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Francisco Marhuenda

El sanchismo como patología política

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Al sanchismo se le puede aplicar la idea médica de patología por su funcionamiento , comportamiento, obsesiones y objetivos. Es lo que mejor define al hiperliderazgo de un político que se comporta como un aventurero obsesionado con mantenerse en el poder a cualquier precio y, por tanto, dispuesto a hacer lo que sea necesario con tal de alcanzar sus intereses particulares. No existe un caso igual en las democracias mundiales o en la historia contemporánea de España. Ningún gobernante elegido en las urnas ha tenido un comportamiento similar. El extremo alcanzado es, además, pernicioso para la sociedad, la vida política y la estabilidad de las instituciones. Hay numerosos tipos de patologías políticas, como el síndrome de Hubris, donde se produce una alteración psicológica de la personalidad como consecuencia del ejercicio prolongado del poder. Es fácil de notar porque provoca soberbia, el desprecio por las opiniones contrarias, el narcisismo y una disociación con respecto a la realidad. A esto podemos añadir la partidocracia, porque el PSOE, canibalizado por el sanchismo, prioriza su propia supervivencia a cualquier otro interés. El Gobierno socialista comunista ha abrazado el estatalismo, porque cree que el Gobierno es el único motor social, económico y político. La separación de poderes les resulta indiferente, porque consideran que el Gobierno es la única fuente de poder. Finalmente, esto se completa con la polarización destructiva y el sectarismo, así como el uso masivo de la mentira y el miedo. Hace tiempo que el actual PSOE y su Gobierno han abandonado la transparencia y la verdad, para sustituirlas por la manipulación informativa, la propaganda y la intimidación social. No hay más que leer o escuchar la comparecencia de Sánchez sobre la crisis provocada por la invasión marroquí de Ceuta. El análisis de su intervención confirma que el sanchismo es una patología política que aúna numerosas de las variantes estudiadas por los expertos en todo el mundo. A lo largo de esas horas mostró todas las que configuran lo que se entiende como enfermedades de la política. Por supuesto, necesitó referirse a Ayuso, que es su principal obsesión y que han hecho suya el sanchismo político y mediático. Como no soy psicólogo o psiquiatra, no le puedo ayudar a superarla, aunque las razones son tan evidentes que cualquier analista es capaz de identificarlas. Ha llegado a un extremo tan ridículo que ha perdido cualquier efectividad. Le sucede lo mismo con el franquismo o su relato como heroico luchador contra la internacional ultra que se ha inventado. Como buen farsante, llega un momento en que sus mentiras masivas le han conducido a desconocer cuál es la verdad o la realidad. En su comparecencia aprovechó para referirse al «aticazo», reflejando que es una obsesión que es omnipresente. Es evidente que la fabulación organizada alrededor del ático de Chamberí ha salido del interior del PP. Ayuso es la política más querida y popular del centro derecha español y respetada por los socialistas que no están a sueldo de Sánchez. Esto disgusta a algunos políticos del PP, algo que no puede sorprender a nadie, por lo que uno de ellos decidió filtrar sesgadamente una información irrelevante aprovechando que era en Chamberí. Por supuesto, la armada mediática al servicio del sanchismo, incluidas las televisiones y las radios públicas que controla La Moncloa, llevan semanas dedicadas al ático como si fuera la noticia más relevante de la política española en el presente siglo. Lo hacen con total desfachatez y sin sentir ningún rubor ético. Es algo digno de ser estudiado y que daría lugar a una magnífica tesis doctoral. En lo que hace referencia al sector público, resulta realmente escandaloso, porque refleja el sometimiento a una campaña de acoso político sin precedentes. Es lo que ha sufrido Ayuso desde el momento en que derrotó a Sánchez, Pablo Iglesias, Mónica García y sus respectivas formaciones. La Administración General del Estado tiene infinidad de instalaciones y palacios en Madrid, algo que no sucede con la Comunidad. Cuando se produce alguna obra o rehabilitación de los edificios ministeriales o de otros organismos y empresas públicas, no tienen ningún problema de utilizar cualquiera de ellos o alquilar lo que les da la gana. Es algo que pude comprobar en los tres ministerios en los que trabajé, pero además en los lujosos pisos que alquiló el Gobierno socialista para sus ministros. En cambio, Madrid no dispone de ese enorme patrimonio y el antiayusismo visceral explica la reacción ante la lógica y razonable decisión de adquirir el famoso ático. Es un tema judicialmente ridículo que confirma, una vez más, que el nivel jurídico de los sanchistas lo marcan personajes como Óscar Puente. No saben Derecho y, lo peor, es que no les importa hacer el ridículo mientras puedan manipular y desinformar. La presidenta madrileña le respondió este sábado con su habitual ingenio . En su día popularizó la frase «Me gusta la fruta», que es una forma elegante de decir lo que piensa la mayoría de los españoles. En esta ocasión fue demoledora: «Sánchez es un presidente obsesionado con la mentira y, como se ve cada día y cada minuto, obsesionado conmigo. Yo, si fuese Begoña, me mosquearía». No hay nada como la ironía para desarmar los falaces argumentos de un enemigo. La desaparición del pensamiento crítico en su entorno le está causando un grave perjuicio. Lo lógico es que alguien le dijera que todo exceso es mediocre, pero su problema es que está rodeado de pelotas profesionales y mercenarios como Óscar Puente, Patxi López, Óscar López, Fernando Grande-Marlaska, Diana Morant, Conde-Pumpido y tantos otros que han configurado una mediocre compañía de mariachis que chapotea con desbordante alegría en el lodazal sanchista. Francisco Marhuenda . Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
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