JO

Josep Sala I Cullell

Orriols en el 'New York Times'

Image
Como hago cada día, el sábado 29 de agosto me dediqué a hojear el New York Times —bueno, a navegar por la app—. Normalmente evito la sección de opinión porque tienen una colección de cantamañanas bastante importante, pero me llamó la atención una columna titulada "Su movimiento solía luchar contra el fascismo. Ahora lucha contra la globalización". Cuando entré, me sorprendió que la fotografía mostrara una parada de Aliança Catalana con una senyera, una estelada, un rompecabezas del 1714 y material de propaganda con la cara de Sílvia Orriols. Los medios anglosajones siempre han tenido una visión hostil contra el independentismo, porque todos los corresponsales viven en Madrid y siguen la línea editorial de El País . En cambio, el autor de la pieza del New York Times , Christopher Caldwell, es un colaborador especializado en Francia, y elige la opción de leernos desde George Orwell: "El nacionalismo catalán ha sido de izquierdas, opuesto al autoritarismo y asociado a las élites cosmopolitas de Barcelona". Una visión del país que, no hace falta decirlo, no liga con el mundo que nos intenta vender la izquierda rentista que toma cervezas en la vila de Gràcia, y que cree que tener un apellido catalán te convierte automáticamente en un burgués explotador. Caldwell retrata el miedo y la furia de muchos catalanes por el descenso del nivel de vida y la caída de la lengua, y lo liga con el ascenso de Orriols y la reacción después de los atentados del 2017. Cuando el autor pregunta a la alcaldesa cuál es el motivo de su éxito, ella contesta que "hemos abandonado la corrección política que nos impusieron y hemos adoptado el lenguaje del pueblo". Ahora bien, Caldwell también escribe esto: "las políticas de inmigración son responsabilidad de Madrid, y Orriols ha declarado que su partido no tiene ningún interés por participar en el Gobierno. Así pues, sin la independencia su postura antiinmigración de línea dura no es más que palabrería". Después de leer el artículo, consideré que era un documento bastante interesante, y decidí colgarlo en la red que todavía llamamos Twitter. Después de escribir que habían entrevistado a Orriols en el New York Times , reconozco que elegí una frase del texto un poco provocadora: "Aparte de su actitud hacia la migración, las opiniones de la señora Orriols no son particularmente conservadoras". Lo que no me esperaba fueron las reacciones que vinieron. Hay que dar voz a Sílvia Orriols en los medios, porque solo así se puede mostrar su inconsistencia ideológica La primera, y más sorprendente, fue negar que el diario hubiera publicado ninguna entrevista con la líder de Aliança Catalana, y decir que yo había mentido. La pieza incluye declaraciones de la alcaldesa entre comillas, y la frase literal "dijo cuando la entrevisté en el Ayuntamiento de Ripoll en junio". La otra reacción fue proclamar que Caldwell es un monstruo racista de tradición MAGA-trumpista, y que el artículo es una conspiración pagada por los conservadores americanos para ensalzar a Orriols. La respuesta aquí es clara: ¿y el New York Times , un medio de izquierdas alineado con el Partido Demócrata, permite todo esto? Solo hay que clicar sobre el nombre de Christopher Caldwell para ver que escribe regularmente —tres o cuatro columnas al año— desde el 15 de junio de 2001. Naturalmente, enseguida salieron los justicieros a decir que si enlacé la pieza es porque soy de Aliança, porque en Catalunya todo el mundo tiene que tener colgada una etiqueta. Siempre he defendido que hay que dar voz a Sílvia Orriols en los medios, porque solo así se puede mostrar su inconsistencia ideológica. Fijaos qué pasó cuando a Jordi Aragonès, el candidato a la alcaldía de Barcelona, lo entrevistaron en el ABC y soltó aquello de que "no nos tenemos que enfrentar catalanes y castellanos, el enemigo común es el califato". También querría que alguien de Aliança me explicara el programa electoral de las últimas elecciones, porque presenta un modelo económico —mucho más turismo, grandes eventos— que requiere la entrada de más mano de obra barata extranjera. Esto quizás explica por qué se centran en los musulmanes y nunca hablan de los latinoamericanos, que son el 50 % de los nacidos en otro Estado. Ante los retos evidentes que tiene Catalunya, y que todo el mundo percibe cada día en la calle, la solución de nuestras élites politicomediáticas es imponer el silencio, porque ante una realidad incómoda lo mejor es proclamar que no existe. Y si alguien alza la voz, se lo acusa de alimentar a la extrema derecha y listo. Lo hemos visto estos días con el trágico apuñalamiento de Manresa, en el que se ha activado el mismo protocolo que hace cuatro meses en Esplugues: arrinconar la noticia, quitarle el contexto y desviar el discurso hacia los racistas que dicen que llenan las redes. Así los políticos se pueden dedicar a regañar a la población como hizo la consellera Parlon, y algunos periodistas pueden exclamar, desde una fuerte pulsión totalitaria, que todo aquello que no les gusta es fascista. Yo en estos casos siempre recuerdo una entrevista que le hicieron al socialista Àngel Ros cuando era paer en cap (alcalde) de Lleida. Dijo que los ciudadanos siempre entenderán que quieras resolver un problema y no te salga, pero que no te perdonarán nunca que niegues que el problema existe. Este camino es el que han elegido nuestros insignes moralistas, y cada vez que hablan, el saco de votos de Aliança engorda.
Orriols en el 'New York Times'
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.