Ya pasaron casi tres años desde el inicio del mandato del presidente Milei. En este período se redujo drásticamente la inflación y la densidad del sistema político argentino… pasamos del 220 al 30%, en el caso de la inflación, y de dos grandes frentes políticos, a la nada. UpP, que representaba al kirchnerismo, los flecos del extinto peronismo y algunas agrupaciones de izquierda. Por el otro lado, JxC, agrupando al PRO, la UCR y la CC. Los dos se hicieron añicos y sus jefes se convirtieron, una, en una bailarina con tobillera desde un balcón, y el otro en un divorciado jugador de bridge. Caso aparte: la UCR, la fuerza política más grande de la Argentina –cinco gobernaciones provinciales, 513 intendencias, el control de la mayoría de las universidades nacionales y el ejercicio de la presidencia de la Internacional Socialista en América Latina + la vicepresidencia de la organización mundial, presidida por el jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez. Este gigante decide desaparecer y se lo traga la tierra, en silencio, sin una risa o una lágrima… la CC se convierte en una tienda que vende ropa en TikTok y el PRO, bien, gracias.
Nacía un ignoto LLA poblado de gente, en su mayoría jóvenes, totalmente desconocidos, liderado por un triunvirato encabezado por Javier Milei, escoltado por su hermana y Santiago Caputo. De la dupla peronismo plus y radicalismo plus pasamos a un anarcocapitalismo libertario, sin que nadie supiera bien de qué se trataba.
Milei había hecho tres promesas de campaña : 1) dinamitar el Banco Central, 2) dolarizar y 3) liquidar a la casta… No cumplió ninguna de las tres, pero el imaginario colectivo mayoritario se sintió satisfecho porque, igual, habían perdido las dos propuestas que la mayoría identificaba con el pasado… y al pasado, con un tiempo horrible, lleno de fracasos, mentiras y corrupción.
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