Mientras la gran mayoría habla de política —las elecciones se acercan—, de quién es el más corrupto, la más bella o el mejor equipo, muchos olvidan hablar con sus hijos, tema pendiente de ciertos padres y madres que están preocupados por proveer lo material y, a veces, olvidan que la comunicación es básica para sembrar valores y criar buenos seres humanos.
Me preocupa ver familias donde la comunicación es nula. Padres e hijos viven bajo el mismo techo, pero muchas veces parecen habitar mundos diferentes. Comparten la mesa, los espacios y hasta las mismas preocupaciones, pero la comunicación se ha vuelto cada vez más difícil. La brecha generacional siempre ha existido, pero ahora parece crecer a una velocidad que asusta.
Antes, las diferencias entre padres e hijos tenían que ver con gustos, modas o formas de pensar. Hoy se suman la tecnología, las redes sociales y un ritmo de vida acelerado que deja poco espacio para conversar de verdad. Muchos hijos encuentran más fácil expresar sus sentimientos a través de una pantalla que frente a sus padres.
Creo que uno de los grandes problemas es que, a veces, confundimos autoridad con imposición, o cariño con permisividad. Ser padre o madre nunca ha sido una tarea sencilla. No existe un manual perfecto.
Cada quien tiene su criterio. El mío es que, con el cuento de que la adolescencia «pega fuerte», se permiten demasiadas cosas, justamente en una época tan peligrosa para ellos por todas las tentaciones que encuentran en la calle o en los mismos colegios.
Obviamente, también hay que ser flexibles en determinadas circunstancias. Cada generación tiene sus propias formas de expresarse, pensar y soñar. Los padres no deben pretender que sus hijos sean una copia de ellos. Escuchar sin juzgar, permitir ciertos errores, aceptar que los jóvenes pueden tener opiniones diferentes y darles espacio para crecer es igualmente importante.
Pienso que el verdadero equilibrio está en combinar firmeza con cercanía. Solo hace falta «scrollear» por las redes sociales y encontraremos historias difíciles de jóvenes que no tienen comunicación con sus padres.
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