Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,15-20):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.» Palabra del Señor
No olvidemos que el evangelio de San Mateo quiere presentarnos a un Jesús como nuevo salvador, como el nuevo Moisés que trae la liberación a su pueblo al que ha descubierto como esclavo de los intereses de los egipcios. Sin embargo, esa situación sigue haciéndose realidad por tantas esclavitudes que no nos permiten ser verdaderas personas, íntegras, felices y abiertas hacia los mejores ideales que Dios nos ha ofrecido desde aquel día en que, en el mismo Génesis, en su proyecto de amor, a favor de nosotros, decía el mismo Dios: 'Crezcan, multiplíquense y dominen la tierra'… sólo que ahora nuestra esclavitud puede ser la misma forma de ver la vida y de las necesidades que, de por sí no existen y que nosotros hemos hecho indispensables en nosotros y que se han convertido en esclavitud, es el caso del tiempo que pasamos ante los medios digitales, los viajes, las comodidades y/o el consumismo de cosas superfluas y, el olvido que hemos tenido de nuestros hermanos más necesitados y en situación sumamente vulnerable… Necesitamos constatarlo y que alguien se acerque a nosotros y nos vuelva a preguntar, como en aquel entonces, Dios lo haría con Caín: '¿En dónde está tu hermano?'
El Papa Francisco, al inicio de su pontificado nos recordaba las obras de misericordia, las espirituales y las materiales, y una de ellas nos afirma, hay que 'corregir al que yerra, al que se equivoca' y, la verdad nosotros hemos querido pasar de largo ante ello, porque además de ser penoso y tener el riesgo de algún reproche o algún 'qué te importa', nos conviene justificarlo diciendo: 'ya está grande, ya sabe lo que hace, no es ese mi problema'… y nos lavamos las manos como aquel personaje del Evangelio que en aquél tiempo prefirió no comprometerse y decirle a la gente que él no tenía nada que ver en el sacrificio y muerte del Redentor.
Hoy debería de recapacitar y de recordar que el Dios que tenemos es verdaderamente incluyente, que nos quiere y nos acepta a todos, como somos, pero que no nos abandona a nuestra suerte, que está siempre cercano para seguirnos señalando el camino y, si nos desviamos nos lo dirá, sin voltear su mirada para otro lado y, lo hace porque su amor es verdadero y el cuidado por nosotros es real… 'No se lava las manos', como lo hemos hecho nosotros… Por eso, la aceptación y el respeto de aquellos que nos rodean no se aleja del compromiso que tenemos de corregirlo, cuando se equivoca, precisamente por ser nuestro hermano… Y esto, no es otra cosa que seguir aceptando las oportunidades que todos los hombres tenemos de corregirnos y de enderezar el camino cuando hemos descuidado el itinerario señalado por Jesús. Cuánto nos hace falta querernos y aceptarnos como Dios nos ha querido, aceptando las dos vertientes que nos definen: 'ser verdaderos hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza… pero, pecadores' Así que habrá que aceptarnos como personas de una vocación divina, pero con una debilidad (el pecado) que nos aleja de ser verdaderamente ese ser que Dios pensó, pero que siempre está en el deseo y en el amor de nuestro Dios.
Nos queda sólo un detalle, no olvidar que en donde dos o tres nos reunimos en su nombre, ahí estará con nosotros nuestro Dios… Pidámosle a Dios que nos ayude a saberlo amar y valorarlo a Él y a nuestros hermanos, para que nos hagamos solidarios y acompañantes en su itinerario de la vida, para que aceptemos darles la palmadita de aprobación o la 'jalada de orejas' cuando lo requieran, que para eso somos hermanos…
¡A disfrutar la presencia de Dios en la Misa y en la familia!
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