«Se buscan mujeres entre cuarenta y cincuenta años para la realización de un estudio sobre los cambios estructurales de la próstata y el nivel de testosterona en sangre durante la andropausia. El estudio consiste en realizar una serie de analíticas y de ecografías abdominales». Sí, este anuncio me lo he inventado. ¿Se imaginan un estudio sobre la biología masculina realizado a mujeres? ¡Qué ocurrencias tienes, Elizabeth, por favor! Obviamente, ¿a quién se le ocurriría hacer un estudio en mujeres sobre hormonas u órganos de hombres? Les puedo asegurar que ninguna mujer tendría semejante idea de mierda. Sin embargo, a alguien de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), no sé si hombre o mujer (me inclino más por lo primero) se le ocurrió que era una buena idea hacer un estudio sobre la ingesta de hierro y vitamina C durante la perimenopausia, la menopausia y la postmenopausia en hombres en lugar de en mujeres y, dato importante, también les resultó oportuno no avisar en el informe -que recoge datos que no sirven- que la muestra había sido tomada en varones. Vamos, marca España. El porqué de semejante estupidez no lo sé, ya me encantaría tener tanta imaginación. La AESAN hacía recomendaciones alimentarias a mujeres en estas etapas partiendo de las necesidades que mostraban los resultados arrojados por los hombres. ¡Vamos a morir, chicas! La agencia ha dicho que va a enmendar el error que, recordemos, no debería haber cometido, después de que le sacaran los colores por semejante sandez. Este hecho no hace más que demostrar el sesgo de género que sigue existiendo en medicina (recuerden que los síntomas de infarto entre mujeres y hombres son diferentes, pero ¿tú sabes cuál es la sintomatología femenina?, yo tampoco) y en investigación (para muestra un botón).
Situaciones como las que he planteado a lo largo de este texto evidencian que las mujeres seguimos siendo invisibles. Nos han engañado con esto del «empoderamiento» porque no solo no se nos ha hecho visibles, sino que se nos han dado más responsabilidades (doble jornada laboral: fuera de casa y dentro; más un sinfín de extras que se dan por hecho por ser mujeres) para que no tengamos tiempo de tomar consciencia de la realidad: seguimos siendo ciudadanas de segunda. Les propongo un juego. ¿Se acuerdan de cuando de pequeñas jugábamos a encontrar las diferencias? Pues vamos a ello: la primera vez que se habló de las investigaciones detalladas sobre las terminaciones nerviosas del glande fue en 1860 a través de los estudios del médico alemán Wilhelm Krause. Las mujeres tuvimos que esperar hasta 1998 para que se publicara un informe sobre la estructura interna y el tamaño real del clítoris gracias a la uróloga Helen O´Conell y no fue hasta el 2005 cuando conocimos las más de ocho mil terminaciones nerviosas de este órgano. Según diferentes estudios las investigaciones en enfermedades vasculares en hombres se iniciaron en los años 90, mientras que en las mujeres sigue habiendo un sesgo en el diagnóstico y tienen un 50% más de posibilidades de recibir un dictamen erróneo.
En cuanto a los saberes en farmacología, la posología se basó en el peso y el metabolismo masculino lo que hace que las mujeres sufran entre un 50% y un 75% más de efectos secundarios. ¿Encontraron las diferencias? ¡Un gallifante! A todo esto, le sumamos que la primera vez que se probaron los productos para la menstruación con sangre real fue en el año 2023 (hace solo tres años), hasta entonces nos vendían que eran limpios y seguros según lo que demostraba la solución salina con la que hacían las investigaciones. Y todavía hay quienes se preguntan por qué motivo las mujeres estamos tan cansadas y hartas. Y como ahora hemos empezado a exigir nuestros derechos, a alzar la voz y a hacernos visibles, pues claro, aparece la ultraderecha con el machete para silenciarnos. Señores, por mucha ideología tradwife que se nos venda, por mucho que se inventen, por mucho que nos ignoren o invisibilicen, las mujeres estamos despiertas, tenemos voz y vamos a usarla. Afróntenlo de una vez.
*Escritora
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