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Miguel José Deyá Bauzá

Ministros marroquís ¿de justicia? y ¿de asuntos islámicos?

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El concepto «justicia» y el de «actual gobierno marroquí» son antitéticos. En buena parte ocurre lo mismo con el gobierno español. Quizás por ello el ejecutivo de Pedro Sánchez no para de dar las gracias a Marruecos por habernos invadido e impedir que los invasores abandonen nuestro suelo patrio. Además, el ministro de justicia marroquí, al igual que su homónimo en Madrid, es un mentiroso, no siempre claro, pero si habitualmente cuando se refiere a España y a la invasión sufrida. Primero dijo que la responsabilidad era de las redes sociales, luego que cómo iba a parar a ciudadanos marroquís que iban a una ciudad marroquí a liberarla, en referencia a Ceuta. ¿Cómo quedamos, sr. ministro? Y es que se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Extraño concepto el de la justicia el de ese señor. No se preocupa por buscar a los responsables de la muerte en el mar de más de cien personas, la mayor parte marroquís que intentaban huir de su país. Tampoco se preocupa de los agentes de la autoridad marroquí que faltaron a su obligación; ni de recuperar a niños llegados a España antes de la invasión y que tienen expediente de devolución que Rabat no admite. A sensu contrario su colega español, y en general nuestro gobierno, no parecen muy preocupados por depurar responsabilidades en la invasión de Ceuta (véase la dialéctica Marlaska versus Robles, ¡miembros de un mismo gobierno!). Tampoco parece que nuestro gobierno esté muy preocupado por resolver el tema de la casi veintena de abusos sexuales ocurridos en Ceuta desde el 30 de julio, casi los mismos que en todo el año pasado; ni en dar seguridad a los propietarios de comercios, personas que han de ir a comprar cada día al colmado de la esquina o que tienen derecho a ir a un parque con sus niños o nietos. Al menos en el caso de Ceuta el concepto de justicia del gobierno español se acerca peligrosamente al del ministro marroquí. ´ ¿No tienen nada que decir los señores ministros de justicia de Marruecos y de España ante la expulsión arbitraria, en contra de la propia Constitución marroquí, de dos periodistas españoles de Castillejos? ¿Qué dirían las autoridades marroquís si se expulsara a dos periodistas de su país de España o a dos de los muchos espías que por aquí tienen? Como toda situación trágica, si realmente es trágica, no sólo puede empeorar sino que empeora, allí ha terciado el ministro de asuntos islámicos. Si, en esa peculiar y deficitaria democracia que es Marruecos hay un ministro de esos asuntos, al que algunos llaman ministro de asuntos religiosos. Y es que allí, como en el mundo musulmán en general, la religión no es algo privado sino vinculado, en unos países más y en otros menos, a la política. Recordemos que el mensaje de Mahoma es monista, no separa entre preceptos religiosos y políticos, algo que casi exclusivamente pasa hoy en el mundo occidental y que debería ser considerado una prueba de su superioridad moral. En la ceremonia, presidida por el rey de Marruecos y obviamente sin la presencia de ninguna mujer sin que llame la atención del gobierno más feminista de la Historia de España, el ministro en cuestión reivindicó Ceuta y Melilla. ¡Oído compañía! La cosa es más grave de los que pudiera parecernos. Ese discurso fue en una fiesta religiosa, presidida por el Rey, príncipe de los creyentes, dando a la lucha por Ceuta y Melilla el carácter de sagrado, lo que en ese ambiente es algo más que un vocablo, y con referencias a los vínculos de Ceuta con el Islam. Pasamos de una ahistórica e irracional demanda territorial a un argumento religioso. Desde el punto de vista occidental puede parecer algo no transcendente. Si consideramos que, al menos una parte del Islam sigue defendiendo la guerra santa, la cosa ya es mucho más preocupante… menos para el gobierno español claro. El propio preámbulo de la Constitución marroquí declara como objetivo «ahondar los lazos de unión con la Umma árabe e islamista». Es la Umma la comunidad de todos los creyentes del planeta, incluidos los marroquís y otros musulmanes residentes en España. La Umma no es sólo un concepto religioso, puede adquirir -según el propio Islam- una finalidad política y estatal en cualquier momento. Las autoridades marroquís deberían ir con cuidado ante muchas cosas. Entre ellas dar un cariz religioso a sus exabruptos político-territoriales. No sea cosa que aparezca algún «incontrolado» como los 80.000 que nos enviaron a Ceuta y tengamos un problema más gordo. Por cierto, olvídense de que el rey de España vaya a Ceuta. Rabat se planteo celebrar la fiesta del nacimiento de Mahoma en Castillejos, ciudad cercana a Ceuta de clarísima fonética árabe como es evidente. Finalmente, no lo hizo, con lo cual -amén de la negativa del gobierno de Sánchez- veo difícil ese necesario viaje.
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