En tiempos de Franco se utilizaba el término «contubernio judeo-masónico» para responsabilizar de las acciones desestabilizadoras de la política del Gobierno de España; es ... por ello por lo que no deja de sorprenderme la vuelta a la utilización de este término o, si se prefiere, de su contenido, por el presidente Sánchez y sus voceros para calificar los sucesos de Ceuta e incluso los desastres naturales como un contubernio. Es necesario recordar lo que significa el término contubernio, pues se trata de una asociación con intereses reprobables y, en este caso, de los actores del actual contubernio: Sánchez declara que son varios, pero señala como fundamentales a Rusia e Israel, si bien oculta y salva a uno de los actores principales como es Marruecos y a algún personaje judeo-masónico con el que viene guardando buenas relaciones. De nada sirve que los países afectados reclamen su inocencia y la no intervención en los hechos y que estos países lo declaren como mentiroso y temerario, pues él declara para el consumo interno de sus seguidores en España.
Vaya por delante que, de contubernios, Sánchez es un gran experto y usuario como lo evidencia su trayectoria política y sus efectos sobre la realidad de España, pero en este caso su expresión sobre el tema evidencia su propensión a erigirse como «caudillo», negando con ello cualquier responsabilidad en lo que viene ocurriendo en la llamada crisis de Ceuta. Este caudillismo de Sánchez le hace caer en una absurda soberbia que le lleva a atacar al jefe del Estado y a la institución de la Corona en un acto de cobardía sin paragón en la historia de la España democrática.
Una de las consecuencias más graves en relación con lo ocurrido en Ceuta ha sido la crisis de defensa nacional, pues ha puesto de manifiesto las debilidades estructurales del Estado en esta materia ante una situación de ataque exterior. Las contradicciones, mentiras y cortinas de humo generadas por el Ejecutivo para tratar de ocultar su inoperancia e irresponsabilidad, cuando no traición, han dejado al descubierto las costuras de nuestra estructura estratégica en materia de información y en capacidad de despliegue de efectivos y medios para solventar la situación; daño que tardaremos en restaurar, haciendo más difícil lograr la credibilidad, seriedad y lealtad con servicios homólogos de países amigos.
Uno de los hechos más relevantes de la semana han sido las concentraciones efectuadas a favor de la españolidad de Ceuta que, dicho sea de paso, el pueblo llano aprovechó para manifestar su descontento y desprecio por Sánchez y su Gobierno, y que tuvo una segunda vuelta en las Cortes españolas. Todo ello viene a confirmar lo que ya anunciaba la semana pasada, y es que el Gobierno agoniza. Unido a ello, el espectáculo patético de los ministros de España en sus dimes y diretes, que más parecía una pelea de una corrala de gentes ordinarias o mejor, si se me permite, «un lavadero de p…» como apuntan los castizos.
La vuelta del verano nos ocupa con nuevas realidades relacionadas con las economías domésticas, pero ello no debe ocultar la flagrante injusticia de la financiación autonómica, un ejemplo más de cuál es la posición de un partido que se llama socialista y obrero, pues no duda en alinearse y proteger los mezquinos intereses de una burguesía capitalista catalana que viene vampirizando al pueblo español con privilegios y aranceles con los que engordar su bolsa a costa del pueblo español. Por cierto, ya tendremos la oportunidad de desgranar estos históricos privilegios en un artículo específico.
No sé cuándo se solucionará el alcanzar la normalidad real en Ceuta, pero ahora parece que lo importante es torpedear la labor de la justicia y buscar la trampa para ver si se pueden ir de rositas esta banda de delincuentes; pero no olviden el dicho que circuló por España en la Guerra de la Independencia: «...ya pagará el francés el vino que se bebió».
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