Jesús Lens
Granada 06/09/2026 a las 23:02h.
Me pongo muy nervioso cada vez que leo lo de 'guerra híbrida', sea aplicado a lo de Ceuta y Marruecos y, sobre todo, a las ... injerencias de Putin en Europa, la del Este y no sólo aquella, que por aquí también se dejan sentir sus efectos. De hecho, están muy relacionadas ambas hibridaciones. No sé si se lo he contado alguna vez, pero a mí, los coches, plim. Creo que no hay un tema que pueda aburrirme más. Ahora, sin embargo, casi preferiría un seminario, una ponencia marco o unas jornadas técnicas sobre las ventajas de los coches híbridos frente a los convencionales que seguir profundizando en el pozo sin fondo de las guerras híbridas. Y miren que me gusta la geopolítica, pero se empieza por la guerra híbrida, la fría o de baja intensidad y a saber usted dónde termina la 'broma'. Híbridos que sí me gustan: los de comer. Como los paraguayos. O los bimis que tanto y tan bien se dan en nuestra vega. Si nos ponemos a hibridar, que sea para bien. O en la ficción. Entre géneros. Hace unas semanas les hablaba de un concepto heredado de los anglosajones: dramedia, híbrido entre drama y comedia. Y me decía una atenta lectora que no era necesario tirar de neologismos. ¿Por qué olvidar la tragicomedia de toda la vida? ¡Touché! La de Calixto y Melibea, sin ir más lejos. Melopea, había escrito, por hacer la broma. Pero no quiero que me tiren de las orejas los guardianes de las esencias. Y eso que, como juego de palabras y conceptos, da juego. Pero vamos a no pisar charcos tan pronto, que sólo es lunes. Las hibridaciones musicales, cuando suenan bien, también me flipan, ya puestos. Y no de droga. ¡Miren que me gustan los mestizajes y las mezclas! Pero las bélicas, como les decía, me ponen nervioso. Fíjense que incluso cuando se habla de 'guerra cultural' me revuelvo en el asiento, tó incómodo. Sé que existe y se practica, que no me he caído de un guindo. Pero me da cosilla. ¡Aunque a veces hay que ser beligerantes! En ese sentido, tomaré pronto el testigo de la columna televisiva de ayer de mi querido José Enrique Cabrero sobre Viuda Negra. Si aún no la leyeron, ¿a qué esperan? ¡Haya paz, de la de siempre o, al menos, híbrida, si tal existe! Pero que sea duradera. O perpetua, como vaticinaba el iluso de Kant.
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