La inauguración de Faro Santander hoy lunes permite mirar más allá de Santander. El nuevo centro de arte, cultura y tecnología, instalado en el Edificio ... Pereda y transformado por David Chipperfield, no debería entenderse como un nuevo atractivo de la capital cántabra. Puede ser una pieza más de un eje cultural del Cantábrico.
Bilbao tiene en el Guggenheim un referente internacional; Avilés encontró en el Centro Niemeyer un instrumento de transformación urbana; Gijón y Oviedo cuentan con un patrimonio cultural y artístico que forma parte esencial de su identidad. A este mapa se añadió el Centro Botín y ahora Faro Santander, con una colección que reúne nombres como Tiziano, El Greco, Rubens, Velázquez, Goya o Tàpies, además de propuestas de arte moderno mexicano y de Leonora Carrington.
La oportunidad está en entender estos activos como piezas complementarias. Cinco ciudades pueden construir un destino cultural de dimensión europea. El visitante que llega al Cantábrico para conocer una exposición, un edificio singular o una colección puede encontrar razones para prolongar su estancia y recorrer varias ciudades.
Desde una perspectiva económica, esto tiene consecuencias importantes. Más noches de hotel, mayor gasto en restauración, comercio y actividades culturales y una demanda turística menos concentrada en los meses de verano. Es decir, más valor añadido por visitante, no necesariamente más visitantes.
También puede favorecer un modelo turístico más sostenible. Frente al turismo masivo, la cultura atrae visitantes interesados en experiencias, patrimonio, conocimiento y arquitectura, con una distribución territorial más equilibrada.
Faro Santander puede ser, por tanto, mucho más que un proyecto arquitectónico. Puede convertirse en un nuevo nodo de una red cultural cantábrica en la que Santander, Bilbao, Avilés, Gijón y Oviedo no compitan únicamente por el visitante, sino que colaboren, directa o indirectamente, para que el Cantábrico sea reconocido como un destino cultural europeo.
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