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José Carneiro

El marrón de la ría de Vigo

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Opinión | Al lío José Carneiro Subdirector de Faro de Vigo Bandera roja prohibiendo el baño en la playa de Santa Marta, en Baiona. / Marta G. Brea Hace unas semanas me desperté con un párpado como un tomate: inflamado, enrojecido y con mala pinta. Me fui al centro de salud para que le echasen un vistazo y, nada más verme entrar por la puerta, la enfermera del triaje me preguntó: —No te habrás bañado en el mar estos días, ¿no? Asentí. Claro que sí. Era agosto, verano, vacaciones… Habíamos ido a la playa con los niños. —Sí, sí. Esta semana. Fue entonces cuando me soltó una frase que se me quedó grabada: —La ría está llena de bacterias. Me explicó que estaban atendiendo muchos casos de conjuntivitis, orzuelos —una infección bacteriana en el párpado o en la base de una pestaña, que acabó siendo mi diagnóstico—, gastroenteritis y todo tipo de afecciones cutáneas. La causa, o al menos la sospecha: la presencia de bacterias fecales en el agua. Lo mío se solucionó con una pomada antibiótica durante una semana. Lo de la ría, en cambio, parece que va para largo. No recuerdo otro verano en el que prácticamente todas las semanas se haya izado una bandera roja por contaminación fecal en algún arenal del área de Vigo. Hasta en Cíes. Y lo de Baiona empieza a ser especialmente preocupante: apenas quedan playas libres de mancha. Por eso leí hasta la última coma de la entrevista que Patricia Casteleiro le hizo a Silvia Suárez-Luque, jefa del Servicio de Salud Ambiental de la Xunta. Esperaba encontrar alguna explicación, algún dato, alguna pista que ayudase a entender qué demonios está pasando. Pero me quedé frío. Primero, por esa afirmación de que «no me preocupa el porcentaje de las aguas fecales este verano, es muy bajo». Pues a mí sí me preocupa, oiga. Y después, porque reconoce que no saben de dónde proceden los vertidos de Baiona, convertida este verano en una especie de zona cero de la contaminación costera. Ya. «¿Qué pasa en tu pueblo?», me preguntó Casteleiro a la vuelta de las vacaciones. Buena pregunta. Le respondí que cualquier vecino sabe dónde hay vertidos fecales. No hace falta montar una comisión de investigación. Basta con aguzar el olfato y darse un paseo por los regatos que desembocan en el humedal de A Foz, por los ríos Miñor y Baíña, por el pozo de bombeo de Santa Marta... Y esto no ocurre solo en Baiona. En Vigo, hace poco, un responsable portuario me reconoció que tienen identificados varios puntos de vertido fecal a lo largo del frente marítimo, pero que no pueden hacer mucho más porque no es competencia suya, sino municipal. A estas alturas ya cuesta creerse aquello de «estamos investigando el origen del vertido». Sobre todo cuando aparecen una y otra vez en los mismos lugares y cuando los vecinos llevan años señalando dónde están. Suena demasiado a aquello de «que el marrón se lo coma otro». Mientras tanto, hacemos lo más sencillo: esperar. Esperar a que la marea se lleve la mierda. Esperar a que las corrientes renueven el agua. Esperar a que llegue septiembre, se vayan los turistas y el problema deje de ocupar titulares. Pero las bacterias no desaparecen porque termine el verano. Y el marrón, al final, siempre acaba encontrando a alguien. A nosotros. Mi orzuelo se curó con una pomada. Noticias relacionadas y más Ojalá el problema de la ría tuviera una solución tan sencilla. Si quieres recibir este análisis de la actualidad en tu correo tan solo debes activar este boletín en nuestra página web
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