Inconsciencias
«Igual quien necesita incorporarse poco a poco a la vuelta al cole no es precisamente el niño»Piluca BurgosPaco, al final no hemos contratado a la chica.
–¿Por?
–Tiene un niño de uno y otro de cuatro.
–Claro, septiembre.
Antes ... las señaladas eran las parideras. Ahora da más miedo una madre con dos hijos, porque ningún convenio contempla que, durante tres semanas, tenga que recogerlos a distinta hora cada día.
Lo han llamado adaptación, sabes, Paco.
Cuando la niña empezó la guardería de la Junta fueron 18 días. Un día dos horas, otro tres y otro hora y media.
Así que los que trabajamos hacemos lo que toca cuando la conciliación funciona fenomenal: contratar a otra persona que concilie por nosotros. Una desconocida que lleve a la niña a adaptarse a otros desconocidos.
Siempre me quedó una duda. ¿A qué se adapta exactamente un bebé de meses? ¿A cuál de las cuatro esquinas del aula dejan el carrito? ¿Al techo?
Años después descubrí que podía haberme negado. Aunque a ver quién tiene cojones de estrenarse ante el director del colegio donde tu hijo va a pasar nueve años diciendo que quieres el horario completo mientras él te explica que todo se hace pensando en el niño. Por su bien.
Antes había 45 en clase. Una barbaridad, innegable. Llegaban el primer día y dos lloraban, uno se tiraba al suelo, otro intentaba escaparse, tres descubrían que allí había más plastidecores que en su casa y el resto entraba sin más.Noticia relacionada
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Y yo más
La estadística emocional no ha cambiado. Siguen los que lloran, los que se escapan y los que entran tan panchos. Así que los malpensados acabamos sospechando que igual quien necesita incorporarse poco a poco a la vuelta al cole no es precisamente el niño.
Y esto no acaba aquí. En junio y septiembre: clases hasta la una. Por el calor. Pues pongamos solución al calor. Porque sustituir una hora de clase por otra de custodia con un monitor que aprobó la PAU el año pasado no enfría al niño. El muchacho sigue en el cole hasta las dos, como siempre. Solo cambia quién se queda con él y quién deja de dar clase a la una.
Los niños, al final, se adaptan, Paco. El sistema lleva años intentándolo.
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