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Eduardo López Alonso

La amenaza de la IA, criptos y geopolítica

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En España se han autorizado 20 proveedores de servicios de criptoactivos (14 especializados y seis entidades de crédito) y otras 16 solicitudes se encuentran en trámite, según divulgó el pasado domingo la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Extraño día de la semana para transmitir notas de prensa, con datos que formaban parte de la última línea de un comunicado de la CNMV. Ese comunicado también informaba de que la estabilidad financiera de los mercados españoles es sólida pero «los riesgos tecnológicos y de implantación de la inteligencia artificial requieren seguimiento». Simple advertencia ante una creciente alarma por el rápido desarrollo de la IA y sus temibles repercusiones en ciberseguridad y el mundo blockchain. En solo unos meses la IA ha pasado de ser gran disrupción a amenaza creíble para el sistema financiero. Ya han sido varios casos en los que los denominados agentes (programas de IA agéntica dotados de autonomía en la búsqueda de soluciones a problemas planteados) han logrado descontrolar sus procesos y sus objetivos más allá de lo previsible. Incluso acceder a internet desde una red desconectada de la web. El caso Hugging Face, por el que programas autónomos de OpenAI accedieron sin permiso a los servidores durante unas pruebas internas de seguridad, sacude los cimientos del desarrollo de la IA. Unos 1.200 agentes encontraron la manera de comunicarse y 700 de ellos realizaron un a entrada ilegal en los servidores de Hugging Face a la búsqueda de información. Hugging Face funciona como una gran biblioteca pública de inteligencia artificial, donde empresas y desarrolladores de todo el mundo suben y descargan modelos ya entrenados. OpenAI anunció la semana pasada que ha reforzado sus medidas de seguridad en respuesta a este incidente. Pero es una constatación difícil de rebatir que si programas de OpenAI fueron capaces de operar sin supervisión, otros programas de IA de otros desarrolladores serán capaces de protagonizar ciberataques temibles si caen en manos inadecuadas. La IA será en breve (o ya lo es) una mina de oro para los «hackers» y el universo de criptoactivos oculto al fisco puede estar en su objetivo prioritario. En un mundo de geopolítica convulsa, la IA se desarrolla en mal momento. Aquello de que las criptomonedas llegaban para retar a las monedas convencionales dependientes de bancos centrales ya no cuela. El criptomundo forma parte del contexto financiero que viene y su integración es ya una realidad, con más o menos matices. Las criptomemes son chistes virtuales y transitorios, pero el resto del universo blockchain es muy serio y útil. Muchos ya son instrumentos sofisticados de inversión que el respaldo institucional hace ya sistémicos. Y algunos protagonistas del sector ya advierten de que la nueva etapa abre expectativas de negocio para todos y especialmente también para la banca tradicional. La cuestión ya no es qué activos digitales pueden ofrecer las entidades, sino qué infraestructura necesitan para hacerlo de manera segura, escalable y conforme a la regulación. Hasta los más profanos van a invertir en criptomonedas como un producto bancario más. El nivel de riesgo de cada inversión variará («stablecoins», criptomonedas varias o «tokens» diversos) pero lo que es seguro es que los niveles de seguridad del ecosistema se incrementarán o deben incrementarse ante el reto de la IA más descontrolada. Ya no serán antisistema los criptoadictos, serán los ciberdelincuentes armados con IA. Y la casi madurez de blockchain llega precisamente en momentos de una tensión geoestratégica con aires de continuidad. La presión monetaria coincide con un aumento del riesgo geopolítico, el repunte del precio del petróleo, presiones inflacionarias y expectativas de subida de tipos de interés. El oro es santo de devoción de los ricos, el tradicional recurso de protección frente a inestabilidades parece también instrumento de inversión especulativa, lejos de la inversión virtual del mundo cripto. Y en medio de esta amenaza de la IA, esta semana China y Rusia estrechan sus lazos. Los presidentes de China y de Rusia ensalzaron la relación bilateral durante una reunión en Kirguistán, en el marco de una cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), un bloque que busca contrarrestar la influencia de Occidente. En el encuentro en la capital de Kirguistán, Biskek, también participaron el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, el de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y los primeros ministros de India, Narendra Modi, y de Pakistán, Shehbaz Sharif, entre otros. El presidente ruso, Vladímir Putin, afirmó al reunirse con su homólogo chino, Xi Jinping, que «la cooperación estratégica entre Rusia y China constituye un modelo de relaciones entre estados». Es el mundo multipolar que quiere presentar un frente unido contra Occidente. El encuentro de Kirguistán consolida el plan de ruta del petroyuán, que pretende reducir el peso del dólar para el eje asiático, que concentra el 40 % de la población mundial y más de un tercio del PIB global en paridad de poder adquisitivo. El objetivo no será logrado de manera inmediata. Aunque más del 90% del comercio energético entre Rusia, China e Irán ya se liquida al margen del dólar (en monedas locales), el dólar sigue siendo la herramienta de liquidez fundamental en el mundo. Pero la guerra entre EEUU e Irán puede acelerar los intercambios de divisas por otras vías. China utiliza la Bolsa de Petróleo y Gas Natural de Shanghái (SHPGX) para fijar precios y liquidar contratos en petroyuanes, mientras las entidades financieras cruzan los sistemas nacionales de mensajería (el sistema CIPS chino y el SPFS ruso) para operar con total independencia de la red SWIFT. La arquitectura financiera multipolar ya es una realidad y va a más bajo el paragüas de una red de intercambios euroasiática basada en divisas nacionales, criptomonedas, pactos de compensación bilateral o mecanismos al margen de reguladores occidentales. Y por si fuera poco la desconfianza que genera la IA, la revolución robótica humanoide es la puntilla virtual contra cualquier ciudadano alérgico a los cambios. El dueño de Space X y Tesla, Elon Musk, aseguró este martes que en solo 10 años los robots humanoides superarán la productividad de todos los humanos en la tierra. Lo ha dicho en el marco del G-20. Calcula que habrá en torno a mil millones de robots con forma humana y que serán cinco veces más productivos que cualquier ciudadano. Y como en la IA agéntica, los robots serán capaces de fabricar a otros robots, lo que hará que el crecimiento sea exponencial. En este entorno hay que dar la razón a los chartistas que se fijan en las relaciones entre oferta y demanda para tomar sus decisiones de compra. Seguir el influjo de una coyuntura económica instalada en la inestabilidad internacional creciente no efectivo. Pero ni siquiera el vil metal será refugio suficiente para el mundo que viene, más disgregado y más conflictivo que durante la era de paz relativa abierta tras la segunda guerra mundial.
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