La política es un ejercicio constante de lealtades, afectos, prudencia y cálculo de consecuencias.
Las dos primeras sintetizan el liderazgo que se debe cultivar cuando se participa en política; las dos últimas, cualidades que también son indispensables en este quehacer humano.
Quiero centrarme en la segunda idea de esta definición de 'política': es el ejercicio constante de prudencia y cálculo de consecuencias.
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Diez días antes de concluir agosto, a propios y extraños sorprendió la noticia del regreso de Rubén Rocha Moya para asumir nuevamente la responsabilidad para la que fue electo en el año 2021. Su solicitud de licencia el 1 de mayo, fue forzada por las acusaciones del gobierno de Estados Unidos, de que éste y nueve funcionarios y ex funcionarios de su gabinete y del gobierno de Culiacán, todos pertenecientes a Morena, formaban parte de una red de corrupción que alienta la producción, traslado y comercialización de drogas.
En su momento, el discurso en torno a la solicitud de licencia fue que se separaba de su encargo para permitir el desarrollo de las investigaciones que realizaría la Fiscalía General de la República.
Con muchas incomodidades y poniendo en entredicho muchas cosas, hasta ahí, Morena estaba haciendo lo prudente.
Pauso aquí para agregar que, existe una máxima en política que cita 'en política, lo que parece, es'.
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Resulta que desde 2021, siendo Rocha Moya candidato a gobernador, fue señalado por vínculos con células criminales, señalamientos que se fortalecieron durante el proceso electoral de 2024, y se formalizaron en una acusación penal internacional en 2026.
'En política, lo que parece, es'.
Hoy, todo lo que gira en torno al gobernador de Sinaloa, sumada a la tibia estrategia de combate al crimen (más bien pareció protección) encabezada por AMLO durante su sexenio, hace parecer que Morena tiene como principal aliado al crimen organizado y a los cárteles de la droga. De ahí que se les señale como narco partido.
En su momento, el gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, ignoró las reglas no escritas y decidió aparentemente, SOLO por su voluntad, regresar al cargo. No atendió a la prudencia y no calculó las consecuencias.
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Pero no es el único político de Morena, envuelto en complicadas situaciones que tienden más bien a la imprudencia.
Tres días después de la bomba del regreso de Rocha Moya, se filtran imágenes de Andrés Manuel y Gonzalo López Beltrán, hijos del ex presidente, departiendo con los empresarios Juan Domingo Beckmann y Mauricio Garduño, además de Daniel Asaf, cercano colaborador de AMLO y actualmente diputado, por cierto, diputado plurinominal. Es decir, llegó al cargo sin hacer campaña.
Aunque incomode a la 4T y afirmen que no tiene importancia dicha reunión, recordemos: 'en política, lo que parece es', y los tiempos, el restaurante, la compañía, lo que comieron y bebieron, en el contexto de los acontecimientos cercanos (por ejemplo, el retiro de la visa norteamericana a Andy, y la risible carta dirigida al presidente Donald Trump), alientan las especulaciones (si es que solo eso fueran) y enturbian el ambiente político para la 4T, la presidenta Claudia Sheinbaum y para Morena, cuando aún falta definir a 12 de los 17 abanderados para la gubernaturas que se renovarán en 2027.
¿Cómo impacta todo esto en Juárez y Chihuahua? Impacta porque, así como Rocha Moya, Américo Villareal, Marina del Pilar, Andy, Boby, y demás cuestionables en la 4T, deberían atender la prudencia y calcular las consecuencias de sus desconcertantes actos, la dirigencia nacional de Morena tendrá que atender la prudencia y calcular muy bien las consecuencias de la designación de sus candidatos para el 2027.
Más allá de la popularidad de los aspirantes, Morena tendrá que ungir al que menos haga parecer que existe un pacto con grupos delictivos; de otra forma y aunque no quieran, no podrán sacudirse el mote de 'narco partido'.
Finalmente, el 31 de agosto Morena advirtió que ni ganando encuestas permitirán que perfiles cuestionables, con pasados inconfesables, sean candidatos del movimiento. Ya veremos. Del dicho al hecho, hay mucho trecho, dice el refrán. Solo que no olviden que Chihuahua comparte cerca de 900 kilómetros de frontera con Estados Unidos. Quieran o no, eso también contará.
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