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así titula la reciente columna de Javier Medrano (JM), publicada en Brújula Digital (01/09/2026). ¿De qué se trata este peligro que se cierne sobre la cabeza (ya apenada) de los bolivianos? 'Acumulación de una rabia contenida'.
Los motivos, lastimosamente, son diversos y sostenidos: uno, la crisis económica, que llegó en 2003 y nada augura su retiro del escenario de manera inmediata ni en el mediano plazo. ¿Llegó para quedarse? Si uno mira el comportamiento del dólar, agacha la cabeza con resignación y/o indignación.Dos, la crisis política, la bancada del PDC no se entiende ni entre ellos, ni tampoco con los ajenos. El Presidente da la impresión de pensar que quien ocupa la silla presidencial es el hoyo del queque, tal vez lo sea, pero resulta que los parlamentarios son el queque: o te amplifican o te estrangulan. Y el Gobierno parece estar siguiendo este segundo camino.Tres, la crisis institucional, (re) sentimos que todas las instituciones se han puesto a trabajar patas arriba, o sea, no funcionan de manera social, más bien son disfuncionales y lo hacen de manera antisocial. No están erguidas y de cara a la sociedad, sino hincadas a sus peores instintos y de espaldas a la sociedad.Y cuatro, la crisis moral que, con el paso del tiempo, se va convirtiendo en el Mare nostrum en el que venimos naufragando y donde despuntan varias autoridades por su exageración viciosa. Y claro, si en las alturas institucionales no se da ejemplo, abajo, en las galeras institucionales, cunde el mal ejemplo.JM hace un aporte analítico valioso y tal vez por esa rendija pueda despuntar el sol nacional: los partidos políticos. ¿Qué dice? 'Han perdido su identidad, han sido capturados por individuos y se han fragmentado al máximo'. Y todo esto se encuentra in extremis para colmo de males. Pero desde ahí tenemos que remar hasta la costa.El Tribunal Supremo Electoral acaba de anunciar una reforma electoral integral. La iniciativa es positiva, nada peor ante una crisis que cruzarse de brazos y dormir la siesta del fauno. Anuncia que convocará a talleres a nivel nacional, donde a los bolivianos nos tocará arremangar las ideas.Uno de los objetivos de esa reforma deberá ser recuperar, fortalecer, institucionalizar a los enclenques partidos actuales, y fomentar la aparición de otros nuevos y robustos; porque sin buenos partidos no habrá ni buena democracia ni buen gobierno. Y seguiremos ahondando el naufragio nacional.
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