Cada informe de gobierno tiene dos versiones: la que se lee en la tribuna y la que se descubre en la glosa. La primera la celebran sus simpatizantes, la segunda la exige la crítica. Este segundo informe, envuelto en cifras optimistas, está a punto de encontrarse con el único ejercicio parlamentario que no admite relato, solo evidencia.
Como diputada federal opositora por Veracruz, no llego a esta discusión con la comodidad de quien solo observa. Llego con la responsabilidad de una abogada formada para argumentar, de una veracruzana que conoce el costo real de cada promesa incumplida y de una legisladora convencida de que representar no es acompañar al poder, sino vigilarlo. Mi compromiso con Veracruz no se mide en discursos: se mide en preguntas incómodas hechas a tiempo y en la exigencia permanente de que los recursos públicos lleguen a quienes los necesitan, no a quienes los administran con opacidad.
En la instalación de este periodo ordinario, el presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno, fijó una postura que trasciende el ritual protocolario y se convierte en hoja de ruta para el grupo parlamentario del PRI en el Senado y en la Cámara de Diputados.
Con precisión poco común en la política mexicana actual, denunció que este gobierno protege, encubre y exonera a funcionarios y
gobernadores requeridos por autoridades extranjeras, y advirtió que instituciones como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el Instituto Nacional Electoral operan hoy secuestradas por el poder que deberían vigilar. No fue un discurso de ocasión, fue un diagnóstico que exige consecuencias legislativas.
Pocas veces un posicionamiento parlamentario logra, en apenas unos minutos, nombrar con tanta claridad lo que otros prefieren eludir con eufemismos.
Ese diagnóstico es, precisamente, el punto de partida de la glosa que viene. Porque no basta con señalar el pacto entre el poder y la impunidad: hay que exhibir sus mecanismos. Cada partida presupuestal sin explicación clara, cada nombramiento hecho a modo, cada silencio oficial ante un señalamiento internacional. La glosa no es un debate sobre adjetivos, es una auditoría sobre hechos.
Un gobierno que confunde bienestar con propaganda tarde o temprano se topa con sus propias cifras. Y una oposición que confunde prudencia con silencio deja de ser oposición. Por eso, en las próximas semanas, desde la tribuna federal, vamos a desdoblar cada uno de los pendientes que el informe prefirió omitir: los avances reales en seguridad, el destino puntual de los recursos etiquetados para los estados y la rendición de cuentas de quienes hoy se sienten intocables por señalar hacia dentro.
La verdad de un gobierno no se mide por lo que presume en la plaza pública, se mide por lo que resiste en la glosa. Y ese examen, guste o no, ya viene en camino.
POR LORENA PIÑÓN RIVERA
DIPUTADA FEDERAL
X: @lorenapignon_
MAAZ
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