La pregunta es hasta dónde es capaz Pedro Sánchez de arrastrar a su partido por el bien de su buen nombre. De entrada, no creo en la maldad de los políticos. La gestión de la cosa pública obliga a la mayoría de dirigentes a hacer cosas estúpidas y sin sentido, pero de entrada no estamos ante malas personas retorcidas. Así, la decisión de Pedro Sánchez de aguantar su Gobierno hasta más allá del final sin convocar elecciones es más un error estratégico que «malafollá», genuina expresión andaluza que viene a calificar a alguien de torpe y sin gracia.
El presidente jamás tuvo un enorme gracejo, sí buena presencia. Sus andares lo demuestran. Camina con seguridad no fingida, que debe estar provocada por su altura. El andar de un jugador de básquet. Y los trajes le quedan bien. Sin embargo, todas estas bondades no son óbice para que la afirmación sobre agotar la legislatura al máximo sea una buena decisión, ni para su futuro político, ni para su partido. Claro que la expresión «adelanto técnico» tiene mucha enjundia, y pronunciada por Sánchez mucho más, teniendo en cuenta su histórico desde que aseguró que ni indultos, ni amnistías y ya lo ven lo que ha dado de sí todo ello.
Mantengo que los mejores meses para convocar elecciones son los que rodean la primavera, teniendo en cuenta que las próximas elecciones municipales en España se celebrarán el 23 de mayo del próximo año. De entre todas las opciones, las de hacer coincidir las generales con las municipales o agotar legislatura, la posibilidad primaveral es la opción más habilidosa y que no intoxica supuestos resultados. No olvidemos que fueron los malos registros del PSOE en las últimas municipales lo que provocó el adelanto unos seis meses de las elecciones generales.
La derecha da por muerto políticamente a Pedro Sánchez. Menuda tontería y más con las respuestas comunicativas de los populares. Los gurús de Moncloa son buenos. De entrada, gracias a la tremenda crisis con Ceuta no se habla ni de las joyas de Zapatero, ni de sus movimientos sospechosos con Venezuela, ni de las chicas de Ábalos, ni de los trapos sucios de Cerdán. Claro que volverán, pero el verano, siempre abierto informativamente a serpientes venenosas, ha pasado por dos únicos temas: Ceuta y el ático de Ayuso, claro. Dos temas no con el suficiente calado como para hacer cambiar a un votante socialista de toda la vida su opción de voto o, en todo caso, a hacer cambiar la papeleta. Magia potagia.
La cintura del presidente es de 360 grados. Capaz de girar sin inmutarse hacia el lado que se quiera, con las compañías necesarias. Pero lo de elecciones generales en julio es de suicidio, sobre todo después de que el poder municipal y autonómico de los populares se desborde por ciudades y comunidades, dejando un sabor demasiado amargo para los socialistas. El mago Sánchez no podrá encomendarse ni a Juan Tamariz en el paraíso de los trucos. Claro que lo certero es siempre incierto y el presidente puede hacerse amigo hasta de Feijóo para seguir liderando lo que sea. Es capaz
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