El Desastre del 98 puede no ser nada comparado con esto. Si los soldados que combatieron con abnegación, desde la misma trinchera hasta los altos estrategas, afirmaron que la guerra se perdió en los despachos de Madrid, uno se pregunta si la Historia no estará rimando ahora. Claro que comparar a Sagasta con Sánchez se antoja cuanto menos frívolo. Por lo que al primero refiere claro. Como un eslabón más en un patrón sempiterno, el relato del Gobierno y de sus terminales mediáticas se ha venido abajo por el buen hacer de aquellos agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que aún se esfuerzan por hacer bien su trabajo.
Como muchos apuntamos ya desde el inicio, la invasión de Ceuta se ha revelado como una operación militar de Marruecos. Tan dado a estas incursiones de guerra híbrida, pero sin disimularlo demasiado. Lo que en otra tesitura y con otros al mando sería declarado, sin componendas, como un acto de guerra (así, tal cual) recibió por parte de quienes rigen nuestros destinos el desdeño más irresponsable, descargando a Rabat de cualquier responsabilidad y confirmándolo como un aliado. ¡Que ojalá lo fuera, y nos ahorraríamos todos estos problemas! Margarita Robles debe estar de los nervios, si es que conserva alguna fibra de dignidad. No en vano, El ministro de Obras Públicas y Agua de Marruecos, Nizar Baraka, no ha dudado en dejarla en ridículo. A ella y a todo el Consejo de Ministros: "¿Qué debemos decirle a España sobre Ceuta? No retrocedemos ni un palmo de nuestro territorio". Mohamed VI dixit.
El pasado día 2 millones de personas en todo el país salieron a la calle en un acto de repulsa por lo que está sucediendo ante nuestras narices, de apoyo a los hermanos de Ceuta y de afirmación nacional a partes iguales. La torpe reacción de las terminales mediáticas gubernamentales revela mucho miedo y, quizás, algo de mala conciencia. Puede que la cosa mejore con Javier Ruiz, Sarah Santaolalla en La Séptima, nueva sucursal de TelePedro. Pero, mientras tanto, van a tener que digerir el hecho de que cada vez más españoles sean conscientes de que Marruecos lleva toda su existencia haciéndonos la guerra, y que desde que ha conseguido maniatar a Pedro Sánchez y a los suyos, el asertividad de quien se pretende centinela del Mediterráneo Occidental es cada vez mayor.
Lo que deja sólo un camino: prepararse. Prepararse económica, psicológica, diplomática y armamentísticamente. Ya sea para funcionar a través de la vía no declarada como del enfrentamiento abierto. Para ello, lograr alianzas fuertes con Argelia y Mauritania se antoja fundamental, en la lógica de la realpolitik más cruda, el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y, si en Europa del Este se han tenido que llevar el golpe de realidad tras la invasión de Ucrania en 2022, aquí más vale que hagamos lo propio tras la invasión de Ceuta en 2026. De la misma forma que Rusia no va a parar hasta conseguir sus objetivos, Marruecos tampoco. Y, como los matones callejeros, sólo entienden un lenguaje. Que no es el diplomático precisamente.
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