La buena relación hay que tenerla con los Estados Unidos e Israel y entender los acuerdos de Abraham que logró el presidente Trump en su primer mandato. Marruecos siempre va a hacernos chantaje, y siempre vamos a tener que pagar, pero forma parte de los ... acuerdos de Abraham, y si Pedro Sánchez no se hubiera dedicado a insultar a Trump y a Netanyahu, muy probablemente a Marruecos le habría costado más azuzar o permitir un ataque a un amigo de sus socios.
El deber de cualquier presidente de España es llevarse bien con el país vecino y pagar lo que pida su rey. Estas declaraciones de los últimos días, en el sentido de que España no se puede dejar chantajear por Marruecos, supongo que habrán gustado a muchos, pero son falsas y estúpidas. Siempre nos van a chantajear, y siempre tendremos que procurar el mal menor de llenarles los bolsillos sin ceder soberanía.
Sánchez decidió inaugurar su mandato con un extemporáneo brindis al sol con esos grandes cómplices del tráfico de personas que son 'Open Arms', y desde entonces ha tenido una política errática, por no decir demencial, con Marruecos, incluido el lamentable episodio del líder del Frente Polisario. Además, nuestro presidente ha basado su política internacional en el apoyo –que hasta Hamás agradeció– a los terroristas que quieren destruir el Estado judío; y por supuesto se ha abonado al escarnio y al desprecio del presidente de los Estados Unidos de América.
Lo que ha pasado en Ceuta es el fin de trayecto de un líder político que siempre se ha creído más listo que los demás, y hay que reconocerle que muchas veces lo ha sido, sobre todo en la partida nacional. Pero cuando ha querido jugar contra los mayores, se le han visto las limitaciones. Y todas de golpe.
España es un país demasiado pequeño para ir sola por el mundo, y Europa ha agotado su energía moral para hacerse cargo de nuestras dificultades. El bando estratégico es el de Estados Unidos e Israel, y tenemos mucho que ofrecer a estos dos países para tejer una relación especial con ellos y contar con su alianza y protección. Esa protección tan agradable que, más que en solucionar los problemas, se basa en que los problemas no lleguen a producirse.
La prisa por derrocar a Sánchez no tiene ningún sentido. Las elecciones no serán antes de la fecha más tardía que la ley permite y que técnicamente puede ir más allá del 23 de julio. Crecerse ahora en la denostación a Marruecos para hostigar al presidente es estéril. Y además poco inteligente, porque son palabras que a España le saldrán muy caras cuando, lo quiera o no lo quiera, el primer viaje oficial del presidente Feijóo sea a ese país y la primera y casi única pregunta que tenga que hacerle al rey sea: «¿Majestad, cuánto se debe?»
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