6 de septiembre de 2026
Para aquellos que aún no conocen el término, sea lo primero explicar el concepto de sibarita. Según la RAE, es aquella persona que se trata, así mismo, con mucho regalo o refinamiento. Esta puede ser una de esas palabras que se usan de manera clasista y con profundo propósito de reproche. Evoca el gusto por lo refinado, la comodidad, los buenos lugares, los mejores productos, aquello que no todos pueden permitirse. Pero quizá podamos darle otra lectura cuando hablamos de quien ha sido elegido para gobernar una Nación.
Para aquellos que aún no conocen el término, sea lo primero explicar el concepto de sibarita. Según la RAE, es aquella persona que se trata, así mismo, con mucho regalo o refinamiento. Esta puede ser una de esas palabras que se usan de manera clasista y con profundo propósito de reproche. Evoca el gusto por lo refinado, la comodidad, los buenos lugares, los mejores productos, aquello que no todos pueden permitirse. Pero quizá podamos darle otra lectura cuando hablamos de quien ha sido elegido para gobernar una Nación. Quiero pensar que un presidente al que le gusta lo mejor también puede querer lo mejor para su patria. Porque querer lo mejor supone, ante todo, no conformarse con la mediocridad. Exigir calidad; reconocer que una obra pública debe soportar el tiempo y la naturaleza; que un hospital debe funcionar; que una escuela debe ofrecer condiciones dignas, y que una carretera debe construirse con los mejores materiales porque el Estado debe prestar servicios a la altura de las necesidades de sus ciudadanos. Séneca dejó una frase que usaré especialmente para esta ocasión: 'Suerte es lo que sucede cuando convergen la oportunidad y la preparación'. Colombia está ante una nueva oportunidad, y Abelardo de la Espriella tendrá la responsabilidad de demostrar si está preparado para aprovecharla. Espero que sea un buen gobernante e invito a concederle el beneficio de demostrar que su gusto por lo mejor puede convertirse en una exigencia de refinamiento para Colombia. Gobernar bien también consiste en tener buen gusto, si lo entendemos como la capacidad de distinguir entre lo que apenas cumple y lo que realmente funciona. Colombia no necesita un presidente que quiera que todos vivamos como él. Necesita uno que quiera que todos podamos vivir mejor. Y si el presidente de los colombianos tiene gusto por lo mejor, ojalá esa inclinación no se quede en su vida personal y se traslade al ejercicio de lo público. Ojalá se convierta en una exigencia del Estado. Mejores instituciones, mejores servicios, mejores oportunidades y un país que deje de acostumbrarse a recibir menos de lo que merece. Que no acepte una infraestructura mediocre, que, por fin, las VIS sean casas dignas y antisísmicas. Estos serían los milagros. Me hace ilusión pensar que bajo este gobierno pueda transformarse la vida en Chocó, La Mojana, y de todos aquellos territorios en donde las brechas siguen abiertas como las venas de todo lo que arrastra la corrupción. De antemano sabemos que no podrá hacer milagros en los 32 departamentos. Pero habrá que mantener la fe intacta en que lo va a intentar.
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