Por qué la fijación de hacer siempre las cosas mal, por qué no se puede tomar una sola decisión sin que se violente la ya ultrajada Constitución.
Comenzamos mal, la primera decisión conjunta de la mesa de diálogo arranca con una pata coja y no es simpleza o nimiedad, es nada más y nada menos que una acción inconstitucional que contraría el espíritu del artículo 270 de la Constitución.
Al parecer la vulneración a la Constitución es un requisito esencial para los cambios democráticos en Venezuela, muchos consideran aún que aquel proceso Constituyente de finales de los noventa fue una violación flagrante a la Constitución del 61, puesto que no se contemplaba en ella tal proceso, fue para algunos una ficción política que entró por una rendija ilegal e inconstitucional, pero que trajo indefectiblemente una nueva Constitución, la que años más adelante se convirtió en simple papel para los que impulsaron su creación.
En vísperas de esa transición ofertada por ambos bandos como el inicio del cambio democrático, observamos que tal como sucedió en aquellos tiempos pre Constitución Bolivariana, ese primer impulso tomado con buenas intenciones se hace también desde lo inconstitucional, lo que nos lleva a preguntarnos por qué la fijación de hacer siempre las cosas mal, porqué no se puede tomar una sola decisión sin que se violente la ya ultrajada Constitución, y la respuesta al menos la mía, es sencilla: por razones de repartición del poder.
El artículo 270 de la Constitución es claro como la luz meridiana del sol: 'el comité de postulaciones Judiciales estará integrado por representantes de los diferentes sectores de la sociedad, de conformidad con lo que establezca la ley' . Por ningún lado se establece que los diputados puedan conformar dicho comité, y no lo dice por una sola razón: el sistema judicial debe ser el resultado de una expresión puramente ciudadana, porque la forma de Justicia que se diseñó en esta Constitución, es una Justicia de eminente participación ciudadana, entendida ésta como la verdadera esencia de control al ejercicio punitivo del Estado, por tanto no hay espacio para el control político, elemento con el que hemos luchado férreamente en estas casi dos décadas, pero que insiste en perpetuarse y ello parece ser el deseo de 'ambas partes dialogantes'.
La Venezuela política históricamente ha sido bipartidista, más allá de lo variopinto con lo que se adornan los tarjetones electorales, al final del día todos tiran la cuerda del lado que le acomoda, y ese ha sido a mi parecer, el maleficio con el que fuimos conjurados, la necesidad de repartirnos todo, los cargos, los municipios, los estados, las riquezas y hasta los males como por ejemplo las ilegalidades: violemos juntos la constitución once diputados ustedes y doce diputados nosotros, para que luego no se diga en el futuro que esa violación no fue consensuada, o para que nadie se dé cuenta que más que una Transición lo que opera es una Transacción.
La opinión de la sociedad civil sigue siendo una asignatura pendiente para todo lo urgente que hay que atender en esta creación de un nuevo estado, los gremios siguen exigiendo su participación protagónica que le otorga la Constitución, no puede ser que la opinión de la masa calificada siga siendo tratada como un requisito más, que se reemplaza o supedita una y otra vez de manera insolente, menos aún que se sacrifique por la urgencia, como ya es costumbre en Venezuela, apelar a lo urgente para saltarnos las legalidades.
Lo peor de esta fallida maniobra es el intento de justificarla como ya lo hacen de lado y lado, uno escucha perplejo el discurso de la 'flexibilización' de algunas restricciones de orden legal, al parecer como que le tomaron el consejo al señor aquel de doblarse para no partirse, y lo expresan desde la certeza de que la Constitución esta hecha de algún tipo de material flexible o maleable.
Pero el ciudadano no es tonto, las casi dos décadas de violencia estadal le ha forjado el carácter, lo ha hecho madurar social y políticamente y le ha dotado de una visión crítica y asertiva, lo que le ha permitido establecer pronósticos efectivos, con el que visualizan desde ya a ese TSJ, con Magistrados que respondan a un lado y al otro que los postuló y escogió y no es imaginación, acaba de ocurrir con la escogencia del Fiscal General y el Defensor del Pueblo, terminaron escogiendo a sus fieles por encima de los calificados.
Pero lo hecho, hecho está, no hay vuelta de página ni marcha atrás, corren tiempos políticos vertiginosos y hay que continuar con la hoja de ruta impuesta desde el extranjero, espero que no todo sea pérdida, que de todas estas malas prácticas se rescate algo de dignidad, de moral y ética, de civilidad y decoro, imploro a la providencia que en esta ocasión al menos se escojan a los mejores, observo en la lista de postulados a algunos excelentes profesionales de los que conozco su intachable composición profesional y ética, le pediré a Vallita en esta semana de su aniversario nos haga el milagrito.
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