El huachicol no empieza en el ducto ni termina cuando el combustible cruza una garita, llega a una terminal ferroviaria o se descarga de un buque. El verdadero desafío está en la red que permite que un producto ilícito entre a la economía formal y circule como si fuera legal. Esa red no es casual ni improvisada: implica complicidades, facturación falsa, lavado de activos y un entramado logístico que opera a plena luz del día. Eso es lo que comenzamos a revelar: la ruta del huachicol.
El llamado huachicol fiscal representa una evolución del mercado criminal: importaciones irregulares, empresas fantasma para triangular operaciones, agentes aduanales que facilitan el paso, infraestructura de almacenamiento y transporte, y mecanismos financieros que ocultan el origen y destino de los recursos. En la FGR, nuestro análisis muestra un ciclo completo que va de la sustracción o importación ilegal al procesamiento, transporte, distribución y comercialización final. Cada etapa tiene sus propios actores y su propia huella, y solo desentrañándola por completo se puede atacar la raíz del problema.
El ciclo del mercado ilícito de hidrocarburos cuenta con cinco momentos. Sustracción: en ductos, que es difícil de detectar por la complejidad de la red y la participación de grupos con amplia base social, y robo en pozos provocado por deficiencias en vigilancia y falta de controles volumétricos. Procesamiento: en centros ilegales, incluye la exportación ilegal a Estados Unidos de Norteamérica. Importación o huachicol fiscal: que es el contrabando de hidrocarburos a través de aduanas terrestres y marítimas, evadiendo el pago de impuestos. Logística: con la contratación de empresas que transportan el hidrocarburo. Finalmente, la distribución: que tiene como destino las gasolineras y otros puntos de venta.
Los casos investigados dimensionan la magnitud del fenómeno, que nos permitió establecer dos modos de operación: a través de sociedades dedicadas a la importación, servicios aduanales, logística ferroviaria y distribución mayorista; así como el uso de estructuras vinculadas con puertos, aduanas y servidores públicos para facilitar el contrabando de hidrocarburos.
El huachicol fiscal es un fenómeno de integración de redes, y las redes no se combaten persiguiendo solo al último eslabón —el que roba la pipa o el que vende en la esquina—, sino identificando quién importa el hidrocarburo al país, quién lo documenta, quién lo transporta, quién lo distribuye, quién financia y, sobre todo, quién obtiene el beneficio final.
Los avances logrados son resultado de la transformación en la investigación que hemos emprendido: más análisis de datos, mayor coordinación entre áreas, inteligencia financiera aplicada, trabajo pericial de alto nivel y un personal profesional y comprometido.
Porque desarticular cada red criminal es fortalecer la justicia, proteger el Estado de Derecho y construir las condiciones de paz y estabilidad que México tanto necesita en estos tiempos vertiginosos, nuestra responsabilidad es muy clara: en la FGR, eficiencia, eficacia y legalidad, con autonomía plena, sin injerencias políticas ni parcialidad.
Es nuestro propósito central, nuestra ruta, y no la vamos a abandonar.
Fiscal general de la República
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