A veces es inteligente pararlo todo, para que todo siga…; romper la cotidiana normalidad de nuestras vidas, y durante unos días hacer lo que nunca haces.
Creo que todos deberíamos cometer, de vez en cuando, pequeñas locuras que nos mareen y terminen haciéndonos añorar el delicioso encanto de lo gris…, de lo monótono…, de lo normal.
Pero lo que me enerva y hace aflorar lo peor de mí mismo, liberando mis demonios y sus salvajes instintos, es cuando mi adorada y gris normalidad, se ve interrumpida y alterada, por el mentecato capricho de un enano mental al que ni tan siquiera conozco.
Entonces proyecto mi mente, hasta llegar al punto en que mi sueño se convierte en su peor pesadilla, para que, una vez alimentados mis demonios, pueda volver a respirar pausadamente, recuperando el amor que todo cristiano debe de sentir hacia su prójimo, y al hacerlo, bendecir al imbécil que provocó el efecto mariposa que alteró mi vida durante unos días, haciéndome evocar el dulce embrujo de lo normal; el delicioso encanto de lo gris.
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