Existe una teoría en la física del caos que asegura que el aleteo de una mariposa en Brasil puede desencadenar un tornado en Texas. En el ámbito económico, Málaga vive su propio efecto mariposa, que me atrevo a bautizar en este artículo como el efecto boquerón.
Una decisión individual, la de emprender, no sólo cambia la vida de quien la asume; sino que modifica las circunstancias de la colectividad que le rodea. Si la elección de emprender lleva aparejado el compromiso de mejorar la calidad de vida propia y la de quienes se suman a su proyecto, hablamos de una determinación que cambia no sólo la economía local circundante, sino también las condiciones sociales de su entorno.
Málaga está a la cabeza en la creación de sociedades mercantiles en Andalucía y anda disputándose el tercer puesto en el ámbito nacional, sólo por debajo de grandes urbes como Madrid y Barcelona. Hasta el mes de julio, este año, se han constituido 4.902 nuevas sociedades mercantiles, según los últimos datos publicados por el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. La provincia lidera además el ranking en aumento del trabajo autónomo en la última década. Son ya 146.234 los trabajadores por cuenta propia, de acuerdo con los últimos datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.
El efecto boquerón está transformando España. Suele explicarse desde las grandes cifras. No sólo la de creación de sociedades y alta de autónomos, también la del desembarco de multinacionales, atracción de inversión extranjera y despliegue tecnológico. Sin embargo, la gran razón radica en un motor invisible: el aleteo diario de cientos de jóvenes empresarios y empresarias que asumimos el riesgo de edificar un proyecto desde aquí, desde Málaga.
El verdadero factor subyacente del tornado que Málaga ha generado en el ecosistema nacional radica en sus infraestructuras, en su tejido empresarial, en sus universidades, en un clima al que ha contribuido ese tan mencionado -y no por ello menos relevante- modelo de colaboración público-privada en el seno del cual se encuentran organizaciones empresariales como la Asociación de Jóvenes Empresarios que me enorgullezco en presidir desde el pasado 23 de julio.
No caigamos en la falacia de causalidad simple, que dirían los físicos de la teoría de la que parto mi disertación. Confiar el futuro al mero reclamo publicitario no es inteligente. El día a día se construye con pequeñas decisiones. Es fundamental que administración pública y entidades privadas, tengamos clara la importancia de cuidar la base del sistema de nuestro bienestar: nuestras pymes, nuestro talento local, el conjunto de nuestra ciudadanía.
Asumir que la inercia del crecimiento actual continuará de forma lineal e indefinida es una imprudencia estratégica. Volviendo a la ciencia: ¡cuidado con la ilusión de predictibilidad! En los sistemas caóticos, cuanto más intentas predecir el comportamiento a largo plazo a partir del estado actual, mayor es el margen de error. MI traducción particular es que ahora más que nunca necesitamos de asociamos, de unión y de estrategia conjunta que no menosprecie a ninguno de los agentes implicados o afectados por el cambio.
La ciencia nos ha enseñado, con la teoría del caos, que el efecto mariposa se suele malinterpretar: no es el aleteo el que genera el tornado por sí sólo, apenas desencadena la fuerza que el entorno ya acumulaba.
El efecto Málaga ya ha liberado la energía que transforma nuestras vidas; sobre nuestro tejado queda ahora darle la dirección adecuada al viento provocado por el aleteo boquerón para que el tornado no se lleve por delante los cimientos sobre los que nos asentamos como cultura y los principios que compartimos.
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