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Samuel Luna

Identidad dominicana y desarrollo económico:

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Creado: Actualizado: Hablar de desarrollo económico en la República Dominicana no debería limitarse a cifras de crecimiento, inversión extranjera, turismo o construcción. También debemos preguntarnos algo más profundo: ¿qué relación existe entre nuestra identidad cultural y nuestra capacidad para producir, emprender y progresar como sociedad? Debemos entender que la cultura no es un elemento decorativo de una nación, influye en la manera en que trabajamos, educamos a nuestros hijos, hacemos negocios, asumimos responsabilidades y nos relacionamos con los demás. Nosotros los dominicanos poseemos fortalezas culturales que pueden convertirse en importantes motores de desarrollo; somos creativos, emprendedores, solidarios y capaces de enfrentar dificultades con extraordinaria capacidad de adaptación. Cuando observamos, la música, la gastronomía, el deporte, el arte y la capacidad de crear negocios aun con recursos limitados demuestran un potencial que muchas veces no aprovechamos suficientemente.Sin embargo, también existen hábitos y comportamientos que pueden frenar nuestro desarrollo. Entre ellos: La inmediatez, la búsqueda del beneficio inmediato por encima de la planificación. La informalidad, hacer todo de forma espontánea. Otro muy común es el poco respeto por las normas. El clientelismo. La desconfianza y la percepción de que el éxito depende más de los contactos que del mérito pueden debilitar las instituciones y reducir la confianza social. Dentro de estos desafíos, la educación desempeña aquí un papel fundamental, no basta con formar personas capaces de conseguir un empleo, necesitamos ciudadanos que sepan pensar, innovar, trabajar en equipo, administrar recursos, emprender y asumir responsabilidad por el bien común. Una economía moderna necesita conocimientos, pero también necesita valores e integridad. Yo mismo le llamo a eso tener carácter. El trabajo debe recuperar su dimensión de dignidad y propósito. Emprender no debería ser solamente una respuesta al desempleo, sino una oportunidad para crear soluciones, generar empleos y transformar comunidades. Para ello, las micro, pequeñas y medianas empresas necesitan acceso a educación financiera, tecnología, innovación y mercados. Pero hay un elemento todavía más importante: la confianza. Una sociedad donde las personas confían poco unas en otras tiene mayores dificultades para cooperar. Sin confianza, el ciudadano sospecha del Estado, el empresario desconfía de su socio, el trabajador de su empleador y todos terminamos protegiéndonos individualmente en lugar de construir colectivamente. ¡Esto es un gran problema en el contexto dominicano! Hemos arrastrados unos hábitos que no nos ayudan a ejercer la articulación social. Por eso, la pregunta sobre nuestro desarrollo no es únicamente cuánto producimos, sino qué tipo de sociedad estamos construyendo mientras producimos. Quiero dejar bien claro que la República Dominicana no necesita renunciar a su identidad para desarrollarse, necesita transformar aquellos aspectos de esa identidad que nos limitan y potenciar los que nos hacen fuertes. El verdadero desafío consiste en convertir nuestra creatividad en innovación, nuestra solidaridad en cooperación, nuestra iniciativa en emprendimiento sostenible y nuestro orgullo nacional en responsabilidad ciudadana. El desarrollo económico comienza cuando una sociedad cambia no solamente lo que produce, sino también la manera en que piensa, trabaja y confía.
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