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El día que México dejó de preguntar si una mujer podía gobernar

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Durante 200 años México tuvo Presidentes. Ninguna Presidenta. Hasta el día en que se nombró a Claudia Sheinbaum Pardo. Por eso su Segundo Informe debería leerse más allá de Morena, la oposición o la Cuarta Transformación. Hay una pregunta de fondo: ¿por qué tardamos tanto en elegir a una mujer y qué cambió para que Claudia pudiera llegar? No cambió la capacidad de las mujeres. Cambió México. Cambió la ley, llegó la paridad, aumentó la representación femenina y, poco a poco, también cambió la mentalidad del electorado. Sheinbaum no llegó como una excepción ni como una concesión: llegó con una victoria contundente en las urnas. El mundo todavía está muy lejos. En 2026 sólo 28 países tienen una mujer como jefa de Estado o de Gobierno y 101 nunca han tenido una. Las mujeres ocupan apenas 27.5% de los parlamentos del planeta. México, en contraste, está entre los países con mayor representación política femenina y ocupa el lugar 23 de 148 en el Índice Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial. Pero una Presidenta no se evalúa por ser mujer. Se evalúa por gobernar. Y ahí están cinco fortalezas de Sheinbaum: legitimidad electoral, aprobación ciudadana, reducción de homicidios, recuperación del salario mínimo y capacidad de negociación internacional. Al cierre de su segundo año, las encuestas la ubican alrededor de 69% de aprobación. Su gobierno reporta una reducción cercana a 51% en homicidios dolosos y una recuperación real de 154% del salario mínimo desde 2018. Son avances importantes, aunque todavía deben convertirse en cambios estructurales y sostenibles. Porque también están los pendientes: crecimiento económico, inseguridad, salud, igualdad salarial, violencia contra las mujeres y, especialmente, un verdadero sistema de cuidados. Sirimavo Bandaranaike fue la primera mujer en dirigir un gobierno; Margaret Thatcher transformó Reino Unido; Angela Merkel gobernó Alemania durante 16 años; Jacinda Ardern se convirtió en referente mundial de liderazgo. Trayectorias distintas, resultados distintos. Eso importa para México. Sheinbaum gobierna desde Morena, PT y PVEM, dentro de la 4T, pero su verdadero legado dependerá de cuánto pueda trascender el momento político que la llevó al poder. El Segundo Informe, entonces, no sólo habla de dos años. Habla de una puerta que finalmente se abrió. El reto ya no es demostrar que una mujer puede ser Presidenta. Claudia ya lo hizo. El reto es conseguir que, después de ella, nadie vuelva a preguntarse si una mujer está preparada para gobernar México. Que una niña pueda mirar Palacio Nacional y no pensar que una mujer llegó ahí por primera vez. Sino simplemente que también puede ser su lugar. Por Maira Martínez Pineda PAL
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