El segundo semestre de cada año se ha caracterizado, al menos en Caldas, por concentrar la mayor parte de eventos en los municipios. Ahí están las fiestas, los festivales, las ferias, los cumpleaños, los encuentros de colonias; en fin, todo un abanico cultural y social que reúne y une a los pueblos alrededor de un mismo motivo. Sin embargo, este semestre del 2026 fue golpeado con el terremoto del 10 de agosto, fecha que ya quedó marcada en la vida de casi todos por lo que han implicado sus efectos lesivos.
Cada uno sabe cómo lo afectó este sismo, obviamente a unos más que a otros; incluso 27 días después habrá muchos como yo que todavía sienten, por momentos, que la tierra todavía se nos mueve. Los expertos me estarán respondiendo, 'y se seguirá moviendo'.
El Servicio Geológico Colombiano da una muy clara explicación que vale la pena citar: 'La superficie terrestre de la Tierra no es una sola pieza sólida, sino que está fragmentada en enormes bloques llamados placas tectónicas que se desplazan constantemente. Ese movimiento es muy lento y casi imperceptible, pero cuando esas placas chocan o se deslizan entre sí, liberan energía acumulada que produce sismos, temblores o terremotos'.
No pretendo abordar estos conceptos científicos, porque de eso ya se ocuparán los expertos; sino traer a colación un juicio serio para ratificar que la vida y la cotidianidad tienen que seguir, a pesar de lo doloroso que ha sido, creería que para todos, ver ciudades, pueblos y campos devastados por este terremoto y por el que perdieron la vida y los bienes tantas personas.
Algunos comparan lo que ha ocasionado este terremoto como si hubieran lanzado muchas bombas de guerra sobre cada punto que quedó afectado. De este efecto explosivo es de lo que tenemos que buscar salida cada que quedamos sumergidos en un problema, una necesidad, una enfermedad, una pérdida de un ser querido, el desempleo, el desamor..., y muchas cosas más que trae la vida; pero eso es la vida y hay que aprender a manejarlo.
Tampoco soy psicóloga, y las recomendaciones para manejar estados mentales y el comportamiento humano derivados de lo sucedido deben partir de estos profesionales. Lo que trato de expresar es que es bien importante para todos intentar pasar esta oscura página para empezar a escribir lo que se nos debe venir: la reconstrucción, como obligación no solo administrativa de los gobernantes y sus equipos, sino de todos y cada uno de los colombianos, mucho más de los que resultamos afectados por este fuerte sismo.
Por ello soy partidaria de que esos eventos culturales y sociales de este segundo semestre del año se realicen, claro está, con toda la sobriedad y el respeto por quienes fallecieron y por quienes perdieron sus bienes. Existen muchas maneras de hacerlo, sin necesidad de que todo sea jolgorio y parranda. Hay que entender que se necesita retomar las dinámicas sociales y económicas, y muy seguramente esto servirá de bálsamo para ir dejando atrás el miedo, porque insisto, nunca vamos a olvidar este terremoto, pero sí lo podemos inscribir en la historia para dar paso a la reactivación de todas las actividades.
Me parece muy acertado lo que ha hecho el alcalde de Manizales, Jorge Eduardo Rojas, que desde hace varias semanas comenzó a liderar una campaña con instituciones y empresas privadas para que los comerciantes afectados sigan vendiendo sus productos y no entren en procesos de quiebra económica. Eso es lo que hay que hacer, sin dejar de atender lo que sea necesario. La vida debe continuar, así se siga moviendo la tierra y muchas veces, por fortuna, no lo sintamos.
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