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El monumento 'Noli Me Tangere' traduce dura advertencia: '¡No me toques!'. Esculpido sobre mármol blanco, de excelsa calidad, ubicado en el centro del Camellón de los Mártires, obra del famoso escultor español Felipe Moratilla en los talleres de Roma, a petición del ilustre y cívico cartagenero Luis Felipe Jaspe, con el apoyo de hijas de Cartagena, develado durante la conmemoración del primer centenario de la independencia de La Heroica, en noviembre 11 de 1911.
Desde entonces, el espíritu cartagenero se forró de dignidad y respeto; sin embargo, con el paso de los años, las nuevas generaciones y los recién llegados para echar raíces contemplan su desarrollo desenfrenado, sobre todo en los últimos 20 años. '¡No me toques!', advertía la heroína previniendo a piratas y filibusteros que se acercaban amenazantes en la Bahía de las Ánimas, donde ocurrieron feroces combates.
Dos siglos después, todos pasan junto a la bella y arisca dama sin importar el significado de su advertencia: '¡No me toques!', reviviendo el pasaje bíblico del Evangelio de San Juan en el que Jesús Resucitado le pide a María Magdalena: '!No me toques¡'. Cada vez que paso frente al bello y arisco monumento del Paseo de los Mártires retornan a la memoria el enjambre de niños y jóvenes cartageneros que sobreviven en cinturones de miseria depredados por insaciables bestias humanas, muchas veces con la complacencia de sus familias, obligados a defenderlos de bestias humanas que se valen de la raquítica dignidad de humildes familias que encuentran en la violación de sus hijos la forma más sencilla y cruel de sobrevivir y alcanzar lujos impensables.
Existen toneladas de normas destinadas a proteger a niños y jóvenes que sobreviven en cinturones de miseria: mas de 90.000 personas, es decir el 10% de la población cartagenera, vive o sobrevive en medio de carencias de vivienda, educación, salud, trabajo digno, ostentando el fétido liderazgo a nivel nacional en la trata de personas, aun de niños y niñas con dientecitos de leche. En algunas ocasiones, al atravesar el Paseo de los Mártires, debo contener las ganas de contarle a la esplendorosa dama en busca de solución al doloroso drama de niños, niñas y jóvenes, que, como ella, exigen que 'No me toques' ni conviertas mi pobreza en tu negocio, tampoco mi vulnerabilidad para acabar con tus ansias de macho cabrío.
Fruto de familias desplazadas por la violencia y ausencia de oportunidades, no encuentran techo ni forma de vivir dignamente y para decirlo con toda franqueza: ningún niño se prostituye, los prostituyen adultos sin alma y familias sin miga de escrúpulos. A pesar que existen leyes a tutiplén para evitar y castigar la trata de menores procurando su protección integral frente a la explotación, pornografía, turismo sexual con menores de edad, los depredadores sin piedad alguna ni respeto a la dignidad humana, se pavonean sonrientes, con los bolsillos repletos, en medio de los cinturones de miseria de los más dolorosos y enormes cordones de la humanidad. Necesitamos con urgencia, que la hermosa dama del Paseo de los Mártires devuelva la dignidad a los habitantes de Cartagena, sobre todo a los conjuro de turistas de todos los pelambres, y que los detenga : 'Noli me tangere'.
Nuestros gobernantes y la sociedad civil están obligados a trabajar en procura de la equidad, prevención, educación de calidad, familias protegidas, autoridades que actúen sin perdida de tiempo, y, sobre todo, de una justicia que no permita que los malhechores encuentren caminos expresos para evadir responsabilidades. Cartagena de Indias vive y fortalece el turismo sin azufre ni enfermedades venéreas, embarazos no deseados.
Necesitamos promover el turismo sano, familias protegidas, autoridades que actúen rápido, contundentes y con justicia que impida el holocausto de sueños. '¡NO ME TOQUES!' debería ser el grito de batalla contra modernos piratas dispuestos a saquear y destrozar la dignidad, vida y sueños de nuestros niños y jóvenes humildes, protegidos por extensas normas jurídicas nacionales y tratados internacionales, pero que a la hora de la verdad se convierten en cantos de sirena, olvidando los pensamientos luminosos del 'Hijo mayor de Aracataca': Que las murallas no pueden proteger solamente piedras centenarias, sino también vidas inocentes; que la verdadera independencia no consiste únicamente en haber expulsado a un ejército extranjero, sino en liberar a nuestros niños de quienes pretenden convertirlos en objetos de explotación. Cartagena, patrimonio de la humanidad, tiene una deuda cuantiosa con su propia infancia.
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