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Braulio Hornedo Rocha

Cibernética, política y sociedad: Iván Illich cien años

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Este 4 de septiembre de 2026 se cumplieron cien años del nacimiento de Iván Illich. Tras una centuria su obra adquiere mayor relevancia en el siglo XXI. Frente a la crisis ambiental; el Big Pharma y la salud pública; la escolarización obligatoria; la inteligencia artificial; la burocratización de las necesidades y el dominio creciente del complejo tecnofascista militar industrial, Illich formula una pregunta incómoda ¿en qué momento las instituciones creadas para servir al ser humano comienzan a dominarlo? El Fondo de Cultura Económica reunió en dos volúmenes publicados en 2006 y 2008, parte de su obra. Los diez libros elegidos permiten recorrer una asombrosa aventura intelectual: desde la crítica de la escuela, la medicina y el transporte hasta la defensa de la autonomía, los ámbitos de comunidad y los saberes vernáculos. Alternativas. Es el Illich rebelde de los años sesenta. Reúne textos donde cuestiona la Alianza para el Progreso, las misiones religiosas, la escolarización y la imposición del modelo industrial de desarrollo capitalista para América Latina. Desde Cuernavaca denuncia una forma sutil de colonialismo: aquella que convierte necesidades humanas en demanda de servicios administrados por profesionales. La sociedad desescolarizada. Su libro más conocido es mucho más que una crítica de la educación. Illich sostiene que la escolarización confunde enseñanza con aprendizaje, diploma con saber y promoción de grado con educación. Frente al monopolio escolar propone 'tramas de aprendizaje': redes mediante las cuales las personas puedan encontrarse, compartir conocimientos y aprender libremente durante toda la vida. Energía y equidad. Illich demuestra que más velocidad no significa necesariamente mayor libertad. El automóvil termina produciendo congestionamientos, ciudades extendidas y grandes cantidades de tiempo social dedicado al transporte. La bicicleta aparece entonces como ejemplo de una herramienta eficaz y equitativa. La verdadera cuestión política no consiste solamente en producir más energía, sino en establecer límites justos a su uso. La convivencialidad. O la filosofía política de la técnica. Una sociedad convivial es aquella en la que las herramientas permanecen bajo el control de las personas y las comunidades. Cuando una tecnología rebasa ciertos umbrales termina imponiendo su propia lógica. No se trata de rechazar la técnica, sino de recuperar herramientas que propicien la autonomía. Desempleo creador. Vinculado a La convivencialidad, aquí se radicaliza su crítica del trabajo industrial. Illich reivindica el derecho de las personas a producir valores de uso fuera del empleo asalariado y del consumo obligatorio. El 'desempleado creador' no es sólo quien carece de empleo: es quien recupera capacidades que el mercado ya le había expropiado. Némesis médica. Obra profética. Illich descubre la iatrogenia: el daño producido por el propio sistema médico. Distingue sus dimensiones clínica, social y cultural. Cuando la medicina monopoliza la salud, transforma dolores, envejecimiento y muerte en problemas administrados por especialistas. No rechaza la medicina; denuncia su expansión ilimitada y reivindica la capacidad personal para cuidar, sufrir, sanar y morir con dignidad. El trabajo fantasma. Analiza todo aquel trabajo no remunerado indispensable para que funcione la economía industrial: desplazarse hasta el empleo, capacitarse para trabajar, realizar trámites o ejecutar tareas domésticas exigidas por el sistema productivo. La economía moderna no sólo produce mercancías: fabrica necesidades que obligan a consumirlas. El género vernáculo. El libro más polémico. Illich distingue entre el género propio de las culturas vernáculas y el 'sexo económico' producido por la sociedad industrial. Su argumento provoca fuertes debates feministas, pero conserva interés como crítica histórica de la 'igualdad económica'. El desarrollo económico transforma ámbitos vernáculos en 'productividad, salario y consumo.' H2O y las aguas del olvido. Es un libro poético-profético. No es lo mismo el agua de los sueños, los ríos, el mar, que el H2O administrado por tuberías, plantas de tratamiento y sistemas urbanos. La modernidad transforma el agua bien común ancestral, en una mercancía. El espejo del pasado. Reúne conferencias y discursos de 1978 a 1990 y permite constatar la madurez de su pensamiento. Illich reflexiona sobre: paz, desarrollo, silencio, vivienda, trabajo, alfabetización, memoria, cuerpo, medicina y bioética. Mirar el pasado no significa nostalgia, significa utilizarlo como espejo para descubrir que aquello que consideramos natural e inevitable —la escuela, el empleo, el desarrollo— tuvo un nacimiento histórico y puede, por tanto, tener un final. Illich no dejó una doctrina ¡ni quiso fundar una escuela! Dejó, eso sí, preguntas, dudas y retos. Aprendimos a reconocer los límites después de los cuales una institución hace exactamente lo contrario de aquello que prometía resolver: escuelas que inhiben el aprendizaje, hospitales que enturbian la salud, transportes que paralizan, tecnologías que producen adicción y ¡comunicación global que termina con la charla personal! Celebrar su centenario no puede consistir en convertirlo en un monumento. Sería la peor forma de recordarlo. Debemos recuperar su exhorto a fortalecer la autonomía, defender los ámbitos de comunidad y poner límites políticos y culturales al desarrollo económico capitalista. ¡Cuernavaca es la cuna del humanismo radical mexicano!
Cibernética, política y sociedad: Iván Illich cien años
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