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José Martínez Olmos

Otro curso sanitario

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Septiembre tiene algo de comienzo de año. Terminan las vacaciones, recuperamos las rutinas y vuelven los problemas pendientes antes del verano. En lasanidad española y andaluzaocurre algo parecido. Comienza un nuevo curso con una agenda cargada de asuntos importantes, algunos conocidos desde hace demasiado tiempo. Sabemos cuáles son los principales problemas de nuestrosistema sanitario. Lo que necesitamos es avanzar en las soluciones. El primero tiene que ver con losprofesionales sanitarios. Necesitamos mejores condiciones laborales, pero también saber cuántos profesionales requeriremos, de qué especialidades y dónde serán necesarios durante la próxima década. El envejecimiento de las plantillas, las jubilaciones, las dificultades para cubrir determinados puestos y los cambios tecnológicos obligan a una verdaderaplanificación estratégica de recursos humanos. La distribución de competencias entre profesiones también deberá adaptarse a este nuevo escenario. El segundo desafío es consecuencia de uno de nuestros mayores éxitos colectivos: vivimos más años. Pero una población más longeva significa también máscronicidad, pluripatología, dependencia y necesidad de cuidados. Nuestro sistema continúa organizado alrededor de la enfermedad aguda, el hospital y el episodio asistencial. La cronicidad exige continuidad, unaatención primaria fuerte, coordinación entre niveles, atención domiciliaria y mayor integración entre los servicios sanitarios y sociales. Adaptar el sistema al envejecimiento significa cambiar la organización de la atención y desplegar lasestrategias de cronicidad en Andalucía y en todo el SNS. Un tercer asunto será lapolítica farmacéutica. España revisa su legislación sobre medicamentos mientras lainnovación biomédicaavanza a enorme velocidad. Terapias génicas y celulares, medicamentos personalizados y nuevos tratamientos ofrecen oportunidades extraordinarias, pero también interrogantes sobre su financiación. El debate no puede reducirse a cuánto estamos dispuestos a pagar. Hay que preguntarse cuánto valor aporta cada innovación, qué resultados consigue en condiciones reales y cómo garantizar a la vezacceso y sostenibilidad. Evaluar mejor, negociar mejor y vincular parte de la financiación a los resultados debería formar parte de una política moderna. La innovación es imprescindible, pero no a cualquier precio. El cuarto desafío será lainteligencia artificial en sanidad. Hemos hablado mucho de sus posibilidades; ahora toca hablar de su utilización real. Puede mejorar el diagnóstico, ayudar a seleccionar tratamientos, reducir tareas administrativas, anticipar riesgos y facilitar la investigación. El debate ya no consiste en si utilizaremos IA, sino en cómo hacerlo concalidad y equidad. La tecnología debe aumentar la capacidad de los profesionales, no sustituir la relación humana. Debemos garantizarprivacidad, seguridad, transparencia y evaluación de los algoritmos. Incorporar IA sin una estrategia de gobernanza sería tan irresponsable como renunciar a utilizarla. Hay además una asignatura que nunca debería desaparecer de la agenda: lasalud pública. Las pandemias recordaron su importancia, pero no puede adquirir protagonismo solo ante una emergencia. Prevenir el tabaquismo, afrontar la obesidad, reducir el impacto delcambio climático en la saludy combatir lasresistencias antimicrobianasresulta menos visible que inaugurar un hospital, pero puede producir muchos más años de vida y de buena salud. La puesta en marcha de laAgencia Estatal de Salud Públicadebería contribuir a reforzar esa capacidad de anticipación y respuesta. Sobre estas bases debería impulsarse unfortalecimiento real de la atención primariapara cumplir el papel que debe jugar en un sistema sanitario moderno, eficaz y equitativo. Todos estos desafíos conducen finalmente a una cuestión probablemente menos atractiva para la opinión pública, pero decisiva: lagobernanza del Sistema Nacional de Salud. Tenemos un sistema descentralizado y eso no constituye necesariamente una debilidad. ElConsejo Interterritorial del Sistema Nacional de Saluddebería evolucionar desde un espacio fundamentalmente de coordinación hacia un verdadero instrumento decogobernanza sanitaria. Necesitamos compartir información, comparar resultados, evaluar políticas y aprender de quienes obtienen mejores resultados. La diversidad puede ser una oportunidad para aprender si somos capaces de evaluar; sin evaluación, puede convertirse simplemente endesigualdad sanitaria.
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