidente Trump y ratificado por el interinato de los Rodríguez, representación del régimen chavista es, además, de seguir con atención a los especialistas, tratar de hurgar también en los textos a la mano que puedan orientarnos en los marcos, contextos y ejemplos históricos de este tipo de operaciones en circunstancias políticas y geopolíticas particulares.
La comprobación somera sin embargo es que el caso venezolano, en la historia moderna, puede tener semejanzas lejanas, pero es totalmente distinto. En este escenario en que Estados Unidos después del 3E tutela la estructura revolucionaria, nos encontramos en los terrenos de la realpolitik , donde los saltos son gigantescos (no en balde andamos en la era de la inteligencia artificial) ante cualquier aplicación ética, moral y legal; intuido siempre, pero con la esperanza que se impusiera el pensamiento de justicia. Este es el marco del acuerdo petrolero, cuyo desarrollo solo nos deja a los ciudadanos de a pie los bagazos de los rumores, hilachas de narrativas; las sombras de lo que se ve en las paredes de la opinión pública, como describió Platón en el mito de la Caverna, cuando se confunde lo real con lo irreal. Parece comenzar así otro momento de conmoción negativa para el país que será asimilado, no nos queda la menor duda, como los otros tantos padecimientos nacionales que han incluido como último los terremotos de junio y sus trágicas secuelas.
Ahora, más allá de la disposición de luchas de la gente y del movimiento político de transformación que se anida con mayor fortaleza cada día, lo cierto es que la trama de lo que se ha dicho y de lo que no, en relación a la cesión de las reservas probadas de petróleo que se entregarán, trae costuras significativas que es imperativo tener presentes -más que redundantes decirlas- para los esfuerzos democráticos del país. Una de esos esquemas rotos y que debe dársele orden corresponde a la propia convicción democrática y de actuación en correspondencia. Durante años, antes de que el chavismo asumiera el poder, la jerga revolucionaria cargó contra los intereses imperialistas, contra el capitalismo, contra la dinámica natural de comercialización de las materias primas con EE UU. La llegada al gobierno del socialismo del siglo XXI, si bien no hizo nada ante un socio comercial que pagaba casi al contado la producción petrolera, nunca dejó de llenarse la boca atacando a los gringos. Toda la nomenclatura chavista lo hizo, desde el comandante muerto, hasta Nicolás que retó al Estado norteamericano hasta que estos se los llevaron. Pero si esto fue de este modo para la revolución que ahora defiende el 'regalo' del control de la producción del petróleo (tal como lo dijo Trump) a los de por vida cuestionados yanquis. En la esfera de los factores democráticos, específicamente aquellos más acertados frente a la naturaleza totalitaria de la revolución bonita, con la tesis que la intervención norteamericana, considerado así incluso personalmente, iba a zanjar el asunto del terrorismo, la criminalidad internacional y la recuperación del Estado de derecho, anhelo de la inmensa mayoría de los venezolanos. Pues bien, en este instante para efectos del ideal libertario, la revisión de la ayuda de Trump, en lo que significan sus exclusivos juegos políticos para su país (legítimos a sus efectos) pero en contraposición y desestimando la urgencia de los derechos (que esperábamos se cumpliera con rapidez en la sociedad azotada por el autoritarismo), toca destacar con mayor nitidez las diferencias y los intereses particulares con el aliado en la estrategia de otorgarnos la democracia.
El realismo político es para todos
El acuerdo petrolero que marcha a ritmo inusitado como todo los que se propuesto el Gobierno estadounidense, siendo materia económica, es tema de completa implicación y trascendencia política. Se convierte, para los venezolanos, en desafío importante en cuanto a valorar el tratamiento correspondiente sin arrastrar las primitivas y chantajistas argumentaciones ideológicas (esa de la mitología revolucionaria) ni dejar que se extravíe la racionalidad política y jurídica que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la convicción democrática y de la libertad, de parte el pueblo venezolano, le otorga ventajas a favor.
Sin embargo, tal como se está viendo en las explicaciones públicas hasta el momento, el acuerdo desconocido en sus detalles, presenta un 'espinero' de marca mayor en el que la prioridad es el control a como dé lugar (sin importar la presencia de los bandidos), cuando se ha manejado a trompicones, lentitud y sin revisión especial los puntos de la transición, los derechos y el cronograma electoral. La gente advierte que el régimen vuelve, en medio de sus estertores, a ganar tiempo y que al tutelaje viene exhibiendo la tentación de seguir apuntando a la cabeza de la cúpula chavista pero ajeno a la libertad y al bienestar concreto que aspira la nación. La entrevista al secretario de Estado, Marco Rubio, reconocido aliado fundamental de la lucha democrática en Venezuela, con el periodista Sergio Novelli, el pasado 1 de septiembre, mostró un orden en la justificación y razonamiento de la administración Trump: intentó aliviar la preocupación e irritación nacional de Venezuela sobre la operación. Pero deja al descubierto el detalle de repetir como suya el cuento chavista y sus aliados de la elite nacional que nunca han acompañado el sentimiento de transformación. Repite la narrativa sobre un posible enfrentamiento entre la población si se establece con rapidez la fecha de las elecciones. Esto nunca ha sido así y hoy más que nunca los ciudadanos por absoluta mayoría enfrentan y están hartos del chavismo que quiere la aplicación del derecho cuando se trata de ellos y desboca la maldad, la represión y el ensañamiento cuando de la población se trata.
La libertad es inevitable, no puede haber una democracia 'conveniente' a algún poder, por muy amigo que sea, que impida que los derechos sean del pueblo y para el pueblo. Sin estridencias ideológicas, ni torpezas en la estrategia política la lucha se mantiene por sobre cualquier pretensión o sentir adverso. Como lo ratificara con soltura y determinación María Corina Machado en su mensaje.
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