Fanny Bernal Orozco * liberia53@hotmail.com
Según el diccionario de la Real Academia Española, el estigma es una marca social negativa, un prejuicio o una deshonra, que hace que una sociedad rechace a una persona y la aísle como en épocas pasadas; esta es una actitud que evidencia el desconocimiento y el irrespeto, ante situaciones que le pueden suceder a cualquier ser humano.
El señor Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, es claro en manifestar:
- 'La salud mental está cada vez más reconocida como un derecho humano universal y un elemento esencial para el desarrollo personal, comunitario y socioeconómico. Sin embargo, millones de personas en todo el mundo siguen sin disponer del apoyo que necesitan debido al estigma, la discriminación y las barreras estructurales que les impiden recibir atención'.
- ¿Y en qué momento comienza el estigma?
A veces desde los colegios, cuando los estudiantes, se dan cuenta de que un compañero de clases, toma medicamentos, comienzan las burlas y las humillaciones y lo más grave es que nadie hace nada, hay un mutismo completo de compañeros, docentes y directivos, aun teniendo conocimiento de las ofensas y el matoneo; en esas condiciones quién quiere volver a clase, y lo peor de todo es cuando estos niños o jóvenes comienzan a pensar que su vida carece de sentido.
Por otra parte, en muchos sitios laborales, los empleados que van al psicólogo o al psiquiatra, son mirados con recelo y desconfianza, es más, si son incapacitados, sienten temor de presentar dicha incapacidad a sus superiores.
Y qué tal aquello de usar la frase: 'ese es un enfermo mental', para insultar a alguien que no es del gusto de un grupo de personas; esto lo que demuestra, es el grado de ignorancia, grosería e irrespeto que se presenta con alguna frecuencia, en lo que tiene que ver con los asuntos relacionados con la salud mental.
- ¿Sabe usted, desde qué edad toman medicamentos los seres humanos para tratar la ansiedad o los trastornos de sueño?
Hace mucha falta educarnos en el respeto, la empatía y la ayuda compasiva; nadie está libre de enfermarse, de tener algún trastorno, de vivir sucesos que desacomoden la vida y de carecer de recursos económicos y emocionales para ayudarse.
Al rechazo social se suma la ignorancia que es evidente hasta en las mismas entidades de salud, que devuelven a las personas, no les explican nada a sus familias o cuidadores acerca de la atención, las precauciones; los medicamentos se demoran y no les hablan de los efectos colaterales.
Al respecto un joven de 20 años universitario, contó:
-'En esa entidad de salud, se comportaban como si yo les estuviera estorbando'.
A la enfermedad se suma además, el trato inadecuado, el señalamiento, la descalificación, la vergüenza, el miedo y la desesperanza. Es doloroso que un diagnóstico se convierta en una marca, que hay que llevar o arrastrar por el resto de la vida, aunque muchos síntomas sean solo transitorios.
Aquí surge una pregunta:
- ¿Los gobernantes de turno, se han preguntado alguna vez, cómo vive una persona con problemas en su salud mental, que no recibe apoyo profesional oportuno y adecuado?
- ¿Y qué tanto está afectada su familia, sus cuidadores y entorno social por esta dificultad?
Después del terremoto, muchas personas han quedado afectadas en su salud mental, seguirse burlando de los diagnósticos demuestra ausencia de compasión y de humanidad.
* Psicóloga - Docente titular de la Universidad de Manizales.
www.fannybernalorozco.com
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