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Luis Miguel Castilla

Cuando los riesgos llegan juntos

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Las autoridades macroeconómicas han presentado un diagnóstico certero de los riesgos que enfrenta la economía. El Marco Macroeconómico Multianual (MMM) recientemente publicado por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el Reporte de Inflación del Banco Central de Reserva (BCR) los identifican con claridad. Pero la discusión útil está en otra parte: en si el margen que el país tiene para enfrentarlos es tan amplio como se asume. La respuesta corta es que ese margen se viene sobreestimando. El punto de partida es conocido. La deuda pública respecto al PBI está entre las más bajas de la región, las reservas son amplias y los términos de intercambio no tienen precedente. Sobre esa base descansa la confianza que sostiene el plan de gobierno de la presidenta Keiko Fujimori. Estas fortalezas son reales, pero no deben dar pie al triunfalismo. Lo que ni el MMM ni el Reporte de Inflación evalúan es qué ocurre cuando varios shocks llegan al mismo tiempo, y ese es justamente el escenario que el calendario hace más probable. El siguiente cuadro ordena los riesgos por magnitud. El primer riesgo dejó de ser una hipótesis el 28 de agosto, cuando la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno (Enfen) elevó a 62% o más la probabilidad de un Niño costero extraordinario entre septiembre y enero. Desde su reformulación en 1997, la Comisión nunca había puesto ese escenario como el más probable. Lo que el MMM presentaba una semana antes como escenario de estrés pasó a ser el central. En este frente el Gobierno ha actuado. El Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego encontró 1,700 puntos críticos sin intervención y ningún metro cúbico de limpieza en los ríos de Tumbes y Piura. En dos semanas se constituyó una comisión nacional, se declaró la emergencia hídrica y se aprobaron S/630 millones para 536 puntos, con S/1,000 millones adicionales anunciados. El propio premier Luis Galarreta admitió ante el Congreso que la prevención llega tarde. La observación es de escala y de calendario. Lo movilizado equivale a un tercio de la pérdida de ingresos que el MEF proyecta para un evento extraordinario, 55 de los 77 puentes Bailey llegarán recién en diciembre, y la ejecución descansará en gobiernos regionales y locales que tienen la menor capacidad de gasto del Estado y que estarán en pleno relevo de gestión. El pico del fenómeno se espera entre noviembre y diciembre, con el mayor efecto sobre la actividad y los precios de alimentos en el primer verano de este Gobierno. Imagen El segundo riesgo es el que menos se discute. El MEF calcula que una depreciación fuerte del sol es el choque que más daño hace a la deuda pública, porque cerca del 42% de ella está en moneda extranjera y una caída del sol la encarece de manera automática. La trayectoria resultante la llevaría al 34% del PBI. El BCR le da poco peso en su programa monetario de agosto. Entre tanto, las tasas de largo plazo del Tesoro americano están en máximos de 19 años, las valuaciones bursátiles ligadas a la inteligencia artificial dependen de ganancias de productividad que todavía no se ven y la porción de la deuda pública en soles cayó de 68% a 58% desde 2019. Frente a ese golpe en particular, el país está más expuesto que antes de la pandemia. El tercer riesgo se movió esta semana. El MMM asumía un petróleo de US$80 en 2026 y de US$75 en 2027, con un escenario de estrés en US$90 si el conflicto en Medio Oriente se reavivaba. Tras los ataques cruzados entre Estados Unidos e Irán de los últimos días, el crudo vuelve a acercarse a US$100. La tregua quedó sin efecto en junio y Washington declara que no hay negociaciones en curso. Lo previsible es un conflicto prolongado antes que un arreglo, y su efecto sobre el Perú llega por la inflación de combustibles y transporte, que coincidirá con el encarecimiento de alimentos por El Niño. Con ese mapa cabe preguntarse si el Gobierno ha internalizado plenamente estos riesgos. Más que una subestimación, lo que se observa es un uso anticipado de los colchones de liquidez que servirían para enfrentarlos. El Fondo de Estabilización Fiscal, que es el ahorro del Estado para emergencias, tiene 0.9% del PBI, una fracción de lo acumulado antes de 2020. El MEF anunció que elevará el techo de deuda y las metas de déficit, mientras el mismo MMM advierte que el gasto rígido —aquel que no se puede recortar porque está comprometido en planillas, pensiones y contratos— ya llega al 61% del presupuesto como legado del Congreso pasado. Y el BCR, con expectativas de inflación en 3% y dos choques de oferta presionando los precios, deja abierta la posibilidad de subir la tasa de referencia. Si eso ocurre, la política monetaria dejaría de amortiguar justo cuando la política fiscal pide más espacio. El Consejo Fiscal ya advirtió que, con el cambio de reglas anunciado, las proyecciones oficiales pasarán a ser referenciales. Si El Niño extraordinario, el petróleo caro y un cierre del financiamiento externo coinciden en el primer trimestre de 2027, el Estado tendrá que responder con deuda más cara, con un sol depreciado, con un presupuesto que no puede recortar gasto corriente y con un Congreso poco dispuesto a contenerse. Las fortalezas macroeconómicas evitarían una crisis, aunque no una respuesta lenta y financiada con cargo a la inversión pública, que es la partida donde el Perú ajusta cada vez que le faltan recursos. Internalizar un riesgo supone dejar de usar hoy el margen que se va a necesitar mañana, y en eso el Gobierno pareciera no tenerlo del todo claro.
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