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No aportan talento a Palacio, aportan mañas delictivas

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¿Cuál es el valor agregado de Noroña, Adán Augusto López…Enrique Inzunza, a la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum? ¿O cuál es el plus de esos tres políticos a la Cuarta Transformación? Una vez que Adán Augusto fue echado de la coordinación parlamentaria de Morena en el Senado de la República, anunció que se concentraría en la Cuarta Circunscripción electoral (Ciudad de México, Puebla, Guerrero, Morelos, Tlaxcala, para fortalecer justo a su partido de cara a las elecciones del 2027. Publicidad ¿Ha cumplido Adán con ese grave compromiso hacia el partido oficial federal? ¿Noroña, López, Inzunza, son los estadistas cuyo conocimiento de la historia, el presente y la visión de futuro en todos los renglones del ejercicio político y gubernamental, es reclamado como apoyo vital por sus compañeros de la Cuarta Transformación? Las respuestas son categóricamente negativas. Ni hay valor agregado de ninguno a Palacio Nacional ni plus a la Cuarta Transformación, ni Adán ha movido un solo dedo para fortalecer a Morena. Tampoco han sido precisamente los Tulios Cicerones, los Obamas, Lázaros Cárdenas, los Carlos Castillos Peraza. No se han acercado siquiera a tribunos medianamente aceptables. Son la antítesis de cualquier referente plausible como retóricos. Bucean, pero bajo las aguas negras. Publicidad No dan pie con bola como exponentes de su bancada cuando de sostener debates sustanciales se trata. Solo atinan a leer, mal leer, dictámenes de sus comisiones o algún pronunciamiento general. ¿O podemos llamar discursos a las verborreas estomacales de Noroña? ¿A sus conductas porriles y/o violentas? La ausencia de los tres en el segundo informe de gobierno federal debió ser un bálsamo, un alivio, para la Presidenta Claudia Sheinbaum. Son la suciedad sobre la alfombra que todo anfitrión trata de esconder entre sus invitados. Desarrollamos el domingo pasado aquí el tema del obradorismo y su ahora entre mala y pésima relación debido a que actúan como dueños de la Presidenta y capitanes de sus decisiones de gobierno. Publicidad Ahí se circunscribe el 'desaire', o el 'desdén', o el 'reto', 'desafío' de Noroña y compañía a la presidenta. Obviamente no lo hicieron porque tenga algo qué ver en su decisión su capacidad política, o el arrastre ciudadano o popular. No acudieron porque, en palabras muy de la frontera, son muy bules, fanfarrones, bravucones, cuya fortaleza en la Cuarta Transformación ha sido precisamente todo lo contrario a la decencia y a la capacidad intelectual en los ejercicios legislativos. Crecieron en sus respectivas estructuras políticas, pero desplegando todas las malas artes, toda la malicia, toda la falta de escrúpulos e inclusive mediante el ejercicio de la violencia desde bandos apartados de la ley, en connivencia de plano con grupos delictivos. Así creció hasta ser gobernador, secretario de Gobernación y senador Adán Augusto, y así subió hasta ser convertido en senador de la República, Enrique Inzunza, ahora identificado sí en el grupo político del obradorismo pero también en el Cártel de Sinaloa. Ahora queda claro que la aportación de ambos a la causa de Andrés Manuel López Obrador, más que a una causa ideológica y/o partidista como pudiera ser la 4T o el 'movimiento', (el Movimiento de Regeneración Nacional -Morena-) va apuntando en sentido inverso, la degeneración. No ha sido el aporte en pensamiento o talento, ha sido abrir paso al patriarca entre el fango de La Barredora y Los Chapitos, patrocinadores de los recursos sobrados para comprar los votos necesarios, las urnas completas, y agenciarse de 'contundentes' triunfos 'electorales', en el sureste del país, en Sinaloa, en Sonora, en cualquier territorio de la República. Indudablemente el diluvio de dinero inundó a la campaña del antecesor en ese pragmatismo que no conoce idealismos ni incómodos principios humanísticos más allá de los desplegados en discursos de coyuntura. Los héroes en las relaciones con los malos debieron ser los muchos Adanes, Inzunzas y Rochas que proliferan en la Cuarta Transformación tanto como proliferaron en regímenes tricolores y blanquiazules. Y hoy por qué se portan así de bules con la presidenta, pues porque la campaña del 2024 fue dirigida por ellos mismos, sin duda le inyectaron recursos con el mismo origen y se creen depositarios de autoridad para recordarle que su jefe es el que se fue y solo a él obedecen. Se darán cuenta del error cuando la presidenta los ponga de nuevo en su lugar. Adán Augusto no quiso entender la nueva realidad de Sheinbaum como jefa de Palacio Nacional aun después de ser removido de la coordinación legislativa de Morena; menos Inzunza con su regreso al escaño senatorial en calidad de ¡independiente! Vaya descaro y menosprecio no hacia la figura presidencial sino a la institución representada. Atrás de los dos, atrás de Noroña, atrás del obradorismo que bien puede empezar a ser llamado obradorato por el absolutismo de su régimen, justo el expresidente AMLO que ha optado por el conveniente silencio mientras sus sicarios se portan mal educados con la receptora del bastón de mando, mientras pretender ellos y todos los del equipo seguir haciendo chilar y huerto con el país. También lo dijimos la semana pasada, esa situación no puede continuar igual, concediendo el beneficio de la duda a la Presidenta, tanto porque ella carezca de ese perfil corrupto y corruptor como por sobrevivencia política de su administración. La inacción federal de fondo contra La Barredora y sus socios, con Adán Augusto a la cabeza, es lógicamente imposible que continúe y mantenerse ilesa la Presidencia de la República. Estará preso uno de sus líderes, pero intacto el entramado político que protegió y protege a dicho cártel. Mientras Rubén Rocha Moya e Inzunza anden libres como Juan por su casa seguirán siendo una amenaza, desde luego para la sociedad en virtud de su abierta alianza con Los Chapitos, pero igualmente para Sheinbaum Pardo que ha pasado de la defensa a ultranza a la tolerancia. Es innegable la extraordinaria presión de todos ellos hacia la presidencia y la presión que deben ejercer los cárteles hacia el obradorismo que les abrió las puertas de par en par en aras de hacerse del control político nacional. No hay antecedentes de espacio liberado una vez recibido el 'teléfono' para recibir órdenes. No hay vuelta atrás en esa alianza. Debe sufrir la presidenta la etapa del dilema entre su emancipación del obradorismo, retirar lo podrido de todas las áreas donde están provocando cuantiosos daños, lavar hasta donde sea posible la cara al 'movimiento' de la Cuarta Transformación, crear si no un sello propio de gobierno al menos de mayor eficacia que el anterior…O bien, aguantar el sarcasmo y las ironías del pueblo mexicano y de gobiernos extranjeros, en particular Estados Unidos, por seguir atada a López Obrador y sus pendencieros cómplices. Las circunstancias han terminado por obligarla a tomar uno de los dos caminos. Le quedan cuatro años de oportunidad.
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