AN

Ana Zafra

Ana Zafra: Fundido a negro

Image
Bueno, pues ya estamos de vuelta. Diría que todos, pero sería olvidar 5.000 fallecidos atribuibles al exceso de calor, 228 muertos en accidentes de ... tráfico, 10 mujeres a quienes sus parejas no dejaron acabar el verano y más de 100 emigrantes que el mar se tragó los últimos días de julio. Aparte de eso, todo bien. Bronceados, cansados, disfrutados y engordados, como cada verano. Bueno, no igual. Este verano ha sido especial. Ha estado lleno de eclipses. Y no me refiero, solo, a ese fenómeno galáctico durante el cual un objeto celeste –llámese luna– consiguió tapar otro cuerpo celestial –llámese sol– cuatrocientas veces más grande, sumiéndonos en tinieblas y travistiendo día y noche que, durante casi dos minutos, ni noche ni día fueron. Como «hay más cosas en el cielo y la tierra de las que sueña tu filosofía», que decía Hamlet a su amigo Horacio, servidora se plantó las gafas protectoras, de cartón auténtico y plástico sintético, y no se las ha quitado en todo el verano. Será por eso que he podido apreciar cómo tantas pequeñeces –físicas y mentales– son capaces de ocultar grandes miserias y cuán fáciles son de esparcir sombras con palabras minúsculas cuatrocientas veces más dañinas que los conceptos que tapan. Cosas nimias, como una chispa abrasando miles de hectáreas que esconde, cada verano, la enorme ineptitud de las instituciones que olvidan que prevenir resulta más barato y menos doloroso que apagar. O tiempos cortos, como los dos días que eclipsaron Ceuta, nublando todo el verano. Bulos avaros prometiendo que una línea –delgada, imperceptible– taparía la desesperación de quienes no encuentran paz ni pan en su tierra. Etérea incertidumbre cubriendo de caos al pueblo ceutí. La política con minúsculas, no la Política que se supone que cuida de la polis y sus ciudadanos sino la raquítica y egoísta, enmascarando aquellas grandes ideas para las que fue inventada. El juego pueril de un gobierno adulto. Las migajas intentando encubrir su incompetencia. Las monedas de Judas tratando ahora de ocultar su dejadez. Las promesas chicas tapando un problema enorme. El misero interés partidista empañando la dignidad. El miedo velando la humanidad. La demagogia eclipsando los derechos humanos. Los salvapatrias arrojando palabras huecas para embozar su racismo. El grano de arena que podría ensuciar nuestra casa –en esas regiones que se niegan a acogerlos, aunque sea temporalmente, mientras claman solidaridad (a distancia) con Ceuta– velando la inmensidad de una playa sembrada de cuerpos cansados y estómagos vacíos. El ombligo propio sepultando el futuro de niños desahuciados. El ruido enterrando el silencio de los muertos. Un país –Marruecos– arrojando un manto sobre un continente grande. Un manto que, en lugar de abrigar, ha destapado sus miserias, sembrado la desunión y descarnado los ideales que formaron el sueño europeo. Así que, en vista de que lo urgente siempre seguirá eclipsando lo importante, he decidido quitarme las gafas. O dejar de mirar. Será la única manera de no quedarnos ciegos.
Ana Zafra: Fundido a negro
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.