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Por un buen POT para Cali

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Hace ocho días, transcurridas tres semanas después de que la onda sísmica se paseara por Cali dejando su impronta asesina, se celebró una mesa ampliada de participación sobre el nuevo Plan de Ordenamiento (POT). El evento fue organizado por el Consejo Territorial de Planeación, organismo que ha asumido con pasión, rigor y espíritu de apertura democrática el estudio de aquella iniciativa. Los asistentes fuimos sorprendidos de entrada por una declaración formal que hicieron los representantes de Planeación Municipal, que reflejaría además el pensamiento de las directivas del organismo. Los funcionarios mencionaron reiteradamente una línea roja autoimpuesta, según la cual, en ningún caso se permitirá la celebración de nueva concertación medioambiental fuera de la ya acordada con la CVC desde el pasado mes de mayo. Cuatro meses antes de que la naturaleza revelara la amenaza mortal que yace bajo nuestros suelos. Me pareció desafortunado lo que escuché porque vivimos un momento de inflexión en la historia del desarrollo caleño. El terremoto, a pesar del dolor por las víctimas y el desastre material, crea la oportunidad para repensar nuestro modelo urbano; construir desde el intercambio atento y sin preconceptos que aprecia e incorpora las opiniones de otros ciudadanos, funcionarios y gremios. Lo dicho debería estar llevando, bajo las circunstancias existentes, a prever territorio confiable para habitar, nuevos espacios que no divorcien abruptamente a los caleños de la naturaleza, sino que articulen la presencia humana con la sostenibilidad ambiental. Esta opinión se ilustra al considerar que el proyecto de POT contiene una propuesta de ocupación y densificación urbana que desprecia los suelos firmes del pie de monte y ladera tan apreciados en otras urbes del mundo, mientras concentra la renovación urbana, la redensificación y las zonas de expansión sobre terrenos aluviales que tienen limitantes estructurales. Peor aún es que esta actitud se haya justificado con estudios desactualizados e inexactos, despreciando los análisis aportados en el marco de la participación ciudadana. Los caleños necesitamos que se despeje de una vez por todas una preocupación esencial. Esta surge de la percepción que tenemos muchos en el sentido de que el proyecto de POT 'preterremoto' no considera el más importante de los referentes: nada más ni nada menos que la voz de la tierra. La misma que hablara con fuerza implacable y crueldad aterradora el pasado diez de agosto. Los únicos paliativos propuestos por el POT ante esa naturaleza que dispensa sismicidad, terremotos y tragedia son la revisión de la normativa urbanística referente a usos del espacio en las zonas desastradas y la insistencia en que se respeten las especificaciones constructivas. Una cuestión que quedaría a cargo de inspecciones urbanas cuya ineficacia tradicional es testimoniada por los muertos, los heridos y el número inmenso de edificaciones afectadas o destruidas. Pero las inquietudes ante el proyecto POT no se circunscriben a lo mencionado. Hay otros aspectos que merecen ser objeto de examen y me refiero solo a algunos: 1- Las cargas urbanísticas excesivas y los pagos adicionales que se plantean para ganar edificabilidad o acceder a mejores usos y aprovechamientos pueden representar un duro golpe a las actividades urbanísticas y constructivas. Al aumentarse notoriamente los costos y disminuir los márgenes, se harán inviables muchos cierres financieros, ralentizando la actividad constructiva en el momento que más se necesita. 2- Hay señas claras de falencias en los trámites aprobatorios del proyecto de POT. Estos se relacionan con la deficiente socialización exigida, entre otras, por la Ley 2273 de 2022, la cual incorpora el Acuerdo de Escazú, y con la falta de publicación oportuna de algunas de las piezas documentales exigidas dentro del procedimiento. 3- ¿Cuál es la razón para que se proponga sacar de Cali hacia otros municipios más de sesenta mil de las viviendas requeridas para atender el déficit habitacional? ¿Acaso esa exclusión no le implica al Distrito una cuantiosa pérdida de ingresos fiscales en materia de impuestos prediales y tasas? ¿Será que se ha tenido el cuidado de evaluar el impacto de esa cesión de mercado sobre el desarrollo comercial y los ingresos futuros de Emcali? ¿No sería más sensato y favorable esforzarse por solucionar las necesidades de vivienda mediante la expansión urbana en nuestro Distrito, aunque eso implique celebrar una nueva ronda de la tan temida concertación ambiental? La elaboración de un buen POT para Cali requiere diligencia, pero también prudencia. Por eso, tras la deseable extensión del plazo para su aprobación por parte del Tribunal Contencioso, el asunto se debe escalar. Esto significa convocar otros actores y enfoques, incluir lo mejor de las experiencias nacionales e internacionales en la materia y hacerlo objeto de un gran consenso ciudadano. Pero el papel dinamizador del proceso tiene que estar a cargo de un alcalde o alcaldesa ad hoc, cuya designación se ha demorado inexplicablemente. Ojalá se trate de una persona con visión integral, carácter e independencia, capaz de sopesar las distintas propuestas y miradas, escogiendo las mejores soluciones que podamos soñar.
Por un buen POT para Cali
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