Dedico: a Pedro Grima y José Fleitas.
Antes de comenzar es importante aclarar qué significa 'utopía tópica', porque esa aclaración nos permite situar el contexto e intencionalidad de la propuesta que hemos venido haciendo durante mucho tiempo y que pareciera no ser entendida ni valorada 'muros adentros y muros afuera' de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora, UNELLEZ. La expresión no es una categoría única y completamente estandarizada, por lo que su significado preciso depende del autor o del texto donde aparezca. Sin embargo, suele emplearse para contrastarla con la etimología tradicional de utopía. La palabra 'utopía', procede del juego de palabras griego entre ou-topos ('no lugar') y, según otra lectura, eu-topos ('buen lugar'); el calificativo de 'tópica', proviene de tópos, que significa 'lugar'. Así, mientras la utopía clásica parece ser un no-lugar, una utopía tópica sería una imaginación de sociedad (o hecho institucional) mejor situada en un espacio reconocible, territorial, histórico o culturalmente determinado. Las características de una utopía tópica parte de que no se limita a fantasear con un mundo perfecto e indeterminado, parte de un territorio, una comunidad o una realidad social específica, formula una crítica de los problemas existentes en ese contexto, propone transformaciones posibles o deseables para ese lugar, vincula la esperanza de un futuro distinto con prácticas, instituciones y sujetos reales. Las utopías, aun cuando representen sociedades imaginarias, suelen construirse desde las tensiones de una sociedad concreta y buscan cuestionar o transformar el presente; una sociedad deseable pensada desde un territorio, una comunidad o una circunstancia histórica concreta. Lo contrario a este anhelo sería la 'distopía', la cual es la representación de un lugar o futuro social indeseable.
En este tenor, desde los años de docente activo de la UNELLEZ de quien escribe, hoy docente titular emérito, se ha venido propiciando un debate público en torno a profundizar la misión y visión de la Universidad, en miras a fortalecer sus funciones de docencia. Investigación (Creación Intelectual) y extensión (vinculación socio-comunitaria). Pero hay pesadez para entender el tema; no hay interés y pareciera conformarnos con una situación inicial que se hizo para algo temporal pero que se ha perpetuado en el tiempo como la razón de ser de la UNELLEZ como Universidad rural y agrícola. Nos recuerda cuando llegamos a una casa y montamos espacios temporales, suele ocurrir con la cocina de la casa, en miras a darle la prestancia que merecen esos espacios para cuando tengamos recursos económicos suficientes, y termina por ser un lugar común 'eterno' en nuestras casas. Ese descuido le ha pasado a la Universidad, se planteó como proyecto 'Experimental' y así se ha mantenido, sin hacerse nada para buscar alternativas de superación de ese estándar temporal que nos permita, como si lo hizo la Universidad Simón Bolívar (que al igual que la UNELLEZ nació el 18 de julio de 1967, mediante el Decreto Presidencial N.° 878, firmado por el entonces presidente de la República, Raúl Leoni, como Universidad Experimental, recibiendo el la autonomía plena el 18 de julio de 1995, mediante el Decreto Presidencial N.° 755 firmado por el presidente Rafael Caldera), renacer del régimen de tutela y control directo del Estado, que orienta la figura Experimental, para adquirir la plena capacidad de autogobierno en los ámbitos administrativo, organizativo y académico.
Esta realidad es un asunto que ha sido poco abordado por la comunidad unellista con el interés que pareciera le colocamos una serie de docentes que hemos entendido que la 'autonomía' que tenemos como Universidad no es suficiente, porque es una autonomía de cartulina, de papel bond firmado, no de hecho y acción, que responda a las necesidades de una comunidad académica que quiere crecer y superarse. Por esta razón escribí un nuevo ensayo reflexivo, a ver si como dicen: 'escribe que algo queda'; y en este cincuenta y un Aniversario (Quincuagésimo primer Aniversario) de la UNELLEZ, a celebrarse en el mes de octubre, se logra colocar en el tapete este tema y comenzamos a articularnos al respecto, porque para alcanzar ese régimen de Universidad Nacional Autónoma no es un asunto de autoridades, es un asunto de comunidad académica. Entiéndase que, para lograr un escalafón en una Universidad, cualquiera del mundo moderno, no es suficiente ser Doctor, se necesita demostrar investigación y extensión; se necesita generar nuevo conocimiento y ser competitivos.
Para lograr refundar o convertir la UNELLEZ en una Universidad Nacional en Venezuela, el trámite no depende directamente de la OPSU de forma aislada, sino que se procesa a través del Consejo Nacional de Universidades (CNU) mediante los instructivos técnicos y de planificación de la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU). En la legislación venezolana actual, las universidades «autónomas» tradicionales se rigen por la 'Ley de Universidades' (1970) histórica y tienen un carácter de autonomía plena consagrado jurídicamente, mientras que las nuevas instituciones nacionales o experimentales se crean por decreto del Ejecutivo con aval del CNU.
Partiendo de este interés, el cual no es una aspiración de hoy sino de hace mucho tiempo atrás, hemos escrito el libro 'Muros Adentro, Muros Afuera: la batalla no contada de la Universidad venezolana', historia, tensiones y desafíos de la autonomía universitaria frente al poder, la crisis y la necesidad de futuro (pueden bajar gratuitamente la obra en la siguiente dirección: https://clubdeescritura.com/obra/14897258/14897258/ ; allí podrán valorar la trayectoria de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ), la cual no enfrenta únicamente una crisis de recursos, de infraestructura o de funcionamiento administrativo, sino una disputa más honda por el sentido de su existencia pública, por la dignidad de quienes la sostienen y por su capacidad de convertirse, con madurez histórica, en una Universidad Nacional Autónoma de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNALLEZ).
A lo largo de estas ideas, se busca hacer más comprensible la Universidad muros adentro, donde sus estructuras de acción no constituyen solamente espacios físicos de aulas, laboratorios, bibliotecas y oficinas, sino territorios donde conviven la vocación académica, el cansancio, la solidaridad y una esperanza que se niega a desaparecer.
Asimismo, en estas ideas se ha reconocido que los muros afuera expresan las presiones económicas, políticas, sociales y culturales que condicionan la vida universitaria venezolana. Por lo tanto, la autonomía no se presenta como un premio simbólico ni como un mero cambio de denominación institucional. Se revela, más bien, como una condición para recuperar el autogobierno, proteger la libertad académica, reconstruir la confianza y devolverle al llano una universidad capaz de pensar desde su propia realidad, sin renunciar a su responsabilidad nacional.
La lectura fenomenológica de 'Muros Adentro, Muros Afuera', muestra que la crisis universitaria posee rostros, cuerpos y afectos que ningún informe presupuestario alcanza a expresar por completo. Ellos perciben el deterioro cuando un docente debe multiplicar sus trabajos para sobrevivir, cuando un estudiante calcula el costo del transporte antes de decidir si puede asistir a clases, cuando una biblioteca pierde actualidad o cuando un laboratorio permanece inmóvil por falta de insumos.
Sin embargo, también reconocen que, en medio de esas limitaciones, persisten gestos silenciosos que sostienen la vida académica: la profesora que comparte materiales digitales, el técnico que prolonga la utilidad de un equipo antiguo, el estudiante que continúa investigando aun con conectividad precaria. No obstante, sería éticamente impropio romantizar esa resistencia. La entrega individual no puede reemplazar indefinidamente las obligaciones del Estado ni justificar la precarización de una comunidad que produce conocimiento y forma ciudadanos.
De ahí que esa visual de utopía tópica de la UNALLEZ, debe construirse desde el reconocimiento de esas heridas, pero también desde el deber colectivo de impedir que la supervivencia cotidiana siga ocupando el lugar que corresponde a la planificación universitaria.
La autonomía universitaria, entendida con rigor, articula libertad y responsabilidad; no significa aislamiento frente al Estado ni inmunidad ante el escrutinio público. La UNESCO (1997), como ya se citó, define la autonomía bajo la concepción de un grado de autogobierno que se requiere para que las instituciones de educación superior adopten decisiones eficaces sobre su trabajo académico, sus estándares, su gestión y sus actividades relacionadas, siempre en correspondencia con la rendición de cuentas pública.
En la misma línea, es posible valorar la autonomía como 'la forma institucional de la libertad académica' (UNESCO, 1997, p. 18). Esta precisión resulta decisiva para el caso unellista, porque permite superar dos confusiones frecuentes: la primera consiste en identificar autonomía con privilegio corporativo; la segunda, en imaginar que un decreto de transformación resolvería por sí solo las insuficiencias acumuladas.
Más bien, quienes aspiren a la UNALLEZ deben comprender que la autonomía requiere instituciones transparentes, autoridades legítimas, reglas estables, deliberación plural y una ética administrativa capaz de colocar el interés universitario por encima de las lealtades circunstanciales. El marco constitucional venezolano ofrece una base que no puede ser ignorada ni reducida a una formulación ornamental. El artículo 109 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela reconoce la autonomía universitaria como principio y jerarquía, protege la inviolabilidad del recinto universitario y dispone que las universidades nacionales experimentales alcancen su autonomía conforme a la ley (Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, 1999, art. 109).
Esta disposición contiene una promesa jurídica de enorme relevancia: las instituciones experimentales no están condenadas a una tutela perpetua, pues el propio texto constitucional admite la posibilidad de un tránsito hacia mayores grados de autogobierno. Ahora bien, esa promesa necesita voluntad política, formulación normativa y organización interna. No basta con invocarla en discursos conmemorativos. Ellos deben convertirla en una agenda pública verificable, sustentada en argumentos académicos, estudios jurídicos, propuestas presupuestarias y mecanismos democráticos que evidencien que la futura UNALLEZ no aspira a desprenderse de sus deberes sociales, sino a cumplirlos con mayor libertad, eficiencia y legitimidad.
En consecuencia, la primera vía para hacer posible la UNALLEZ consiste en impulsar una reforma jurídica e institucional cuidadosamente elaborada, capaz de traducir la aspiración autonómica en una propuesta legislativa viable. Sus promotores deben conformar una comisión plural, técnica y representativa, integrada por docentes, estudiantes, trabajadores, egresados, juristas, investigadores, actores comunitarios y especialistas en políticas públicas, cuya tarea sea redactar un proyecto de ley orgánica para la Universidad Nacional Autónoma Experimental de Llanos Occidentales Ezequiel Zamora.
Esa propuesta debe definir con precisión su personalidad jurídica, patrimonio, régimen de gobierno, mecanismos de elección de autoridades, atribuciones académicas, sistema de rendición de cuentas y relación responsable con el Estado. También debe contemplar el tránsito ordenado desde el modelo experimental vigente, evitando vacíos administrativos que puedan afectar la continuidad académica. Una ley orgánica bien construida no es una pieza burocrática fría; es la arquitectura que protege las decisiones colectivas cuando las presiones externas o internas intentan sustituir el debate por la imposición.
La segunda vía exige reconstruir una cultura genuina de cogobierno universitario, porque no existe autonomía real donde las decisiones esenciales se toman a espaldas de la comunidad. La futura UNALLEZ debe asegurar que sus autoridades sean elegidas mediante procedimientos democráticos, transparentes, periódicos y regulados, con participación efectiva de los sectores que conforman la vida universitaria. Asimismo, ellos deben diseñar normas electorales que prevengan la exclusión, el ventajismo, la opacidad y la captura partidista de los órganos de gobierno.
El cogobierno no equivale a una competencia permanente entre grupos rivales; exige, por el contrario, la capacidad de escuchar desacuerdos, procesar conflictos y construir decisiones razonadas. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos sostiene que la autonomía constituye un requisito esencial de la libertad académica y que garantiza decisiones en los ámbitos financiero, organizativo, educativo, científico y de personal (CIDH, 2021). Por consiguiente, la democratización interna de la UNELLEZ no debe esperar a que la autonomía sea reconocida formalmente; debe comenzar ahora, en los espacios donde todavía es posible practicar el diálogo, recuperar la palabra compartida y aprender a gobernar sin excluir.
Una tercera vía supone asegurar condiciones financieras sostenibles, suficientes y auditables, puesto que una autonomía sin financiamiento se convierte en una libertad frágil, solemne en el papel y limitada en la práctica. La UNALLEZ debe defender ante los poderes públicos un presupuesto base que garantice salarios dignos, seguridad social, mantenimiento, conectividad, bibliotecas, laboratorios, investigación, extensión y bienestar estudiantil. Al mismo tiempo, sus autoridades y órganos colegiados deben construir fuentes complementarias de ingresos compatibles con la naturaleza pública de la institución, tales como convenios transparentes con organizaciones productivas, programas de educación continua, servicios técnicos especializados, proyectos de investigación aplicada y alianzas de cooperación nacional e internacional.
No solamente deben buscar recursos; también deben demostrar que saben administrarlos con integridad. Por ello, resulta indispensable crear un sistema público de información presupuestaria, con informes periódicos, contraloría social, auditorías independientes y criterios claros para priorizar necesidades.
La autonomía responsable no teme a la rendición de cuentas; la reclama, porque sabe que la confianza colectiva se construye cuando los recursos se convierten en resultados visibles y no en rumores que erosionan la vida institucional. La cuarta vía se relaciona con la recuperación y dignificación del talento humano, ya que ninguna transformación universitaria puede sostenerse si quienes enseñan, investigan, administran y mantienen los espacios institucionales viven bajo una incertidumbre permanente.
La UNALLEZ necesita un plan de retorno, retención y renovación académica que atienda la pérdida de profesores, investigadores y técnicos, pero que también abra oportunidades para nuevas generaciones formadas en la región o en la diáspora venezolana. Ellos deben promover concursos de oposición transparentes, programas de formación doctoral, relevo generacional, reconocimiento de la productividad académica y condiciones laborales que devuelvan dignidad a la carrera universitaria. Asimismo, deben comprender que la estabilidad no significa inmovilidad: una institución autónoma requiere evaluación periódica, acompañamiento pedagógico, actualización profesional y estímulos para la innovación.
La UNESCO reconoce que la libertad académica comprende la enseñanza, la investigación, la difusión y publicación de resultados, así como la posibilidad de expresar opiniones sobre la institución o el sistema donde se trabaja sin censura institucional (UNESCO, 1997). En consecuencia, cuidar a quienes sostienen el conocimiento significa proteger las condiciones humanas bajo las cuales la universidad puede existir de verdad.
La quinta vía demanda una transformación académica que recupere el sentido original de la experimentalidad, pero sin confundir innovación con improvisación. La UNALLEZ debe revisar sus programas de formación, sus líneas de investigación y sus modalidades pedagógicas a partir de las necesidades concretas de los llanos occidentales, donde convergen desafíos agroalimentarios, ambientales, educativos, sanitarios, jurídicos, tecnológicos y culturales. Aunque la universidad conserva una vocación regional, esta no debe encerrarla en un provincialismo resignado; al contrario, debe permitirles producir conocimiento situado, pertinente y capaz de dialogar con redes nacionales e internacionales. Por ejemplo, un programa de investigación sobre producción agroecológica, manejo del agua, salud rural o educación digital en comunidades apartadas puede integrar saberes científicos, experiencias campesinas, tecnología apropiada y formación estudiantil.
De ahí que la renovación curricular deba sostenerse en diagnósticos territoriales, participación comunitaria, evaluación de resultados y libertad de cátedra, no en decisiones administrativas aisladas ni en reformas apresuradas que se anuncian con entusiasmo y luego se abandonan.
La sexta vía consiste en reconstruir una política robusta de investigación, innovación y circulación del conocimiento, porque una universidad que no investiga termina dependiendo de interpretaciones ajenas sobre los problemas que debería ayudar a comprender y resolver. La futura UNALLEZ debe proteger sus grupos y semilleros de investigación, actualizar sus normas éticas, fortalecer repositorios institucionales de acceso abierto y crear mecanismos de financiamiento competitivo que valoren tanto la producción científica convencional como los estudios interdisciplinarios y las investigaciones vinculadas con las comunidades. Asimismo, ellos deben promover la publicación rigurosa en revistas arbitradas, la cooperación con otras universidades y la formación de estudiantes en metodologías cuantitativas, cualitativas, críticas y transdisciplinarias.
La verdad es que la investigación no puede limitarse a cumplir requisitos de ascenso ni a producir documentos que duermen en archivos institucionales. Debe dialogar con los problemas vivos del territorio. En la misma línea, la producción de conocimiento debe estar libre de presiones doctrinarias, pues una universidad autónoma necesita que sus investigadores puedan formular preguntas incómodas, contrastar evidencias y comunicar hallazgos sin temor a represalias o descalificaciones políticas.
La séptima vía implica devolver a la extensión universitaria su carácter estratégico, superando la idea de que constituye una actividad complementaria o decorativa. La UNALLEZ debe salir de sus muros con humildad intelectual y con una presencia organizada en las comunidades llaneras, no para imponer respuestas, sino para construirlas en diálogo con productores, campesinos, pueblos indígenas, escuelas, organizaciones sociales, alcaldías, emprendimientos locales y colectivos culturales.
También debe fortalecer iniciativas de asesoría jurídica gratuita, acompañamiento a proyectos productivos, formación docente, atención sanitaria comunitaria, promoción ambiental, patrimonio cultural y alfabetización digital. La universidad recupera legitimidad cuando su gente percibe que el conocimiento producido en sus aulas mejora, aunque sea de forma gradual, la vida cotidiana de la región. Por otra parte, la vinculación territorial permite que la demanda por autonomía deje de parecer un asunto exclusivo de los universitarios y se convierta en una causa socialmente reconocida.
Una UNALLEZ que acompaña al llano en sus dificultades, que escucha antes de intervenir y que muestra resultados concretos, dispone de una voz pública más fuerte para defender su transformación institucional. La octava vía exige recuperar la memoria histórica e institucional, pues una comunidad que desconoce sus luchas, sus logros y sus errores queda expuesta a repetir ciclos de frustración. La UNELLEZ debe crear un programa permanente de memoria universitaria que reúna archivos, testimonios orales, fotografías, documentos fundacionales, investigaciones, publicaciones, experiencias de extensión y relatos de quienes han vivido sus distintas etapas. Ellos no deben convertir esa memoria en propaganda ni en una nostalgia inmóvil. Deben usarla, a todas estas, como una herramienta de aprendizaje crítico, capaz de reconocer los aportes de las generaciones fundadoras, las iniciativas valiosas, las decisiones fallidas y las heridas que todavía esperan reparación.
Asimismo, un archivo vivo puede servir para que los estudiantes comprendan que pertenecen a una institución con una historia mayor que las coyunturas presentes. Cuando un joven conoce que su universidad nació para acercar el saber a las necesidades del llano, comprende que la autonomía no consiste en alejarse de la sociedad, sino en contar con la capacidad de responderle con conocimiento, sensibilidad y responsabilidad.
La novena vía debe orientarse a construir un gran acuerdo universitario y territorial por la autonomía, porque la dispersión de esfuerzos ha permitido que muchas demandas legítimas pierdan continuidad con el paso del tiempo. Ellos necesitan formular una agenda mínima que reúna a los distintos sectores alrededor de principios no negociables: autonomía con responsabilidad, democracia interna, libertad académica, dignidad laboral, financiamiento suficiente, transparencia administrativa, pertinencia regional y defensa de la educación pública.
Un acuerdo de esta naturaleza no exige que todos piensen igual. Exige, más bien, que acepten unas reglas de convivencia para que la diferencia política no destruya la posibilidad de colaborar. A todas estas, la polarización no puede continuar ocupando el lugar del argumento. La institución debe abrir foros, asambleas, mesas de trabajo, debates públicos y consultas territoriales donde cada propuesta se someta a evidencia, crítica y evaluación. Así, la autonomía dejará de ser una consigna pronunciada en momentos de crisis y se transformará en una hoja de ruta común, con metas, responsables, plazos y mecanismos de seguimiento que permitan medir avances reales.
La décima vía requiere una estrategia de incidencia pública, jurídica y comunicacional que sitúe la transformación de la UNELLEZ en la conversación nacional sobre educación superior, democracia y desarrollo regional. Quienes defiendan la creación de la UNALLEZ deben elaborar documentos técnicos, informes de diagnóstico, propuestas legislativas, artículos académicos, piezas audiovisuales, foros ciudadanos y campañas informativas que expliquen, con lenguaje claro, qué se solicita, por qué se solicita y cómo se garantizará el interés público.
No obstante, esta estrategia debe evitar el triunfalismo y la simplificación. No se trata de prometer que la autonomía resolverá cada problema, sino de explicar que ofrece un marco de autogobierno necesario para que la comunidad pueda afrontar los problemas con mayor legitimidad, continuidad y capacidad de decisión. La experiencia interamericana reconoce que la autonomía protege la producción y difusión del conocimiento y constituye un pilar para el ejercicio de la docencia, la investigación y la extensión en entornos pluralistas y democráticos (CIDH, 2021). Por lo tanto, hacer visible la causa de la UNALLEZ también significa enseñar a la sociedad por qué una universidad libre fortalece, y no debilita, a la República.
La undécima vía se refiere a la consolidación de una ética institucional que impida que la autonomía futura reproduzca, bajo nuevos nombres, las prácticas que han debilitado a la universidad. Ser autónoma no autoriza a la institución a cerrarse sobre sí misma, a tolerar nepotismo, a silenciar disidencias o a administrar recursos sin controles. En cambio, exige un compromiso aún mayor con la transparencia, la igualdad de oportunidades, la integridad académica, la inclusión y el respeto por la diversidad de ideas.
Ellos deben establecer códigos de ética aplicables, procedimientos imparciales para atender conflictos, sistemas de prevención de corrupción, protección efectiva para denunciantes y mecanismos de evaluación de las autoridades. Asimismo, la formación ética debe incorporarse a la vida cotidiana, no como una asignatura aislada, sino como una práctica visible en la administración, la docencia, la investigación y la relación con las comunidades. La autonomía que se busca debe ser democrática y moralmente exigente. De otro modo, corre el riesgo de convertirse en un simple traslado de poder desde una tutela externa hacia élites internas, y esa no sería una conquista universitaria, sino una decepción más difícil de reparar.
La duodécima vía plantea la necesidad de vincular la autonomía con un proyecto de desarrollo regional sostenible, porque el nombre Ezequiel Zamora convoca una memoria de justicia social, territorialidad y dignificación de quienes trabajan la tierra. La UNALLEZ debe ser una universidad nacional por su proyección y por sus responsabilidades, pero llanera (entiéndase rural y agrícola) por su sensibilidad, por sus prioridades y por su diálogo con el territorio. Ellos deben fortalecer programas en agricultura sostenible, producción animal, gestión del agua, energías alternativas, biodiversidad, educación rural, salud comunitaria, derecho agrario, tecnologías digitales y cultura llanera, integrando la investigación con la formación profesional y la acción social.
En consecuencia, el desarrollo no debe entenderse solo como crecimiento económico, sino como ampliación de capacidades humanas, protección ambiental, justicia territorial y fortalecimiento de la vida comunitaria. Una universidad que investiga la sequía, acompaña a los productores, protege el patrimonio cultural y forma profesionales comprometidos con su región no se encierra en los muros de su campus; convierte cada aula en una posibilidad concreta de futuro.
La decimotercera vía demanda construir redes de cooperación con universidades autónomas venezolanas, instituciones experimentales, organizaciones internacionales, centros de investigación, gremios profesionales y comunidades académicas de la diáspora. La UNALLEZ no debe emprender su tránsito en soledad. Ellos pueden aprender de experiencias de cogobierno, planificación estratégica, gestión de fondos, acreditación académica, educación híbrida, internacionalización y vinculación comunitaria desarrolladas por otras instituciones. Asimismo, la cooperación puede abrir oportunidades de formación doctoral, cotutelas, proyectos conjuntos, movilidad académica, acceso compartido a bibliotecas digitales y publicaciones colaborativas. Aunque cada universidad posee una historia y un marco jurídico particular, el diálogo comparado permite identificar errores que conviene evitar y prácticas que pueden adaptarse al contexto llanero.
También permite recordar que la autonomía no es autarquía. Una universidad libre no se aísla; se relaciona de manera más digna y más creativa con el país y con el mundo, porque cuenta con la capacidad institucional para decidir con quién coopera, para qué coopera y bajo qué principios resguarda su misión pública.
Finalmente, este esfuerzo heurístico concluye que la posibilidad de una Universidad Nacional Autónoma Experimental de Llanos Occidentales Ezequiel Zamora no depende de una ilusión pasajera ni de una nostalgia por un pasado idealizado; depende de una tarea histórica concreta, paciente y colectiva, en la que sus integrantes deben transformar la queja dispersa en organización, el dolor acumulado en memoria crítica y la esperanza en un programa institucional verificable.
La autonomía será real cuando el profesorado, el estudiantado, el personal administrativo y obrero, los egresados y las comunidades que hacen vida en la experiencia unellista, se reconozcan como corresponsables de una universidad que no les pertenece como propiedad, sino como compromiso público.
A pesar de las dificultades, la UNELLEZ conserva una reserva moral en quienes continúan enseñando, aprendiendo, investigando y sirviendo incluso cuando las condiciones parecen negarles el derecho a hacerlo. Esa persistencia no basta por sí sola, pero importa profundamente. De ahí que la UNALLEZ pueda ser posible si ellos convierten esa resistencia dispersa en una voluntad democrática, jurídicamente fundada, éticamente vigilante y afectivamente vinculada con el destino de la territorialidad donde hace vida en Venezuela.
Sea pues esta obra y todo lo que de ella se pueda comentar y ampliar en los debates académicos de 'La Universidad que Siembra', el mejor regalo en este nuevo Aniversario de parte de personalidades que han dejado un legado en esta búsqueda, valga resaltar el esfuerzo de un Dr. Alberto Quintero (hoy Director del IVIC), un Dr. Pedro Grima (hoy aspirante al Rectorado de la ULA), de un Dr. José Fleitas (docente activo, con las banderas de APUNELLEZ siempre activas); hay voluntad, pero lo que se necesita es la suma de 'voluntades' para crecer como espacio de desarrollo y transformación social para Venezuela.
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